La noche tensa los hilos de las flacas marionetas que caminan despatarradas por la mente Buenos Aires abre las piernas entre sus rotos vestidos mientras los fantasmas cruzan los límites de las sombras Es hoy, quizá sea hoy, cuando la luna generala cierre fluctuante los cuarteles de la primavera otoñal. Tal vez sea hoy, cuando explote la savia de los tallos y las flores se estremezcan entre cantos y gemidos. Pero ya ves, todo sabe a vasta hipocresía en ésta estancia efímera donde moran los buitres y colapsa sin barreras el tic tac de los relojes. Ni Buenos Aires ni la noche, ni la primavera otoñal, Ni la savia de los tallos, ni el gemido de las flores ¡Nada! Solo la nada vestida de ausencia en un eco de trenes que conducen al averno. Ni ser ni no ser, ni existir ni dejar de hacerlo ¿Cuándo quepa en la oquedad de la nostalgia? ¿Dónde se fabrican los destellos de la risa? Filosofías de cuerdas flojas rodean las palabras Un vaso de optimismo ajeno y una copa de vino Da lo mismo una ranchera que un tango Un vals peruano que una chacarera El mundo es uno solo cuando uno solo es mucho demasiado para contener un cuerpo y una mente rebasados por los contornos del caos en la anatomía escueta de un osario humano. ¡Venid, venid a mí! Caucásico prisma de la indolente noche que un rostro diferente me mira con ojos distintos y la vida se ha hecho añicos entre las cien puertas de éste laberinto oscuro donde solo se observa los ojos de un niño, acunando triste, mi alma de poeta.- WALTER FAILA
Tu cuerpo está a mi lado Tu cuerpo está a mi lado
Fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
Con los ojos cerrados
Y yo te miro y fumo
Y acaricio tu pelo, enamorado.
Esta mortal ternura con que callo
Te está abrazando a ti mientras yo tengo
Inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
En que descansa tu cansancio,
Tu blando seno oculto y apretado
Y el bajo y suave respirar de tu vientre
Sin mis labios.
Te digo a media voz
Cosas que invento a cada rato
Y me pongo de veras triste y solo
Y te beso como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras
Y te aprietas a mí y haces tu llanto
Sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
Se ponen a escuchar lo que no hablamos
¿que se hicieron en la vida?
Responde, Miseria Humana.
Calavera a quien feliz,
besa la luna de plata,
¿porque te encuentras ñata,
si era larga tu nariz?
¿Dónde está la masa gris,
de tu cerebro pensante?
donde en bello semblante,
y mejilla sonrojada,
a veces en noche helada,
quiso robarse un amante.
Aquí donde todo es calma,
contesta, cráneo vacío,
¿que se hizo tu poderío,
y el placer de tu alma?
¿Qué fue de tu aurina palma,
que te dio el amor un dia,
tu altivez, tu bisarria,
tus sonrisas que mintieron
dime – dime que se hicieron?
Oh, calavera sombría
A mis interrogaciones
el cráneo blanco callaba,
mientras la luna alumbraba
sarcófagos y panteones
Y dije sin aflicciones,
si eres el cráneo de aquélla
que en la vida sin querella
me despreció con desdén,
despréciame ahora también,
eclipsa otra vez mi estrella
Aquí en esta soledad,
donde solo cruza el cocuyo,
¿qué se hizo tu orgullo,
tu amor y tu vanidad?
¿Que se hizo tu potestad,
de persona soberana,
tan débil y tan galana?
Responde, Miseria Humana
Y de pronto dijo la calavera:
Vanidad de vanidades
solamente son tus galas,
Oh, mariposa sin alas,
llorad a tus liviandades
Las éticas realidades,
realidades que te circundan,
con profundo marasmo,
donde infecundo es el amor,
aquí es donde terminan
las vanidades del mundo
Aquí en este Camposanto
se terminan los amores,
el poderío y el encanto,
las alegrías y los dolores,
secan los ojos el llanto,
y el mundo vivo suspira
Aquí no llega la ira,
de la muchedumbre inquieta,
aquí se termina el poeta,
y se enmudece la lira
En este mundo idealista,
de egoísmo y de censura,
tan sólo la sepultura,
es la que no es egoísta
Ella recibe humanista,
al santo y al condenado,
al pobre, al acaudalado,
al perverso, al bueno,
al caco y al honrado,
al bruto y al ilustrado
Al rodad el ataúd,
y abrirse la sepultura,
se igualan en linea oscura,
el crimen y la virtud
Y en eterna laxitud
queda todo movimiento
lanza quejidos el viento,
y la soledad aterra,
y ruedan sobre la tierra
cráneos sin pensamiento
Aquí en este Camposanto,
termina del vate el canto,
del músico su sonido,
y el cerebro se consume
Aquí quedó el sofoco,
y sólo queda el recuerdo,
aquí tanto vale un cuerdo
como lo que vale un loco.
Todo corazón se aterra
al llegar a esta Mansión,
viendo cavar el cajón,
que se comerá la tierra
Cuando una tumba se cierra,
el alma gime asustada,
y esta humana bandada,
que a otros vienen a enterrar,
mañana en este lugar,
serán polvo y serán nada
En esta Mansión Glacial,
donde el fatuo refleja,
se pudre la carne vieja,
como la carne jovial,
Aquí el necio se hace igual
al urbano de ilustrada
sociedad civilizada
y aquí la Diosa Riqueza,
es igual a la pobreza,
todo aquí es polvo y es nada
Y decía la calavera:
Aquí en este erial,
donde sucumbir es ley,
el esqueleto de un Rey,
al de un esclavo es igual
Aquí con este toque funeral,
de la sonora campana,
queda la cabeza cana,
como la de un negro pelo,
y ñata donde recelosa,
es la Calavera Humana
Tan sólo el dolor es fuerte,
la vida es vano capullo,
yo vi acobardarse mi orgullo,
bajo el peso de la muerte
Llorar en estos desiertos,
es una cosa muy vaga,
porque el llanto nada paga,
ni resucita a los muertos
Que de paños recubiertos,
está la loza fría,
aquí en un tétrico día,
cae el que peca y el que no peca,
así haciendo horrible mueca,
la calavera decía
Aqui esta la gran verdad,
que sobre el orgullo pesa,
aquí la gentil belleza,
es igual a la fealdad
Aquí acaba la maldad,
y acaba también la bondad
apreciada aquí la mujer casada,
es igual a la soltera,
me decía la calavera,
con su voz apagada
Como la primera estrella,
o la flor del Tulipán,
a quien las auroras dan,
el rocío que se delie,
Aquí el que de mi se ríe,
de el mañana se reirán
Yo escuché aquella cosa
y todo lleno de espanto
salí de aquel Camposanto
como veloz mariposa
La luna pura y radiosa
vertía su lumbre fugaz
y la calavera audaz
dijo al mirarme correr
“Aquí tienes que volver,
y calavera serás”
Ante razón tan sentida,
sentí por el cuerpo mío
un extraño escalofrío
casi perdiendo la vida
Llegué a mi celda cristiana
meditando que mañana,
por firme ley de la parca
debo habitar la comarca
de la Gran Miseria Humana.
GABRIEL ESCORCIA GRAVINI
Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos:
quiero la luz y el trigo de tus manos amadas
pasar una vez más sobre mí su frescura:
sentir la suavidad que cambió mi destino.
Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero,
quiero que tus oídos sigan oyendo el viento,
que huelas el aroma del mar que amamos juntos
y que sigas pisando la arena que pisamos.
Quiero que lo que amo siga vivo
y a ti te amé y canté sobre todas las cosas,
por eso sigue tú floreciendo, florida,
para que alcances todo lo que mi amor te ordena,
para que se pasee mi sombra por tu pelo,
para que así conozcan la razón de mi canto.
Escúchenlos eran realmente fantásticos es lamentable que no se les conociera mucho pero creo que si dejaron cosas como estas para el mundo , el mundo les debe su atención disfrútenlo. Besotes
Mario H. Russo declamando Sembrando de Marcos Rafael Blanco Belmonte
2 de Marzo, 2011, 8:55
Autor: MARCO RAFAEL BLANCO BELMONTE Nacido en Córdoba en 1871 en la Calle Cardenal Herrero. Murió a mediados de noviembre de 1936.Lápida en la casa natal de Blanco BelmonteFue redactor de la Revista Meridional y redactor-jefe y director literario del diario La Unión, dándose a conocer desde muy joven como notable poeta y alcanzando como tal varios premios de honor y primeros premios en los Juegos Florales y certámenes literarios celebrados en Sevilla, Cádiz, Málaga, Córdoba, Valladolid, Almería y otras capitales.Al trasladarse a Madrid ingresó en la redacción de La Ilustración Española y Americana. Desde 1906 dirige La vida en el hogar, que semanalmente publica El Imparcial; siendo colaborador asiduo de los principales periódicos de España y América y redactor-corresponsal de El Tiempo de la Habana.
De aquel rincón bañado por los fulgores del sol que nuestro cielo triunfante llena; de la florida tierra donde entre flores se deslizó mi infancia dulce y serena; envuelto en los recuerdos de mi pasado, borroso cual lo lejos del horizonte, guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado, del sembrador más raro que hubo en el monte.
Aún no se si era sabio, loco o prudente aquel hombre que humilde traje vestía; sólo sé que al mirarle toda la gente con profundo respeto se descubría. Y es que acaso su gesto severo y noble a todos asombraba por lo arrogante: ¡hasta los leñadores mirando al roble sienten las majestades de lo gigante!
Una tarde de otoño subí a la sierra y al sembrador, sembrando, miré risueño; ¡desde que existen hombres sobre la tierra nunca se ha trabajado con tanto empeño! Quise saber, curioso, lo que el demente sembraba en la montaña sola y bravía; el infeliz oyóme benignamente y me dijo con honda melancolía: —Siembro robles y pinos y sicomoros; quiero llenar de frondas esta ladera, quiero que otros disfruten de los tesoros que darán estas plantas cuando yo muera.
—¿Por qué tantos afanes en la jornada sin buscar recompensa?— dije. Y el loco murmuró, con las manos sobre la azada: —«Acaso tú imagines que me equivoco; acaso, por ser niño, te asombre mucho el soberano impulso que mi alma enciende; por los que no trabajan, trabajo y lucho; si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende!
»Hoy es el egoísmo torpe maestro a quien rendimos culto de varios modos: si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro. ¡Nunca al cielo pedimos pan para todos! En la propia miseria los ojos fijos, buscamos las riquezas que nos convienen y todo lo arrostramos por nuestros hijos. ¿Es que los demás padres hijos no tienen?... Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre y, en las guerras brutales con sed de robo, hay siempre un fratricida dentro del hombre, y el hombre para el hombre siempre es un lobo.
»Por eso cuando al mundo, triste, contemplo, yo me afano y me impongo ruda tarea y sé que vale mucho mi pobre ejemplo aunque pobre y humilde parezca y sea. ¡Hay que luchar por todos los que no luchan! ¡Hay que pedir por todos los que no imploran! ¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan! ¡Hay que llorar por todos los que no lloran! Hay que ser cual abejas que en la colmena fabrican para todos dulces panales. Hay que ser como el agua que va serena brindando al mundo entero frescos raudales. Hay que imitar al viento, que siembra flores lo mismo en la montaña que en la llanura, y hay que vivir la vida sembrando amores, con la vista y el alma siempre en la altura».
Dijo el loco, y con noble melancolía por las breñas del monte siguió trepando, y al perderse en las sombras, aún repetía: —«¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!...»
En el balcón romántico de un castillo adormido que los ojos suspensos de la noche adiamantan, una figura blanca hasta la luz… Erguido bajo el balcón romántico del castillo adormido, un cuerpo tenebroso… Alternándose cantan.
-¡Oh tú, flor augural de una estirpe suprema que doblará los pétalos sensitivos del alma, nata de azules sangres, aurisolar diadema florecida en las sienes de la Raza!… Suprema- Mente pulso en la noche tu corazón en calma!
-¡Oh tú que surges pálido de un gran fondo de enigma como el retrato incógnito de una tela remota!… Tu sello puede ser un blasón ó un estigma; en las aguas cambiantes de tus ojos de enigma un corazón herido -y acaso muerto- flota!
-Los ojos son la Carne y son el Alma: mira! Yo soy la Aristocracia lívida del Dolor que forja los puñales, las cruces y las liras, que en las llagas sonríe y en los labios suspira… Satán pudiera ser mi semilla ó mi flor!
Soy fruto de aspereza y maldición: yo amargo y mancho mortalmente el labio que me toca; mi beso es flor sombría de un Otoño muy largo… Exprimido en tus labios dará un sabor amargo, y todo el Mal del Mundo florecerá en tu boca!
Bajo la aurora fúlgida de tu ilusión, mi vida extenderá las ruinas de un apagado Averno; vengo como el vampiro de una noche aterida a embriagarme en tu sangre nueva: llego á tu vida derramada en capullos, como un ceñudo Invierno!
-!Cómo en pétalos flojos yo desmayo á tu hechizo!… Traga siniestro buitre mi pobre corazón! En tus manos mi espíritu es dúctil como un rizo… El corazón me lleva á tu siniestro hechizo como el barco inconsciente el ala del timón!
Comulga con mi cuerpo devoradora sima! Mi alma clavo en tu alma como una estrella de oro; florecerá tu frente como una tierra opima, cuando en tu almohada trágica y honda como una sima, mis rizos se derramen como una fuente de oro!
-Mi alma es negra tumba, fría como la Nieve… -Buscaré una rendija para filtrarme en luz ! -Albo lirio !… A tocarte ni mi sombra se atreve… -Te abro; ¡ oh mancha de lodo ! mi gran cáliz de nieve y tiendo á ti eucarísticos mis brazos, negra cruz!
Enróscate; ¡oh serpiente caída de mi Estrella sombría! a mi ardoroso tronco primaveral… Yo apagaré tu Noche ó me incrustaré en ella: seré en tus cielos negros el fanal de una estrella seré en tus mares turbios la estrella de un fanal!
Sé mi bien ó mi mal, yo viviré en tu vida! Yo enlazo á tus espinas mi hiedra de Ilusión… Seré en ti una paloma que en una ruina anida; soy blanca, y dulce, y leve; llévame por la Vida prendida como un lirio sobre tu corazón!
-Oh dulce, dulce lirio!… Llave de las alburas! Tú has abierto la sala blanca en mi alma sombría, la sala en que silentes las Ilusiones puras en dorados sitiales, tejen mallas de alburas!… -Tu alma se vuelve blanca porque va siendo mía!
-Oh leyes de Milagro!… yo, hijo de la sombra Morder tu carne rubia: oh fruto de los soles! -Soy tuya fatalmente: mi silencio te nombra, y si la tocas tiembla como un alma mi sombra!… Oh maga flor del Oro brotada en mis crisoles!
-Los surcos azurados del Ensueño sembremos de alguna palpitante simiente inconcebida que arda en florecimientos imprevistos y extremos; y al amparo inefable de los cielos sembremos de besos extrahumanos las cumbres de la Vida!
Amor es milagroso, invencible y eterno; la vida formidable florece entre sus labios… Raiz nutrida en la entraña del Cielo y del Averno, viene á dar á la tierra el fuerte fruto eterno cuyo sangriento zumo se bebe á cuatro labios!
Amor es todo el Bien y todo el Mal, el Cielo todo es la arcada ardiente de sus alas cernidas… Bajar de un plinto vano es remontar el vuelo… Y Él te impulsa á mis brazos abiertos como el Cielo, oh suma flor con alma, á deshojar en vidas!…
En el balcón romántico de un castillo adormido que los ojos suspensos en la Noche adiamantan, el Silencio y la Sombra se acarician sin ruido… Bajo el balcón romántico del castillo adormido un fuerte claro-oscuro y dos voces que cantan…
Delmira Agustini (1886-1914)
Amor sin Descanso. Johann Wolfgang Von Goethe (1749-1832)
¡A través de la lluvia, de la nieve, A través de la tempestad voy! Entre las cuevas centelleantes, Sobre las brumosas olas voy, ¡Siempre adelante, siempre! La paz, el descanso, han volado.
Rápido entre la tristeza Deseo ser masacrado, Que toda la simpleza Sostenida en la vida Sea la adicción de un anhelo, Donde el corazón siente por el corazón, Pareciendo que ambos arden, Pareciendo que ambos sienten.
¿Cómo voy a volar? ¡Vanos fueron todos los enfrentamientos! Brillante corona de la vida, Turbulenta dicha… ¡Amor, tu eres esto!
La Caricia Perdida. Alfonsina Storni.
Se me va de los dedos la caricia sin causa, se me va de los dedos… En el viento, al pasar, la caricia que vaga sin destino ni objeto, la caricia perdida ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con piedad infinita, pude amar al primero que acertara a llegar. Nadie llega. Están solos los floridos senderos. La caricia perdida, rodará… rodará…
Si en los ojos te besan esta noche, viajero, si estremece las ramas un dulce suspirar, si te oprime los dedos una mano pequeña que te toma y te deja, que te logra y se va.
Si no ves esa mano, ni esa boca que besa, si es el aire quien teje la ilusión de besar, oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos, en el viento fundida, ¿me reconocerás?
CANSANCIO
Cansado. ¡Sí! Cansado de usar un solo bazo, dos labios, veinte dedos, no sé cuántas palabras, no sé cuántos recuerdos, grisáceos, fragmentarios.
Cansado, muy cansado de este frío esqueleto, tan púdico, tan casto, que cuando se desnude no sabrá si es el mismo que usé mientras vivía.
Cansado. ¡Sí! Cansado por carecer de antenas, de un ojo en cada omóplato y de una cola autentica, alegre desatada, y no este rabo hipócrita, degenerado, enano.
Cansado, sobre todo, de estar siempre conmigo, de hallarme cada día, cuando termina el sueño, allí, donde me encuentre, con las mismas narices y con las mismas piernas; como si no deseara esperar la rompiente con un cutis de playa, ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia, acariciar la tierra con un vientre de oruga, y vivir, unos meses, adentro de una piedra. Oliverio Girondo http://www.taringa.net/posts/arte/1305526/poemas-de-oliverio-girondo-y-fragmentos-de-artaud.html
AMOR SALVAJE
¡Ah, qué nidada de caricias salvajes descubrí! Guardadas en tu bosque, desde el alba del mundo, esperaban la mano que llegara a arrancarlas, la mirada que las volcara sobre tus venas todas, el temblor que iniciara tu espasmo y tu locura. Vaivén en tus pupilas despertadas, ojos que danzan al ritmo de los hombros, larga piel en su raíz estremecida, la ansiosa estalactita del deseo, caracol que se incrusta en las orejas; tus ojos súbitos, terribles. ¡Ah tus ojos! Y locura, embeleso y más locura. Pantera que se escapa, cervatilla rendida, la sierpe envolvente de tus brazos, abrazo de mil lianas zapadoras, largo césped donde los senos nacen, ensenada candente de los muslos, playa con la blanca tersura de tu vientre. Y locura, ternura y más locura. Cadencia resonante de músicas selváticas, tambor noctambulario suena sobre tu espalda, la flauta imperceptible del suspiro, largos gemidos de destrozados labios, y el grito sempiterno, tan guardado, al fin la noche rompe en agudos pedazos. Y locura, cadencia y más locura. Cavernas, grutas, lagos, musgos leves; hongos colgantes, zarzas en tu boca; frutos ignotos, zumos descubiertos; mieses en la alborada, sed que ya se apaga; venas que se rebelan, sangre libertada; yegua ululante, jinete que espolea. Y locura, locura y más locura. ¡Ah qué nidada de caricias salvajes descubrí! ¡Y qué voces intactas en tus prístinos fondos! ¡Y qué flores que se abren al tacto de mis manosl Salvaje mía: ¡ámame así, envuélveme en tu brumal ¡Y bebamos del manantial de esta locura primitiva!
DELIRANDO Episodio en un solo acto, inspirado en el poema "El llanto del payaso" de Jem Wong. Divertimento con títeres, máscaras, actores... compuesto de: Prólogo, I cuadro Deliranza, II cuadro Delirante, III cuadro Delirio, IV cuadro Delirando y Epílogo.
Escuchar esto: Los payasos de narices rojas no son los únicos, también los hay con narices ganchudas, con la cara blanca igual que Pierrot, el que cubre su rostro con máscaras y se trasviste, o los que juegan con títeres en sus números...
Os propongo un sueño: Un variopinto desfile de payasos que llegan a la arena de un circo.
Detrás del telón clowns, mimos, manipuladores de objetos, actores a secas... nos introducen en un mundo absurdo. Las imágenes van y vienen sin control. Un desvarío intermitente y situaciones incoherentes.
Actores, máscaras y títeres, deliran de principio a fin.
El Llanto Del Payaso
Ríe fuerte payaso ríe, No ves que a la gente no le importa tu pesar, Iluminada esta la gran carpa, es día de fiesta La función debe de empezar Luce gracioso y gentil Se siempre un amigo cordial Ponte la enorme nariz colorada Y tus zapatos de charol con cintas azuladas
Señores de la audiencia Ya comienza la función Ríe fuerte payaso, ríe Vas por buena senda sigue No ves que todos te aplauden Magistrales arcos iris Sean hoy tus amplias sonrisas No viertas gotas de sangre Sobre el colorido traje No es momento de llantos, ni de congojas
Límpiate esos lagrimones No ves acaso que ensucian el piso Estúpido payaso Sino te gusta vete es tu decisión A nadie le importa Tu orfandad o tus miedos. Llora solo por dentro ruiseñor herido Que no te escuchen cálmate A cuestas dices cargar toda tu pena Pero a la humanidad no importa Ese es solo tu problema
Lloras por el candor, por la fe Lloras por la pureza, la lealtad La amistad, el amor, los sueños, la verdad Pero entiende payaso tonto Aquí solo vienen a reír, solamente a reír Si te desgarras o te duele Finge amiguito que no nada pasa Las verdades por suerte Tienen de contraparte las mentiras
Ríe fuerte payaso ríe No seas como la arena Mensajera de dolor y calamidad. Mira graban todo lo que dices, Te toman bellas fotos y las exhiben No te sientes un actor importante, Ves hay muchas pruebas sobre tu arte No llores tonto payaso Cósete la herida y esconde la pena
Entiende a nadie le importas Solo quieren carcajadas y dulces Y globos, no quieren desgracias No buscan espantos, ni verdades Estas resultan siempre dolorosas
¿Qué dices? Que te duele Que te mueres Y a quién le importa jaaaaaaaaa
Ríe fuerte payaso, ríe Ya se abre el telón Recuerda tu acto en la cuerda floja Cae con fuerza eso les gusta JEM WONG 15.09.05
"Si del dolor nacen mis versos bienvenido seas dolor" JEM
Tu cuerpo está a mi lado fácil, dulce, callado. Tu cabeza en mi pecho se arrepiente con los ojos cerrados y yo te miro y fumo y acaricio tu pelo enamorado. Esta mortal ternura con que callo te está abrazando a ti mientras yo tengo inmóviles mis brazos. Miro mi cuerpo, el muslo en que descansa tu cansancio, tu blando seno oculto y apretado y el bajo y suave respirar de tu vientre sin mis labios. Te digo a media voz cosas que invento a cada rato y me pongo de veras triste y solo y te beso como si fueras tu retrato. Tú, sin hablar, me miras y te aprietas a mí y haces tu llanto sin lágrimas, sin ojos, sin espanto. Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas se ponen a escuchar lo que no hablamos.
Amor mío, mi amor, amor hallado...
Amor mío, mi amor, amor hallado de pronto en la ostra de la muerte. Quiero comer contigo, estar, amar contigo, quiero tocarte, verte.
Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo los hilos de mi sangre acostumbrada, lo dice este dolor y mis zapatos y mi boca y mi almohada.
Te quiero, amor, amor absurdamente, tontamente, perdido, iluminado, soñando rosas e inventando estrellas y diciéndote adiós yendo a tu lado.
Te quiero desde el poste de la esquina, desde la alfombra de ese cuarto a solas, en las sábanas tibias de tu cuerpo donde se duerme un agua de amapolas.
Cabellera del aire desvelado, río de noche, platanar oscuro, colmena ciega, amor desenterrado,
voy a seguir tus pasos hacia arriba, de tus pies a tu muslo y tu costado.
JAIME SABINES
He aquí que tú estás sola y que estoy solo...
He aquí que tú estás sola y que estoy solo. Haces tus cosas diariamente y piensas y yo pienso y recuerdo y estoy solo. A la misma hora nos recordamos algo y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya somos, y una locura celular nos recorre y una sangre rebelde y sin cansancio. Se me va a hacer llagas este cuerpo solo, se me caerá la carne trozo a trozo. Esto es lejía y muerte. El corrosivo estar, el malestar muriendo es nuestra muerte.
Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado quién eres, dónde estás, cómo te llamas. Yo soy sólo una parte, sólo un brazo, una mitad apenas, sólo un brazo. Te recuerdo en mi boca y en mis manos. Con mi lengua y mis ojos y mis manos te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne, a siembra , a flor, hueles a amor, a ti, hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí. En mis labios te sé, te reconozco, y giras y eres y miras incansable y toda tú me suenas dentro del corazón como mi sangre. Te digo que estoy solo y que me faltas. Nos faltamos, amor, y nos morimos y nada haremos ya sino morirnos. Esto lo sé, amor, esto sabemos. Hoy y mañana, así, y cuando estemos en nuestros brazos simples y cansados, me faltarás, amor, nos faltaremos.
JAIME SABINES
Ante ti Ante ti no encuentro quien anda en mí, Buscando al hombre que debo, Que se extingue en tu mirada, Y se colma en tu belleza, Que domina el mundo. Ante ti no soy capaz de conseguir, Tu misterio oculto, La irrealidad de tu presencia, Y tu convenio con el cielo, Para hacerte más dichosa. Ante ti se mueve el ángel, Que aprisiona nuestras bocas, En un instante de amor, Desenfrenado y ciego, Que justifica una vida. Ante ti mi tierra arde, Con taquicardias arrítmicas, Que impulsan mi corazón, En tu cuerpo y en tu mente, Y asi alcanzar el destino que pisas, Con arrogancia ingenua. Ante ti cuelgo mis pasos, Que se atan al presente, De tus besos encarnados, Conformando eternidad. Ante ti la poesía, Enmudece de abrigo, Y las palabras se hielan, Anhelando aparentar que te definen colmadas, Anhelando descubrir quien eres, Tan fuera de lo inventado.
Amor, no te culpo, pues mía ha sido la culpa, al no ser creado por la arcilla común Escalé la mayor de las alturas, inalcanzable; ví el aire pleno, el día más grande.
Desde lo salvaje de mi desperdiciada pasión fui asaltado por una mejor, más clara canción. Encendí una ligera luz de abnegada libertad, luché contra la envilecida cabeza de Hidra.
Han sido mis labios barridos hacia la música por tus besos, y han sangrado, Y tu has caminado junto a los ángeles en aquella planicie verde y esmaltada.
He andado por el camino donde Dante contempló los soles brillando sobre siete círculos, ¡Ah! Tal vez observó a los cielos expandiéndose, como si se abriesen sobre Florencia.
Y las naciones poderosas que me han coronado, a mí, que sin corona yazgo sin nombre, Y algún crepúsculo oriental me ha encontrado de rodillas sobre el umbral de la Fama.
Me he sentado en el círculo de mármol donde el viejo bardo es igual al joven, Donde la pipa siempre gotea su miel, y las cuerdas de la lira siempre vibran.
Keats levantó los rizos de su himeneo desde el vino de las amapolas, Con su boca de ambrosía besó mi frente, envolviendo el amor noble que hay en mí.
Y en la primavera, cuando las flores del manzano tiñen el seno de las palomas, En la hierba yacen dos amantes que ha leído la historia de nuestro amor.
Han leído la leyenda de mi pasión, y conocido el secreto amargo de mi corazón, Besándose como nosotros nos hemos besado, pero nunca lejos como nosotros lo estamos.
Pues la flor carmesí de nuestra vida es devorada por el gusano de la verdad, Y ninguna mano recogerá los marchitos pétalos de la rosa de la juventud.
Sin embargo, no me arrepiento de amarte, ¿qué otra cosa puede hacer un muchacho? Los ávidos dientes del tiempo corroen, persiguiendo las silenciosas huellas de los años.
El timón nos balancea en la tempestad, y cuando la tormenta de la juventud haya pasado, Sin liras, sin laúd y sin coro, la tranquila muerte del navegante finalmente llega.
Y dentro de la tumba no hay placer, el ciego gusano consume las raíces, Y el Deseo se estremece en cenizas, y el árbol de la pasión no da frutos.
¿Qué otra cosa puedo hacer sino amarte? La propia madre de Dios me es menos querida, Y menos aún la dulce Afrodita elevándose como un lirio plateado sobre el mar.
He tomado mi decisión, he vivido mis poemas y, aunque la juventud se haya perdido en indolentes días; He descubierto que la corona de mirto del amante es mejor que la del laurel sobre el poeta.
No, no me arrepiento de nada Ni el bien que me han hecho, ni el mal Todo eso me da lo mismo No, nada de nada No, no me arrepiento de nada Está pagado, barrido, olvidado Me da lo mismo el pasado
Con mis recuerdos Yo prendí el fuego Mis tristezas, mis placeres Ya no tengo necesidad de ellos Barridos mis amores con sus trémolos barridos para siempre Vuevo a partir de cero
No, nada de nada No, no me arrepiento de nada Ni el bien que me han hecho, ni el mal Todo eso me da lo mismo No, nada de nada No, no me arrepiento de nada Pues mi vida mis alegrías hoy comienzan contigo…
Non, Je ne regrette rien Edith Piaf (1915-1963)
Non, rien de rien Non, je ne regrette rien Ni le bien qu"on m"a fait, ni le mal Tout ça m"est bien égal Non, rien de rien Non, je ne regrette rien C"est payé, balayé, oublié Je me fous du passé
Avec mes souvenirs J"ai allumé le feu Mes chagrins, mes plaisirs Je n"ai plus besoin d"eux Balayés mes amours Avec leurs trémolos Balayés pour toujours Je repars à zéro
Non, rien de rien Non, je ne regrette rien Ni le bien qu"on m"a fait, ni le mal Tout ça m"est bien égal Non, rien de rien Non, je ne regrette rien Car ma vie Car mes joies Aujourd"hui Ça commence avec toi…
Te sigo queriendo como el primer día, Con esta alegría con que voy viviendo. Más que en el relevo de las cosas idas En la expectativas de los logros nuevos. Como el primer día de un sentir primero, Como el alfarero de mi fantasía. Con la algarabía de un tamborilero Y el gemir austero de una letanía. Como el primer día te sigo queriendo. Te sigo queriendo, valga la osadía, Con la garantía de mis pobre sueños, Es decir, empeños porque todavía, Vive el alma mía de seguir creyendo. Como el primer día, como el primer beso Y el primer exceso de melancolía. Como la folía del primer intento, Como el argumento de una profecía. Como el primer día te sigo queriendo. Te sigo queriendo, si no lo diría, Sé que no podría con mis sentimientos, Lo que llevo adentro se convertiría En una jauría de remordimientos. Como el primer día eres el velero, La estrella y el viento de mi travesía. Mi filosofía, mi apasionamiento, Mi mejor acento, mi soberanía. Como el primer día te sigo queriendo.