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HOMENAJES Y ESPECIALES
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BLANCA VARELA
INVIERNO Y FUGA
Nieve, labios rojos, una gota de fuego, un grito que nadie escucha.
Éste es el día en que llega la ácida primavera, en que es dulce la herida de estar vivos.
Alto horno del cielo, fulgor de plumas, adiós que el aire quema en pleno vuelo.
En aire, tierra y cielo, en mi, en ti, en nosotros muere el invierno.
Diamantino estertor, irritada claridad, lágrimas que la luz arrebata y fecunda. Muerte llena de oro.
Todo es posible en ese activo sueño.
JUEGO AMOROSO
Las manos a la altura del aire a dos o tres centímetros del vacío no se mirará nada preciso la polvareda que pasa el inesperado cortejo de plumas arrancadas al vuelo la nubecilla rosada y tonta que ya no es el cierraojos y el ábrelos en la breve opacidad de una luz que no se ve y el sueño pies de goma y azules y brillantes las estrellas rientes párpado sobre párpado labio contra labio piel demorada sobre otra llagada y reluciente hogueras eso haremos a solas
LA LECCIÓN
Como una moneda te apretaré entre mis manos y todas las puertas cederán y lo veré todo y la sorpresa no quemará mi lengua y comprenderé entonces el crecimiento de las plantas y el cambio de pelaje en las pequeñas crías.
Hallaré la señal y la caída de los astros me probará la existencia de otros caminos y que cada movimiento engendra dos criaturas, una abatida y otra triunfante, y en cada mirada morirá la apariencia y desnudo y bello te arrojará la fábrica entre nosotros.
LA MUERTE SE ESCRIBE SOLA
la muerte se escribe sola una raya negra es una raya blanca el sol es un agujero en el cielo la plenitud del ojo fatigado cabrío aprender a ver en el doblez entresaca espulga trilla estrella casa alga madre madera mar se escriben solos en el hollín de la almohada
trozo de pan en el zaguán abre la puerta baja la escalera el corazón se deshoja la pobre niña sigue encerrada en la torre de granizo el oro el violeta el azul enrejados no se borran no se borran no se borran
LECCIÓN DE ANATOMÍA
más allá del dolor y del placer la carne inescrutable balbuceando su lenguaje de sombras y brumosos colores
la carne convertida en paisaje en tierra en tregua en acontecimiento en pan inesperado y en miel en orina en leche en abrasadora sospecha en océano en animal castigado en evidencia y en olvido
viendo la carne tan cerrada y distante me pregunto qué hace allí la vida simulando
el cabello a veces tan cercano que extravía alojo en su espesura las bisagras silenciosas cediendo lagrimeando tornasol y esa otra fronda inexplorada en donde el tacto confunde el día con la noche fresca hermosa muerte a la mitad del lecho donde los miembros mutilados retoñan mientras la lengua gira como una estrella flor de carne carnívora entre los dientes de carbón
ah la voz gangosa entrecortada dulcísima del amor saciándote saciándose saboreando el ciego bocado
los mondos los frágiles huesecillos del amor ese fracaso ese hambre esa tristeza futura como el cielo de una jaula la tierra gira la carne permanece cambia el paisaje las horas se deshojan es el mismo río que se aleja o se acerca tedioso espejo con la misma gastada luna de yeso que se esponja hasta llenar el horizonte con su roñosa palidez
merodean las bestias del amor en esa ruina florece la gangrena del amor todavía se agitan las tenazas elásticas los pliegues insondables laten
reino de ventosas nacaradas osario de mínimos pájaros
primavera de suaves gusanos agrios como la bilis materna
más allá del dolor y del placer la negra estirpe el rojo prestigio la mortal victoria de la carne
MALEVITCH EN SU VENTANA
1 ah mon maitre me has engañado como el sol a sus criaturas prometiéndome un día eterno todos los días
de lo inexacto me alimento y toda el agua de los cielos es incapaz de lavar esta ínfima y rebelde herida de tiempo que soy
polvo rebelde sí con los cabellos de polvo desordenado para siempre jamás por un peregrino pensamiento persigo toda sagrada inexactitud
suave violencia del sueño palabra escrita palabra borrada palabra desterrada voz arrojada del paraíso catástrofe en el cielo de la página hinchada de silencios
aquí el ojo comienza a desteñirse a no ser y la voz se quiebra inaudita ( alguien ha perdido definitivamente su balsa ) a la deriva sobre el océano sopla el viento de la indiferencia por la puerta entreabierta llega la aurora más silenciosa y pálida que nunca
es el día sobreviviente con su carreta vacía sigue brillando la lámpara penitente pero no creo en su luz ni compro la muerte con nombre de pez ni es cierto que bajo su escama mortecina dios nos contempla
2 sí señores este es otro día inevitable en que me alimento de lo inexacto de la monstruosa fruta que aletea de la huella en el aire del recuerdo del azogue perdido en alguna alcantarilla de lo irrecuperable que se acumula y agiganta en afiebrados cristales y cruza el aire como una llama recién nacida
flamante cuerpo en pugna con el sol
la farsa diaria desaparece tras una mano que enciende y apaga a voluntad su propia luz penitente claridad arde el oscuro aceite de la conciencia sobre esta mesa que es todo el mundo
al otro lado de la ventana alguien ha resuelto el enigma para entrar en la vida basta un puerta el otro lado sigue igual nada que la luz no atraviese y oculte nada que no sea la antigua y sagrada inexactitud que golpea maderos bate alas e incendia gargantas y corazones
3 hoy me despierta con su delgado resplandor abstracto la esperanza la oscuridad del naufragio se escapa como un gato por la ventana y alguien vuelve sí alguien vuelve desvelado y sin prisa con un pequeño rectángulo de eternidad entre las manos
MÁSCARA DE ALGÚN DIOS
Frente a mí ese rostro lunar. Nariz de plata, pájaros en la frente.
¿Pájaros en la frente?
Y luego hay rojo y todo lo que la tierra olvida. Humedad con poderes de fuego floreciendo tras las negras pestañas. Un rostro en la pared. Detrás del muro, más allá de toda voluntad, más lejos todavía que mirar y callar: ¿qué?
¿Siempre hay algo que romper, abolir o temer? ¿Y al otro lado? ¿Al revés?
Vuela la mano, nace la ínea, vibrante destino, negro destino. Por un instante la melodía es clara, parece eterna la tarde, purísima la sombra del cielo.
Vuelvo otra vez . Pregunto. Tal vez ese silencio dice algo, es una inmensa letra que nos nombra y contiene en su aire profundo. Tal vez la muerte detrás de esa sonrisa sea amor, un gigantesco amor en cuyo centro ardemos.
Tal vez el otro lado existe y es también la mirada y todo esto es lo otro y aquello esto y somos una forma que cambia con la luz hasta ser sólo luz, sólo sombra.
MONSIEUR MONOD NO SABE CANTAR
querido mío te recuerdo como la mejor canción esa apoteosis de gallos y estrellas que ya no eres que ya no soy que ya no seremos y sin embargo muy bien sabemos ambos que hablo por la boca pintada del silencio con agonía de mosca al final del verano y por todas las puertas mal cerradas conjurando o llamando ese viento alevoso de la memoria ese disco rayado antes de usarse teñido según el humor del tiempo y sus viejas enfermedades o de rojo o de negro como un rey en desgracia frente al espejo el día de la víspera y mañana y pasado y siempre
noche que te precipitas (así debe decir la canción) cargada de presagios perra insaciable ( un peu fort) madre espléndida (plus doux) paridora y descalza siempre para no ser oída por el necio que en ti cree para mejor aplastar el corazón del desvelado que se atreve a oír el arrastrado paso de la vida a la muerte un cuesco de zancudo un torrente de plumas una tempestad en un vaso de vino un tango
el orden altera el producto error del maquinista podrida técnica seguir viviendo tu historia al revés como en el cine un sueño grueso y misterioso que se adelgaza the end is the beginning una lucecita vacilante como la esperanza color clara de huevo con olor a pescado y mala leche oscura boca de lobo que te lleva de Cluny al Parque Salazar tapiz rodante tan veloz y tan negro que ya no sabes si eres o te haces el vivo o el muerto y sí una flor de hierro como un último bocado torcido y sucio y lento para mejor devorarte
querido mío adoro todo lo que no es mío tú por ejemplo con tu piel de asno sobre el alma y esas alas de cera que te regalé y que jamás te atreviste a usar no sabes cómo me arrepiento de mis virtudes ya no sé qué hacer con mi colección de ganzúas y mentiras con mi indecencia de niño que debe terminar este cuento ahora ya es tarde porque el recuerdo como las canciones la peor la que quieras la única no resiste otra página en blanco y no tiene sentido que yo esté aquí destruyendo lo que no existe
querido mío a pesar de eso todo sigue igual el cosquilleo filosófico después de la ducha el café frío el cigarrillo amargo el Cieno Verde en el Montecarlo sigue apta para todos la vida perdurable intacta la estupidez de las nubes intacta la obscenidad de los geranios intacta la vergüenza del ajo los gorrioncitos cagándose divinamente en pleno cielo de abril Mandrake criando conejos en algún círculo del infierno y siempre la patita de cangrejo atrapada en la trampa del ser o del no ser o de no quiero esto sino lo otro tú sabes esas cosas que nos suceden y que deben olvidarse para que existan verbigracia la mano con alas y sin mano la historia del canguro -aquella de la bolsa o la vida- o la del capitán encerrado en la botella para siempre vacía y el vientre vacío pero con alas y sin vientre tú sabes la pasión la obsesión la poesía la prosa el sexo el éxito o viceversa el vacío congénito el huevecillo moteado entre millones y millones de huevecillos moteados tú y yo you and me toi et moi tea for two en la inmensidad del silencio en el mar intemporal en el horizonte de la historia porque ácido ribonucleico somos pero ácido ribonucleico enamorado siempre
NADIE NOS DICE
Nadie nos dice cómo voltear la cara contra la pared y morirnos sencillamente así como lo hicieron el gato o el perro de la casa o el elefante que caminó en pos de su agonía como quien va a una impostergable ceremonia batiendo orejas al compás del cadencioso resuello de su trompa sólo en el reino animal hay ejemplares de tal comportamiento cambiar el paso acercarse y oler lo ya vivido y dar la vuelta sencillamente dar la vuelta
NADIE SABE DE MIS COSAS
( dedicatoria)
1 a ti capaz de desaparecer de ser atormentado por el fuego luminoso opaco ruin divino
a ti fantasma de cada hora mil veces muerto recién nacido siempre a ti capaz de hacer girar la llave de inventar el sol en un cuarto vacío
a ti ahogado en un océano de semejanza náufrago de cada mañana esclavo propietario de zapatos periódicos algunos libros tal vez padre o hijo guardián de resecos jardines de aves de paso
a ti observador de la tarde infatigable lector del reloj del sueño de la fatiga del tedio de la esposa a nadie sino a ti
2 (cualquier hora del día)
en una hoguera extinguida esa mujer sacrificada cerraba los ojos y nos negaba la dicha de su agonía
3 y un perro una gota de lluvia una familia de paseo como en un cuadro entraban para siempre en la memoria una vuelta de tuerca y otra y otra un peldaño que cruje siempre a la misma altura de la oscuridad la dicha puede ser este brebaje oscuro el neón de las cinco de la tarde la más esplendorosa verdad así casi ciegos encontrando generosa como nadie la miseria cruzando el muro invisibles manos tan pálidas no han existido jamás en otras manos ni tanto calor en tanto frío ni ojos tan llenos de otros ojos contemplaron la tarde y frente al mar negra ruina y portentosos círculos de bruma rodeándonos y el rojo lengua río perro mosca y la tarde la reina de desnudos malvados brazos en su balcón de ceniza
4 (noche y descontento)
pitada cruel canción de ciego la noche comienza a respirar todo se aleja todo se pierde
cárcel cine amarilla luna de farmacia a las ocho a las nueve a las diez convertido en un fantasma cruel besas a mil mujeres acaricias sus senos para los otros me das asco y es esta náusea lo mejor de mi vida
5 (conversaciones insidiosas)
alguien dice tu nombre -es un libro interesante y habla de un héroe anónimo por cierto hay una estrella azul al fondo de mi vaso inagotable estrella debe brillar en tus ojos cada vez que la miro cómo debes reír para los otros tú cordero disfrazado de cordero tú lobo a solas tú atrozmente niño -los bellos pensamientos señores no ocultan el perfume de la carne hemos de transpirar en los museos como bestias sumisas bestias en su rincón de terciopelo -Picasso por ejemplo...
6 ( tell me the truth)
dime ¿durará este asombro? ¿esta letra carnal loco círculo de dolor atado al labio esta diaria catástrofe esta maloliente dorada callejuela sin comienzo ni fin este mercado donde la muerte enjoya las esquinas con plata corrompida y estériles estrellas?
7 hila su imposible claridad nuevamente la envenenada sonrisa solar ¿sientes el divino salivazo sobre la bestia sientes el hedor de la rosa sientes mi corazón sobre el tuyo? más tarde será tarde cuando la soledad invente lo mejor nuevamente tus labios tus ojos las ruinas de tus caricias el mar de mi pecho la soledad «estrella de mis noches» nadie sabe de mis cosas
8 (pobres matemáticas)
cuando nada quede de ti y de mí habrá agua y sol y un día que abra las puertas más secretas más oscuras más tristes y ventanas vivas como grandes ojos despiertos sobre la dicha y no habrá sido en vano que tú y yo sólo hayamos pensado lo que otros hacen porque alguien tiene que pensar la vida
PALABRAS PARA UN CANTO
¿Cómo fue ayer aquí? Sólo hemos alcanzado estos restos, el vaso que ilumina con su lejano y obstinado silencio, el pájaro herido en el esmalte al alcanzar el fruto.
Llegamos con la puntual indiferencia del nuevo día saltando sobre la desgracia con precisión de atletas. Hemos dormido bajo las estrellas hemos perdido el tiempo.
Parcas, Ancon,Chavín de Huantar. Esas son las palabras del canto.
¿Cómo fue ayer aquí? No hablemos de dolor entre ruinas. Es más que la palabra, en el aire de todas las palabras, el aliento humano hecho golpe en la piedra, sangre en la tierra, color en el vacío.
Yace aquí, entre tumbas sin nombre, escrito en el harapo deslumbrante, roja estrella en el fondo del cántaro.
Por el mismo camino del árbol y la nube, ambulando en el círculo roído por la luz y el tiempo. ¿De qué perdida claridad venimos?
PERSONA
el querido animal cuyos huesos son un recuerdo una señal en el aire jamás tuvo sombra ni lugar
desde la cabeza de un alfiler pensaba él era el brillo ínfimo el grano de tierra sobre el grano de tierra el autoeclipse
el querido animal jamás cesa de pasar me da la vuelta
POEMA
Hoy estás en los brazos de mi feroz imaginación brazos que han matado brazos con que tapo mis ojos con un gesto de lobo para buscarte un hogar un lento y suave infierno donde todo calor provenga de una furtiva lágrima oh líquido mundillo oh jadeante fantasma no eres sino el ojo que estalla y que deja caer como si no ocurriera sus mejores colores en mi entraña ojo que hociquea que peino con la más pura saliva aquí en mis brazos entre mis torpes alas de mamífero la muy compuesta y perdurable nada para siempre te guarde y el buen mal ojo salta y se eleva en el oscuro cielo de mi lecho y ese cielo es el marco impreciso de una frente que ya no reconozco esa sombra ese objeto esa cosa con boca con nariz y con oídos
PORQUE YA NO ERES UN ÁNGEL
Porque ya no eres un ángel sino un hombre solo sobre dos pies cansados sobre esta tierra que gira y es terriblemente joven todas las mañanas. Porque sólo tú sabes que hay música, jadeos, incendios, máquinas que escupen verdades y mentiras a los cuatro vientos, vientos que te empujan al otro lado, a tu hueco en el vacío, a la informe felicidad del ojo ciego, del oído sordo, de la muda lengua, del muñón angélico. Porque tú gusano, ave, simio, viajero, lo único que no sabes es morir ni creer en la muerte, ni aceptar que eres tú mismo tu vientre turbio y caliente, tu lengua colorada, tus lágrimas y esa música loca que se escapa de tu oreja desgarrada.
SECRETO DE FAMILIA
soñé con un perro con un perro desollado cantaba su cuerpo su cuerpo rojo silbaba pregunté al otro al que apaga la luz al carnicero qué ha sucedido por qué estamos a oscuras
es un sueño estás sola no hay otro la luz no existe tú eres el perro tú eres la flor que ladra afila dulcemente tu lengua tu dulce negra lengua de cuatro patas
la piel del hombre se quema con el sueño arde desaparece la piel humana sólo la roja pulpa del can es limpia la verdadera luz habita su legaña tú eres el perro tú eres el desollado can de cada noche sueña contigo misma y basta
SIN FECHA
a Kafka
Suficientes razones, suficientes razones para colocar primero un pie y luego otro. Bajo ellos, no más grande que ellos ni más pequeña, la inevitable sombra que se adelanta y voltea la esquina, a tientas. Suficientes razones, suficientes razones para desandar, descaer, desvolar. Suficientes razones para mirar por la ventana. Para observar la mano que cuenta a oscuras los dedos de otra mano.
Poderosas razones para antes y después. Poderosas razones durante. La hoja de afeitar enmohecida es el límite. Lasciate ogni speranza voi ch'entrate. No se retorna de ningún lugar. Y la regla torcida lo confirma sobre el aire totalmente recto, como un cadáver. Y hay otras. Palidez, sobresalto, algo de náusea. Misterioso, obsceno chasquido del vientre que canta lo que no sabe. La luz a pleno cuerpo, como un portazo. Adentro y afuera. No se sabe dónde. Y las demás. ¿Existen?
Infinitas para la duda, evidentes para la sospecha. Dejarse arrastrar contra la corriente, como un perro. Aprender a caminar sobre la viga podrida. En la punta de los pies. Sobre la propia sombra. No más grande que ellos ni más pequeña.
Uno, dos, uno, dos, uno, dos, uno. Uno atrás, otro adelante. Contra la pared, boca abajo, en un rincón. Temblando, con un lívido resplandor bajo los pies, no más grande que ellos ni más pequeño. Tal vez, tal vez la estancada eternidad que algún alma inocente confunde con su propio excremento.
Malolientes razones en la boca del túnel. Y a la salida. A la postre tantas razones como cuellos existen.
Defenderse del incendio con un hacha. Del demonio con un hacha, de dios con un hacha. Del espíritu y la carne con un hacha.
No habrá testigos. Se nos ha advertido que el cielo es mudo.
A la más se escribirá, se borrará. Será olvidado. Y ya no existirán razones suficientes para volver a colocar un pie y luego el otro. No obstante, bajo ellos, no más grande que ellos ni más pequeña, la inevitable sombra se adelantará. Y volteará la misma esquina. A tientas.
SUPUESTOS
el deseo es un lugar que se abandona la verdad desaparece con la luz corre-ve-y-dile
es tan aguda la voz del deseo que es imposible oírla es tan callada la voz de la verdad que es imposible oírla
calor de fuego ido seno de estuco vientre de piedra ojos de agua estancada eso eres
me arrodillo y en tu nombre cuento los dedos de mi mano derecha que te escribe
me aferro a ti me desgarra tu garfio carnicero de arriba abajo me abre como a una res y estos dedos recién contados te atraviesan en el aire y te tocan
y suenas suenas suenas gran badajo en el sagrado vacío de mi cráneo.
TAL VEZ EN PRIMAVERA
Tal vez en primavera. Deja que pase esta sucia estación de hollín y lágrimas hipócritas. Hazte fuerte. Guarda miga sobre miga. Haz una fortaleza de toda la corrupción y el dolor. Llegado el tiempo tendrás alas y un rabo fuerte de toro o de elefante para liquidar todas las dudas, todas las moscas, todas las desgracias. Baja del árbol. Mírate en el agua. Aprende a odiarte como a ti mismo. Eres tú. Rudo, pelado, primero en cuatro patas, luego en dos, después en ninguna. Arrástrate hasta el muro, escucha la música entre las piedrecitas. Llámalas siglos, huesos, cebollas. Da lo mismo. Las palabras, los nombres, no tienen importancia. Escucha la música. Sólo la música.
TODA LA PALIDEZ INEXPLICABLE ES EL RECUERDO
VII Toda la palidez inexplicable es el recuerdo.
Travesía de muralla a muralla, el abismo es el párpado, allí naufraga el mundo arrasado por una lágrima.
ÚLTIMO POEMA DE JUNIO
Pienso en esa flor que se enciende en mi cuerpo. La hermosa, la violenta flor del ridículo. Pétalo de carne y hueso. ¿Pétalos? ¿Flores? Preciosismobienvestido, muertodehambre, vaderretro.
Se trata simplemente de heridas congénitas y felizmente mortales.
Luz alta. Bermellón súbito bajo el que despiertas de pie, caminando a ninguna parte. Pies, absurdas criaturas sin ojos. No se parecen sino a otros pies. Y además estas manos y estos dientes, para mostrar- los estúpidamente sin haber aprendido nada de ellos.
Y encima de todo y todas las cosas, sobre tu propia cabeza, la aterciopelada corona del escarnio: un som- brero de fiesta, inglés y alto, listo para saludar lo invisible.
Rojos, divinos, celestes rojos de mi sangre y de mi corazón. Siena, cadmio, magenta, púrpuras, carmi- nes, cinabrios. Peligrosos, envenenados círculos de fuego irreconciliable.
¿Adónde te conducen? ¿A la vida o a la muerte? ¿Al único sueño? La flor de sangre sobre el sombrero de fiesta (inglés y alto) es una falsa noticia.
Revelación. Soy tu hija, tu agónica niña, flamante y negra como una aguja que atraviesa un collar de ojos recién abiertos. Todos míos, todos ciegos, todos creados en un abrir y cerrar de ojos.
El dolor es una maravillosa cerradura.
Arte negra: mirar sin ser visto a quien nos mira mirar.
Arte blanca: cerrar los ojos y vernos.
Ver: cerrar los ojos.
Abrir los ojos: dormir.
Facilidades de la noche y de la palabra. Obscenidades de la luz y del tiempo.
Y así, la flor que fue grande y violenta se deshoja y el otoño es una torpe caricia que mutila el rostro más amado.
Fuera, fuera ojos, nariz y boca. Y en polvo te con- viertes y, a veces, en imprudente y oscuro recuerdo.
Dulce animal, tiernísima bestia que te repliegas en el olvido para asaltarme siempre. Eres la esfinge que finge, que sueña en voz alta, que me despierta.
UNA VENTANA
Vuelvo a contar mis dedos. (La flor helada, la desconocida cabeza que me acecha se descuelga y da voces.) Yo miro las paredes y sus frutos redondos y veloces, hago cálculos, sumo piedras, cenizas, nubes y árboles que persiguen a los hombres y perlas arrancadas de malignos estanques o de negros pulmones sepultados y horriblemente vivos.
La araña que desciende a paso humano me conoce, dueña es de un rincón de mi rostro, allá anida, allí canta hinchada y dulce entre su seda verde y sus racimos. Afuera, región donde la noche crece, yo le temo, donde la noche crece y cae en gruesas gotas, en mortales relámpagos. Afuera, el pesado aliento del buey, la vieja fiebre de alas rojas, la noche que cae como un resorte oscuro sobre un pecho.
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Blanca Varela
Lima, 1926
Poeta, traductora, periodista eventual.
Nacida en el seno de una familia de escritores y artistas (biznieta de Manuela Antonia Márquez, nieta de Delia Castro e hija de Serafina Quinteras). En 1943, ingresa a la Universidad de San Marcos para estudiar Letras y Educación. Allí conoce a Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Francisco Bendezú y de quien sería su esposo, el pintor Fernando de Szyszlo, al tiempo que comienza a asistir a la tertulia de Peña Pancho Fierro, dirigido por Alicia y Celia Bustamante. En 1949, los esposos parten rumbo a Francia. . Una vez en París conocen a Octavio Paz. En 1954, viajan a Florencia, para volver al Perú un año más tarde. Entre 1957 y 1960 se instalan en Washington, D.C., donde Varela vivirá de hacer traducciones y eventuales trabajos de periodismo. Es también en 1957 cuando Salazar Bondy y Alejandro Romualdo la incluyen en su Antología general de la poesía peruana. De 1977 a 1979 Varela es secretaria general del Centro Peruano del PEN Club Internacional, y en calidad de tal acude a los congresos de Hamburgo (1977), Estocolmo (1978) y Río de Janeiro (1979). De 1974 a 1997 representó en el Perú a la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica. Además ha colaborado en numerosas revistas del Perú y el extranjero.
Ha publicado: Ese puerto existe (1959), Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Camino a Babel – Antología (1986), Canto villano – Poesía reunida (1986), Poesía escogida 1949-1991 (1993), Del orden de las cosas (1993), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993), Canto villano (Poesía reunida, 1949-1994) (1986), Como Dios en la nada (Antología 1949-1998) (1999), Concierto animal (1999).
Blanca Varela es una poetisa que no se complace en sus hallazgos ni se embriaga con su canto. Con el instinto del verdadero poeta sabe callarse a tiempo. Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el tiempo, la soledad. Y, también, una exploración de la propia conciencia. En sus primeros poemas, demasiado orgullosa (demasiado tímida) para hablar en nombre propio, el yo del poeta es un yo masculino, abstracto. A medida que se interna en sí misma –y, asimismo, a medida que penetra en el mundo exterior- la mujer se revela y se apodera de su ser. Cierto, nada menos "femenino" que la poesía de Blanca Varela; al mismo tiempo, nada más valeroso y mujeril: "Hay algo que nos obliga a llamar mi casa al cubil y mis hijos a los piojos". Poesía contenida pero explosiva, poesía de rebelión: "Los números arden. Cada cifra tiene un penacho de humo, cada número chilla como una rata envenenada…". Y en otro pasaje: "El pueblo está contento porque se le ha prometido que el día durará 25 horas. Esto es la inmortalidad." La pasión arde y se afila una frase que es, a un tiempo, un cuchillo y una herida: "Amo esta flor roja sin inocencia".
Octavio Paz
FUENTE :http://sisbib.unmsm.edu.pe/Exposiciones/Literatura/Autores/Bib_Varela.htm
A LO MEJOR ERES TÚ MISMO
A lo mejor eres tú mismo el tren que pita y se mete bajo tierra rumbo al infierno o la estrella de chatarra que te lleva frente a otro muro lleno de espejos y de gestos, endiablados gestos sin dueño y tú tras ellos, solo, feliz propietario de una boca escarlata que muge. Pega el oído a la tierra que insiste en levantarse y respirar. Acaríciala como si fuera carne, piel humana capaz de conmoverte, capaz de rechazarte. Acepta la espera que no siempre hay lugar en el caos. Acepta la puerta cerrada, el muro cada vez más alto, el saltito, la imagen que te saca la lengua. No te trepes sobre los hombros de los fantasmas que es ridículo caerse de trasero with music in your soul.
A MEDIA VOZ
la lentitud es belleza copio estas líneas ajenas respiro acepto la luz bajo el aire ralo de noviembre bajo la hierba sin color bajo el cielo cascado y gris acepto el duelo y la fiesta no he llegado no llegaré jamás en el centro de todo esta el poema intacto sol ineludible noche sin volver la cabeza merodeo su luz su sombra animal de palabras husmeo su esplendor su huella sus restos todo para decir que alguna vez estuve atenta desarmada
sola casi en la muerte casi en el fuego
A ROSE IS A ROSE
inmóvil devora luz se abre obscenamente roja es la detestable perfección de lo efímero infesta la poesía con su arcaico perfume
AQUELLA TORTURADA NUBE...
V Aquella torturada nube parecía tan firme, ambulando, desgarrando, chocando con masas de ángeles.
Cóncava, valva de nieve y soledad, de trajín y música constante, de arena, de resplandor y fuga, desierto etiope en un tutti de gemidos y sorpresa.
Tan exacta sobre el laberinto de la pupila, color perdido de vieja misiva, terrible silencio de quien ha sacudido el aire y conoce el vado de los sollozos. Continuaba, migradora, llave del torbellino como una gota pura preñada de su propia existencia.
ASÍ SEA
El día queda atrás, apenas consumido y ya inútil. Comienza la gran luz, todas las puertas ceden ante un hombre dormido, el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.
El tiempo, la gran puerta entreabierta, el astro que ciega.
No es con los ojos que se ve nacer esa gota de luz que será, que fue un día.
Canta abeja, sin prisa, recorre el laberinto iluminado, de fiesta.
Respira y canta. Donde todo se termina abre las alas. Eres el sol, el aguijón del alba, el mar que besa las montañas, la claridad total, el sueño.
AUVERS-SUR -OISE
Nadie te va a abrir la puerta. Sigue golpeando. Insiste. Al otro lado se oye música. No. Es la campanilla del teléfono. Te equivocas. Es un ruido de máquinas, un jadeo eléctrico, chirridos, latigazos. No. Es música. No. Alguien llora muy despacio. No. Es un alarido agudo, una enorme, altísima lengua que lame el cielo pálido y vacío. No. Es un incendio.
Todas las riquezas, todas las miserias, todos los hombres, todas las cosas desaparecen en esa melodía ardiente. T ú estás solo, al otro lado. No te quieren dejar entrar. Busca, rebusca, trepa, chilla. Es inútil. Sé el gusanito transparente, enroscado, insignificante. Con tus ojillos mortales dale la vuelta a la manzana, mide con tu vientre turbio y caliente su inexpugnable redondez. Tú, gusanito, gusaboca, gusaoído, dueño de la muerte y de la vida. No puedes entrar. Dicen.
BODAS
Perdidos en la niebla el colibrí y su amante. Dos piedras lanzadas por el deseo se encuentran en el aire. La retama está viva, arde en la niebla, habitada. ( dedicatoria)
CANTO VILLANO
y de pronto la vida en mi plato de pobre un magro trozo de celeste cerdo aquí en mi plato
observarme observarte o matar una mosca sin malicia aniquilar la luz o hacerla
hacerla como quien abre los ojos y elige un cielo rebosante en el plato vacío
rubens cebollas lágrimas más rubens más cebollas más lágrimas
tantas historias negros indigeribles milagros y la estrella de oriente
emparedada y el hueso del amor tan roído y tan duro brillando en otro plato
este hambre propio existe es la gana del alma que es el cuerpo
es la rosa de grasa que envejece en su cielo de carne
mea culpa ojo turbio mea culpa negro bocado mea culpa divina náusea
no hay otro aquí en este plato vacío sino yo devorando mis ojos y los tuyos
CASA DE CUERVOS
porque te alimenté con esta realidad mal cocida por tantas y tan pobres flores del mal por este absurdo vuelo a ras de pantano ego te absolvo de mí laberinto hijo mío
no es tuya la culpa ni mía pobre pequeño mío del que hice este impecable retrato forzando la oscuridad del día párpados de miel y la mejilla constelada cerrada a cualquier roce y la hermosísima distancia de tu cuerpo tu náusea es mía la heredaste como heredan los peces la asfixia y el color de tus ojos es también el color de mi ceguera bajo el que sombras tejen sombras y tentaciones y es mía también la huella de tu talón estrecho de arcángel apenas pasado en la entreabierta ventana y nuestra para siempre la música extranjera de los cielos batientes ahora leoncillo encarnación de mi amor juegas con mis huesos y te ocultas entre tu belleza ciego sordo irredento casi saciado y libre con tu sangre que ya no deja lugar para nada ni nadie
aquí me tienes como siempre dispuesta a la sorpresa de tus pasos a todas las primaveras que inventas y destruyes a tenderme -nada infinita- sobre el mundo hierba ceniza peste fuego a lo que quieras por una mirada tuya que ilumine mis restos porque así es este amor que nada comprende y nada puede bebes el filtro y te duermes en ese abismo lleno de ti música que no ves colores dichos largamente explicados al silencio mezclados como se mezclan los sueños hasta ese torpe gris que es despertar en la gran palma de dios calva vacía sin extremos y allí te encuentras sola y perdida en tu alma sin más obstáculo que tu cuerpo sin más puerta que tu cuerpo así este amor uno solo y el mismo con tantos nombres que a ninguno responde y tú mirándome como si no me conocieras marchándote como se va la luz del mundo sin promesas y otra vez este prado este prado de negro fuego abandonado otra vez esta casa vacía que es mi cuerpo a donde no has de volver
CURRICULUM VITAE
digamos que ganaste la carrera y que el premio era otra carrera que no bebiste el vino de la victoria sino tu propia sal que jamás escuchaste vítores sino ladridos de perros y que tu sombra tu propia sombra fue tu única y desleal competidora.
CURRICULUM VITAE
digamos que ganaste la carrera y que el premio era otra carrera que no bebiste el vino de la victoria sino tu propia sal que jamás escuchaste vítores sino ladridos de perros y que tu sombra tu propia sombra fue tu única y desleal competidora.
DESEOS, PIEDRAS, CIELO A JIRONES
IV Deseos, piedras, cielo a jirones, ni un ave. Estoy huyendo. Una nueva montaña, un río joven, sin ira.
Éste es el mundo que amo. Quiero un cielo veloz, la mañana distinta, sin colores, para poner mis ángeles, mis calles donde siempre hay humo y sorpresa.
DESPIERTO
VIII Despierto.
Primera isla de la conciencia:
un árbol.
El temor inventa el vuelo.
El desierto familiar me acoge.
Alguien me observa con indiferencia.
DESTIEMPO
I Se fue el día, las escamas del sueño giran.
Todo desciende, la noche es el tedio.
En el desierto, a oscuras, temerosa del amor la ostra llora a solas. Caen las lívidas hojas de tu frente, Te alejas, negra burbuja sin destino.
Se abren súbitamente mil calles, arrecifes en llamas retienen tu cuerpo helado como una lágrima, nada te hiere, el coral clava su garra en tu sombra, tu sangre se desliza, inunda praderas, salta de las ventanas como un rojo sonido y todo esto no es sino el otoño.
EJERCICIOS
I Un poema como una gran batalla me arroja en esta arena sin más enemigo que yo
yo y el gran aire de las palabras
II miente la nube la luz miente los ojos los engañados de siempre no se cansan de tanta fábula
III terco azul ignorancia de estar en la ajena pupila como dios en la nada
IV pienso en alas de fuego en música pero no no es eso lo que temo sino el torvo juicio de la luz
EL AMOR ES COMO LA MÚSICA
IX El amor es como la música, me devuelve con las manos vacías, con el tiempo que se enciende de golpe fuera del paraíso. Conozco una isla, mis recuerdos, y una música futura, la promesa.
Y voy hacia la muerte que no existe, que se llama horizonte en mi pecho. Siempre la eternidad a destiempo.
EL MAR PLIEGA LAS ALAS AL ATARDECER
VI El mar pliega las alas al atardecer, tú no eres sino una pálida burbuja navegando al golpe del aliento, un negro trino, el sol que sale en el centro del pecho en mitad de la calle, un silencio en la música dura de la ciudad sin límites.
Para atravesar ese océano, ese golpe de luz en la siesta, no bastaría la eternidad.
EL RAYO HA PERFUMADO FEROZMENTE NUESTRA CASA
II El rayo ha perfumado ferozmente nuestra casa. Tenemos sed, tenemos prisa por golpear con el hueso de una flor en la tiniebla. Hay un árbol talado en esta historia. Contemplamos el cielo. No hay señales. ¿Es de día? ¿Es de noche? Murió la araña que medía el tiempo, sólo hay un viejo muro y una nueva familia de sombras.
EN LO MÁS NEGRO DEL VERANO
El agua de tu rostro en un rincón del jardín, el más oscuro del verano, canta como la luna.
Fantasma. Terrible a mediodía. A la altura de los lirios la muerte sonríe. Sobre una pequeñísima charca, ojo de dios, un insecto flota bocarriba. La miel silba en su vientre abierto al dedo del estío.
Todo canta a la altura de tu rostro suspendido como una luz eterna entre la noche y la noche.
Canta el pantano, arden los árboles, no hay distancia, no hay tiempo.
El verano trae lo perdido, el mundo es esta calle de fuego donde todas las rosas caen y vuelven a nacer, donde los cuerpos se consumen enlazados para siempre en lo más negro del verano.
En un rincón del jardín bajo una piedra canta el verano. En lo más negro, en lo más ciego y blanco, donde todas las rosas caen, allí flota tu rostro, fantasma, terrible a mediodía.
ESA FRÍA LUZ DE LA MEMORIA
Es fría la luz de la memoria lo apenas entrevisto brilla con insistencia gira buscando el casco de botella o el charco de lluvia
tras cualquier puerta que se abre está la luna tan grande y plana tan fuera de lugar como si de un cuadro se tratara óleo sobre papel endurecido por el tiempo
así cayeron en la mente formas y colores casualidades azar que anuda sombras vuelcos en la negra marmita donde a borbotones se cuecen gozo y espanto
crece el yeso de un cielo mil veces lastimado mil veces blanqueado se borra el mundo y se vuelve a escribir hasta el último aliento
sólo esto eternidad aparente mísera astilla de luz en la entraña del animal que apenas estuvo
ESCENA FINAL
he dejado la puerta entreabierta soy un animal que no se resigna a morir
a eternidad es la oscura bisagra que cede un pequeño ruido en la noche de la carne
soy la isla que avanza sostenida por la muerte o una ciudad ferozmente cercada por la vida
o tal vez no soy nada sólo el insomnio y la brillante indiferencia de los astros
desierto destino inexorable el sol de los vivos se levanta reconozco esa puerta no hay otra
hielo primaveral y una espina de sangre en el ojo de la rosa.
ESTRÉCHAME LAS MANOS
II Estréchame las manos, la única luz que nos queda, no me dejes olvidada en la cima de una ola.
Aléjate
Aparten ese frío paisaje de cipreses, escombren esos náufragos que ocultan el horizonte.
La vida es una noticia conmovedora.
Atravieso el desierto, la terrible fiesta en el centro de un cielo derribado. Estoy casi olvidando.
FUENTE
Junto al pozo llegué, mi ojo pequeño y triste se hizo hondo, interior.
Estuve junto a mí, llena de mí, ascendente y profunda, mi alma contra mí, golpeando mi piel, hundiéndola en el aire, hasta el fin.
La oscura charca abierta por la luz.
Éramos una sola criatura, perfecta, ilimitada, sin extremos para que el amor pudiera asirse. Sin nidos y sin tierra para el mando
HISTORIA
puedes contarme cualquier cosa creer no es importante lo que importa es que al aire mueva tus labios o que tus labios muevan el aire que fabules tu historia tu cuerpo a toda hora sin tregua como una llama que a nada se parece sino a una llama
HOGUERA DE SILENCIOS...
hoguera de silencios crepitar de lamentos por el camino de la carne sangre en vilo se llega al mundo
así alumbra su blanco la tiniebla así nace la interminable coda así la mosca desova en el hilo de luz
la tierra gira el ojo de dios no se detiene
qué haríamos pregunto sin esta enorme oscuridad
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Publicado el 16/03/2008 a 10:48
Por jemwong
Humor : Tierno

RECORDANDO A VICTOR HUGO
Victor Marie Hugo (1802-1885)
Poeta, novelista y dramaturgo francés cuyas voluminosas obras constituyeron un gran impulso, quizá el mayor dado por una obra singular, al romanticismo en aquel país.
Hugo nació el 26 de febrero de 1802, en Besançon, y fue educado tanto con tutores particulares como en escuelas privadas de París. Era un niño precoz, que a muy corta edad decidió convertirse en escritor. En 1817 la Academia Francesa le premió un poema y, cinco años más tarde, publicó su primer volumen de poemas, Odas y poesías diversas, que fue seguido por las novelas Han ’Islande (1823) y Bug-Jargal (1824), y por los poemas de Odas y baladas (1826). En el prefacio de su extenso drama histórico Cromwell (1827), Hugo plantea un llamamiento a la liberación de las restricciones que imponían las tradiciones del clasicismo. Este encendido llamamiento se convirtió muy pronto en el manifiesto del romanticismo. La censura recayó sobre la segunda obra teatral de Hugo, Marion de Lorme (1829), basada en la vida de una cortesana francesa del siglo XVII, por considerarla demasiado liberal. Hugo se resarció de la censura el 25 de febrero de 1830, cuando su obra teatral en verso, Hernani, tuvo un tumultuoso estreno que aseguró el éxito del romanticismo. Hernani fue adaptada por el compositor italiano Giuseppe Verdi y dio como resultado su ópera Ernani (1844).
El periodo 1829-1843 fue el más productivo de la carrera de Victor Hugo. Su gran novela histórica Nuestra Señora de París (1831), un cuento que se desarrolla en el París del siglo XV, le hizo famoso y le condujo al nombramiento de miembro de la Academia Francesa en 1841. En otra novela de esta etapa, Claude Gueux (1834), condenó elocuentemente los sistemas penal y social de la Francia de su tiempo. Escribió varios volúmenes de poesía lírica que fueron muy bien recibidos. Entre ellos se cuentan Orientales (1829), Hojas de otoño (1831), Los cantos del crepúsculo (1835) y Voces interiores (1837). Obras teatrales de gran éxito suyas son : El rey se divierte (1832), adaptado por Verdi en su ópera Rigoletto (1851), el drama en prosa Lucrecia Borgia (1833) y el melodrama Ruy Blas (1838). En cambio Les Burgraves (1843) fue un estrepitoso fracaso.
Al disgusto de Hugo por el fracaso de esta obra se le unió ese mismo año la muerte de su hermana mayor y del marido de ésta, ambos ahogados. Se alejó de la poesía y se dedicó de un modo más activo a la política. Su familia siempre había sido bonapartista, y él mismo, en su juventud, había sido monárquico. En 1845 fue nombrado par de Francia por el rey Luis Felipe, pero cuando se produjo la revolución de 1848, Hugo era ya republicano. En 1851, después del fracaso de la revuelta contra el presidente Luis Napoleón, más tarde emperador con el nombre de Napoleón III, Hugo hubo de emigrar hacia Bélgica. En 1855 dio comienzo su largo exilio de quince años en la isla de Guernsey.
Durante estos años, Hugo escribió la feroz sátira, Napoleón el pequeño (1852), los poemas satíricos Los castigos (1853), el libro de poemas líricos Las contemplaciones (1856) y el primer volumen de su poema épico La leyenda de los siglos (1859-1883). En Guernsey completó su más extensa y famosa obra, Los miserables (1862), una novela que describe vívidamente, al tiempo que condena, la injusticia social de la Francia del siglo XIX.
Hugo regresó a Francia después de la caída del Segundo Imperio en 1870, y reanudó su carrera política. Fue elegido primero para la Asamblea Nacional y más tarde para el Senado. Entre las obras más destacables de sus últimos quince años se cuentan El noventa y tres (1874), una novela sobre la Revolución Francesa; y El arte de ser abuelo (1877), conjunto de poemas líricos acerca de su vida familiar.
Las obras de Víctor Hugo marcaron un decisivo hito en el gusto poético y retórico de las jóvenes generaciones de escritores franceses, y todavía es considerado como uno de los poetas más importantes de este país.
Después de su muerte, acaecida el 22 de mayo de 1885, en París, su cuerpo permaneció expuesto bajo el Arco del Triunfo y fue trasladado, según su deseo, en un mísero coche fúnebre, hasta el Panthéon, donde fue enterrado junto a algunos de los más célebres ciudadanos franceses.
FUENTE : http://es.geocities.com/biblio_e_hugo/hugo.html
OBRAS
1820 Ode sur la Mort du Duc de Berry 1824 Nouvelles Odes 1826 Odes et Ballades 1827 Cromwell 1829 Les Orientales , Le dernier jour d'un condamné, Marion De Lorme 1830 Hernani 1831 Notre-Dame de Paris, Feuilles d'Automne 1832 Le Roi s'amuse 1833 Lucrèce Borgia, Marie Tudor 1835 Le Chants du Crépuscule 1837 Voix intérieures 1838 Ruy Blas 1843 Les Burgraves 1852 Napoléon le Petit 1853 Les Châtiments 1856 Les Contemplations 1859 La Légende des Siècles 1862 Les Misérables 1863 William Shakespeare 1865 Chansons des rues et des bois 1866 Les Travailleurs de la mer, Mille francs de récompense, l'Intervention 1869 l'Homme qui rit 1874 Quatre-Vingt-Treize et Mes Fils 1875 deux premiers volumes d'Actes et Paroles (Avant l'exil et pendant l'exil) 1876 troisième volume d'Actes et Paroles (Depuis l'exil) 1877 deuxième série de la Légende des Siècles , l'Art d'être grand-père, première partie de l'Histoire d'un crime 1878 deuxième partie de l'Histoire d'un crime, Le Pape 1879 La Pitié Suprême 1880 Religions et religion (écrit en 1870) 1883 troisième Tome de la Légende des Siècles Posthume 1886 La Fin de Satan 1887-1900 Choses vues (essai)
POEMAS DE VICTOR HUGO
A UNA MUJER Victor Hugo
¡Niña!, si yo fuera rey daría mi reino, mi trono, mi cetro y mi pueblo arrodillado, mi corona de oro, mis piscinas de pórfido, y mis flotas, para las que no bastaría el mar, por una mirada tuya.
Si yo fuera Dios, la tierra y las olas, los ángeles, los demonios sujetos a mi ley. Y el profundo caos de profunda entraña, la eternidad, el espacio, los cielos, los mundos ¡daría por un beso tuyo!
VEN! EN LA PRADERA EN FLOR Victor Hugo
¡Ven! En la pradera en flor, suena una flauta invisible… El canto más apacible es el canto del pastor.
Un hálito fresco y suave riza la onda de cristal… La música más jovial es la música del ave.
¡Que la sombra del dolor no nuble tu faz radiante! El himno más palpitante es el himno del amor.
Versión de Salvador Díaz Mirón
SI PUDIÉRAMOS IR Victor Hugo
Él decía a su amada: Si pudiéramos ir los dos juntos, el alma rebosante de fe, con fulgores extraños en el fiel corazón, ebrios de éxtasis dulces y de melancolía,
hasta hacer que se rompan los mil nudos con que ata la ciudad nuestra vida; si nos fuera posible salir de este París triste y loco, huiríamos; no se adónde, a cualquier ignorado lugar,
lejos de vanos ruidos, de los odios y envidias, a buscar un rincón donde crece la hierba, donde hay árboles y hay una casa chiquita con sus flores y un poco de silencio, y también
soledad, y en la altura cielo azul y la música de algún pájaro que se ha posado en las tejas, y un alivio de sombra… ¿Crees que acaso podemos tener necesidad de otra cosa en el mundo?
Versión de Víctor M. Londoño
QUIEN NO AMA NO VIVE * Victor Hugo
Quienquiera que fueres, óyeme: si con ávidas miradas nunca tú a la luz del véspero has seguido las pisadas, el andar süave y rítmico de una celeste visión;
O tal vez un velo cándido, cual meteoro esplendente, que pasa, y en sombras fúnebres ocúltase de repente, dejando de luz purísima un rastro en el corazón;
Si sólo porque en imágenes te la reveló el poeta, la dicha conoces íntima, la felicidad secreta, del que árbitro se alza único de otro enamorado ser;
Del que más nocturnas lámparas no ve, ni otros soles claros, ni lleva en revuelto piélago más luz de estrellas ni faros que aquella que vierten mágica los ojos de una mujer;
Si el fin de sarao espléndido nunca tú aguardaste afuera, embozado, mudo, tétrico mientras en la altavidriera reflejos se cruzan pálidos del voluptuoso vaivén),
Para ver si como ráfaga luminosa a la salida, con un sonreír benévolo te vuelve esperanza y vida joven beldad de ojos lánguidos, orlada en flores la sien.
Si celoso tú y colérico no has visto una blanca mano usurpada, en fiesta pública, por la de galán profano, y el seno que adoras, próximo a otro pecho, palpitar;
Ni has devorado los ímpetus de reconcentrada ira, rodar viendo el valse impúdico que deshoja, mientras gira en vertiginoso círculo, flores y niñas al par;
Si con la luz del crepúsculo no has bajado las colinas, henchida sintiendo el ánima de emociones mil divinas, ni a lo largo de los álamos grato el pasear te fue;
Si en tanto que en la alta bóveda un astro y otro relumbra, dos corazones simpáticos no gozasteis la penumbra, hablando palabras místicas, baja la voz, tardo el pie;
Si nunca al roce magnético temblaste de ángel soñado; si nunca un Te amo dulcísimo, tímidamente exhalado, quedó sonando en tu espíritu cual perenne vibración;
Si no has mirado con lástima al hombre sediento de oro, para el que en vano munífico brinda el amor su tesoro, y de regio cetro y púrpura no tuviste compasión;
Si en medio de noche lóbrega cuando todo duerme y calla, y ella goza sueño plácido, contigo mismo en batalla no te desataste en lágrimas con un despecho infantil;
Si enloquecido o sonámbulo no la has llamado mil veces, quizá mezclando frenético las blasfemias a las preces, también a la muerte, mísero, invocando veces mil;
Si una mirada benéfica no has sentido que desciende a tu seno, como súbito lampo que las sombras hiende y ver nos hace beatífica región de serena luz;
O tal vez el ceño gélido sufriendo de la que adoras, no desfalleciste exánime, misterios de amor ignoras; ni tú has probado sus éxtasis ni tú has llevado su cruz.
Versión de Miguel Antonio Caro
*No ha habido que traducir el título, porque el autor tuvo el capricho de ponerlo en español. N. del T.
PLENITUD Victor Hugo
Puesto que apliqué mis labios a tu copa llena aún, y puse entre tus manos mi pálida frente; puesto que alguna vez pude respirar el dulce aliento de tu alma, perfume escondido en la sombra.
Puesto que me fue concedido escuchar de ti las palabras en que se derrama el corazón misterioso; ya que he visto llorar, ya que he visto sonreír, tu boca sobre mi boca, tus ojos en mis ojos.
Ya que he visto brillar sobre mi cabeza ilusionada un rayo de tu estrella, ¡ay!, siempre velada. Ya que he visto caer en las ondas de mi vida un pétalo de rosa arrancado a tus días,
puedo decir ahora a los veloces años: ¡Pasad! ¡Seguid pasando! ¡Yo no envejeceré más! Idos todos con todas nuestras flores marchitas, tengo en mi álbum una flor que nadie puede cortar.
vuestras alas, al rozarlo, no podrán derramar el vaso en que ahora bebo y que tengo bien lleno. Mi alma tiene más fuego que vosotros ceniza. Mi corazón tiene más amor que vosotros olvido.
Versión de L. S.
OCÉANO NOX Victor Hugo
¡Ay!, ¡cuántos capitanes y cuántos marineros que buscaron, alegres, distantes derroteros, se eclipsaron un día tras el confín lejano! Cuántos ¡ay!, se perdieron, dura y triste fortuna, en este mar sin fondo, entre sombras sin luna, y hoy duermen para siempre bajo el ciego oceano.
¡Cuántos pilotos muertos con sus tripulaciones! La hojas de sus vidas robaron los tifones y esparciolas un soplo en las ondas gigantes. Nadie sabrá su muerte en este abismo amargo. Al pasar, cada ola de un botín se hizo cargo: una cogió el esquife y otra los tripulantes.
Se ignora vuestra suerte, oh cabezas perdidas que rodáis por las negras regiones escondidas golpeando vuestras frentes contra escollos ignotos. ¡Cuántos padres vivían de un sueño solamente y en las playas murieron esperando al ausente que no regresó nunca de los mares remotos!
En las veladas hablan a veces de vosotros. Sentados en las anclas, unos fuman y otros enlazan vuestros nombres -ya de sombra cubierta- a risas, a canciones, a historias divertidas, o a los besos robados a vuestras prometidas, ¡mientras dormís vosotros entre las algas yertos!
Preguntan: « ¿Dónde se hallan? ¿Triunfaron? ¿Son felices? ¿Nos dejaron por otros más fértiles países?» Después, vuestro recuerdo mismo queda perdido. Se traga el mar el cuerpo y el nombre la memoria. Sombras sobre las sombras acumula la historia y sobre el negro océano se extiende el negro olvido.
Pronto queda el recuerdo totalmente borrado. ¿No tiene uno su barca, no tiene otro su arado? Tan sólo vuestras viudas, en noches de ciclones, aún hablan de vosotros-ya de esperar cansadas- moviendo así las tristes cenizas apagadas de sus hogares muertos y de sus corazones.
Y cuando al fin la tumba los párpados les cierra, nada os recuerda, nada, ni una piedra en la tierra del cementerio aldeano donde el eco responde, ni un ciprés amarillo que el otoño marchita, ni la canción monótona que un mendigo musita bajo un puente ya en ruinas que su dolor esconde.
¿En dónde están los náufragos de las noches oscuras? ¡Sabéis vosotras, ¡olas! , siniestras aventuras, olas que en vano imploran las madres de rodillas! ¡Las contáis cuando avanza la marea ascendente y esto es lo que os da aquella voz amarga y doliente con que lloráis de noche golpeando en las orillas!
Versión de Andrés Holguín
NOCHE DE JUNIO Victor Hugo
Muere el día en verano. De sus flores cubierto, vierte el campo a lo lejos un perfume embriagante. Con los ojos cerrados y el oído entreabierto, dormimos en un sueño más claro y fascinante.
Es más grata la sombra y el lucero es más puro. Una luz imprecisa los espacios colora, y el alba dulce y pálida, esperando su hora, vaga toda la noche al pie del cielo oscuro.
Versión de Andrés Holguín
LOS NIDOS Victor Hugo
Cuando el soplo de abril abre las flores, buscan las golondrinas de la vieja torre las agrestes ruinas; los pardos ruiseñores buscando van, bien mío, el bosque más sombrío, para esconder a todos su morada en los frondosos ramos. y nosotros también, en el tumulto de la inmensa ciudad, hogar oculto anhelantes buscamos, donde jamás oblicua una mirada llegue como un insulto; y preferimos las desiertas calles donde la turba inquieta en tropel no se agrupa; y en los valles las sendas del pastor y del poeta; y en la selva el rincón desconocido donde no llegan del mundo los rumores. Como esconden los pájaros su nido, vamos allí a ocultar nuestros amores.
Versión de Salvador Díaz Mirón
LISE Victor Hugo
Yo tenía doce años; dieciséis ella al menos. Alguien que era mayor cuando yo era pequeño. Al caer de la tarde, para hablarle a mis anchas, esperaba el momento en que se iba su madre; luego con una silla me acercaba a su silla, al caer de la tarde, para hablarle a mis anchas.
¡Cuánta flor la de aquellas primaveras marchitas, cuánta hoguera sin fuego, cuánta tumba cerrada! ¿Quién se acuerda de aquellos corazones de antaño? ¿Quién se acuerda de rosas florecidas ayer? Yo sé que ella me amaba. Yo la amaba también. Fuimos dos niños puros, dos perfumes, dos luces.
Ángel, hada y princesa la hizo Dios. Dado que era ya persona mayor, yo le hacía preguntas de manera incesante por el solo placer de decirle: ¿Por qué? Y recuerdo que a veces, temerosa, evitaba mi mirada pletórica de mis sueños, y entonces se quedaba abstraída.
Yo quería lucir mi saber infantil, la pelota, mis juegos y mis ágiles trompos; me sentía orgulloso de aprender mi latín; le enseñaba mi Fedro, mi Virgilio, la vida era un reto, imposible que algo me hiciera daño. Puesto que era mi padre general, presumía.
Las mujeres también necesitan leer en la iglesia en latín, deletreando y soñando; y yo le traducía algún que otro versículo, inclinándome así sobre su libro abierto. El domingo, en las vísperas, desplegar su ala blanca sobre nuestras cabezas yo veía a los ángeles.
De mí siempre decía: ¡Todavía es un niño! Yo solía llamarla mademoiselle Lise. Y a menudo en la iglesia, ante un salmo difícil, me inclinaba feliz sobre su libro abierto. Y hasta un día, ¡Dios mío, Tú lo viste!, mis labios hechos fuego rozaron sus mejillas en flor.
Juveniles amores, que duraron tan poco, sois el alba de nuestro corazón, hechizad a aquel niño que fuimos con un éxtasis único. Y al caer de la tarde, cuando llega el dolor, consolad nuestras almas, deslumbradas aún, juveniles amores, que duraron tan poco.
Versión de Enrique Uribe White
LA TUMBA Y LA ROSA Victor Hugo
La tumba dijo a la rosa: -¿Dime qué haces, flor preciosa, lo que llora el alba en ti?
La rosa dijo a la tumba: -de cuanto en ti se derrumba, sima horrenda, ¿qué haces, di?
Y la rosa: -¡Tumba oscura de cada lágrima pura yo un perfume hago veloz.
Y la tumba: -¡Rosa ciega! De cada alma que me llega yo hago un ángel para Dios.
Versión de Rafael Pombo
LA BELLEZA Y LA MUERTE Victor Hugo
La belleza y la muerte son dos cosas profundas, con tal parte de sombra y de azul que diríanse dos hermanas terribles a la par que fecundas, con el mismo secreto, con idéntico enigma.
Oh, mujeres, oh voces, oh miradas, cabellos, trenzas rubias, brillad, yo me muero, tened luz, amor, sed las perlas que el mar mezcla a sus aguas, aves hechas de luz en los bosques sombríos.
Más cercanos, Judith, están nuestros destinos de lo que se supone al ver nuestros dos rostros; el abismo divino aparece en tus ojos,
y yo siento la sima estrellada en el alma; mas del cielo los dos sé que estamos muy cerca, tú porque eres hermosa, yo porque soy muy viejo.
Versión de Carlos Pujol
EL TRIUNFO Victor Hugo
Estaba despeinada y con los pies desnudos al borde del estanque y en medio del juncal… Creí ver una ninfa, y con acento dulce: “¿quieres venir al bosque?”, le pregunté al pasar.
Lanzóme la mirada suprema que fulgura en la beldad vencida que cede a la pasión; y yo le dije: “Vamos; es la época en que se ama: ¿quieres seguirme al fondo del naranjal en flor?”
Secó las plantas húmedas en el mullido césped, fijó en mí las pupilas por la segunda vez, y luego la traviesa quedóse pensativa… ¡Qué canto el de las aves en el momento aquel!
¡Con qué ternura la onda besaba la ribera! De súbito la joven se dirigió hacia mí, rïendo con malicia por entre los cabellos flotantes y esparcidos sobre la faz gentil.
Versión de Salvador Díaz Mirón
CANCIÓN II Victor Hugo
Si nada de mí queréis, ¿por qué os acercáis a mí? Y si así me enloquecéis, ¿por qué me miráis así? Si nada de mí queréis, ¿por qué os acercáis a mí?
Si nada intentáis decir, ¿por qué mi mano apretáis? Del hermoso porvenir, de la dicha en que soñáis, si nada intentáis decir, ¿por qué mi mano apretáis?
Si queréis que aquí no esté, ¿por qué pasáis por aquí? Sois mi afán y sois mi fe; tiemblo al veros ¡ay de mí! Si queréis que aquí no esté, ¿por qué pasáis por aquí?
Versión de Salvador Díaz Mirón
CANCIÓN Victor Hugo
Nace el alba y tu puerta está cerrada Hermosa mía, ¿a qué dormir? ¿Si se despierta la rosa, no vas a despertar tú?
Mi lindo encanto escucha ya, a tu amante que canta y también llora.
Todo llama a tu puerta bendita. Dice la aurora: «yo soy el día.» Dice el pájaro: «yo la armonía.» Y mi corazón: «yo el amor.»
Mi lindo encanto escucha ya, a tu amante que canta y también llora.
Te adoro, ángel, te amo mujer Dios que me completó contigo creó mi amor para tu alma. Y mis ojos para tu belleza.
Versión de Rafael Pombo
BOOZ DORMIDO Victor Hugo
Booz se había acostado, rendido de fatiga; Todo el día había trabajado sus tierras y luego preparado su lecho en el lugar de siempre; Booz dormía junto a los celemines llenos de trigo.
Ese anciano poseía campos de trigo y de cebada; Y, aunque rico, era justo; No había lodo en el agua de su molino; Ni infierno en el fuego de su fragua.
Su barba era plateada como arroyo de abril. Su gavilla no era a
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