En un rincón del cielo las ollas están de fiesta, bailan locas las cucharas una danza misteriosa.
Al fondo de la cocina se escucha una voz chillona ¡Apúrense que llega la reina! ¡Que se bañen las mazorcas!
mmmmmmmmmm Piensa el viejo cucharón, comeremos mazamorra, alfajores , queques, picarones y turrón.
No llooore señor Javier, yo estoy contento, dice el vivaracho pejerrey. No llooore mi gran Gastón, seque pronto el lagrimón, mientras alisto la guarnición, que seguro viene cansadita, la mamá de la cocina, de taaanto preparar frijol.
De pronto la sartén, de un brinco sale corriendo, mi Reina de la Carapulcra, se enfadara si no tenemos: cebollas, ajos, pimienta, comino , chocolate y ají.
En un rincón del cielo, el que solo ella conoce se alista un gran fiestón, con guitarra y con cajón y un festejo va sonando para que el "Tuta" de "Banderitas Blancas" afinando ….afinando la reciba jaraneando.
Espátulas , cuchillos machete, piedra , batan, silva fuerte la tetera, no se olviden de abrir el caño, que a ella le encanta que el agua corra siempre por sus manos.
La Reina Negra nunca ta" quieta dice afónica la enorme cuchara de palo siempre tejiendo, siempre tejiendo y cocinando y cocinando.
En memoria a la Madre De La Cocina Peruana Teresa Izquierdo (1934-2011)
FANNY JEM WONG LIMA PERÚ 27-07-2011
La última entrevista que Teresa Izquierdo le dio a El Comercio (Archivo El Comercio)
NORA SUGOBONO (Setiembre del 2010)
Año tras año Mistura se va superando, sobre todo en cuanto a la respuesta del público. ¿Cómo ha sido su experiencia esta vez? Yo he terminado un poco cansadita. Fui todos los días, y todos los días me vine a las diez, once de la noche. La tensión que implica pensar qué preparar y alistarse es todo un tema. Pero estamos contentos, hemos experimentado nuevas cosas, el año pasado fue un poquito más cuadrado, ahora hemos tenido más espacio, hemos tenido más agua, ¡agua que le cae a uno por las manos! Dios mío, sin el agua no se puede. El año pasado la teníamos limitada. Ahora había caño abierto para el momento que quisieras.
Solo cuatro personas fueron catalogadas como cocineros de culto. Usted fue una de ellas. ¿A qué cree que se debe un honor como este? Primero me asusté mucho. Decía "pero por qué yo". Dentro de la nueva generación de cocineros parece que no hay muchas personas de edad: yo tengo 76 años y hay mucha gente con mi edad que no hace nada, están limitadas. Yo todavía estoy activa, estoy dentro del programa de la cocina, me preocupo, participo en todo. Yo estoy en mi restaurante todos los días, aunque no dentro de la cocina, a no ser que me provoque hacer alguna cosa. Tengo una mesita que mandé a hacer, que es de mi tamaño, donde puedo poner mi batán para moler, picar con comodidad, poner una tabla… me van pasando las cosas y yo las voy haciendo ahí, entonces sí participo.
Después de tantos años, no estar dentro de la cocina es un privilegio bien ganado. Claro que sí. Pero es que si no hago algo, me siento mal. Por ejemplo, voy temprano a mi casa y me pongo a tejer, no puedo estar sin mover las manos. Me digo a mí misma ¿qué cosa? ¿Estoy enferma? ¿Qué me pasa? No, pues. Me siento incómoda, ¡tengo que estar siempre haciendo algo! Ahora mi hija no me deja hacer galletas, alfajores, queques, esas cosas, para no engordarnos. Por eso tejo. Va a ser un poco difícil quitarme ese ímpetu.
Estamos en un momento importante en el desarrollo de nuestra gastronomía, un punto de encuentro entre la fusión y la tradición. ¿Cree que se puede llegar a un equilibrio entre ambas? Se debe innovar, pero sin matar la receta original. Hay algunos que se mueren por las nuevas cocinas y están muy preocupados por eso. Yo lo único que les aconsejo es que las innovaciones que ellos quieran pueden hacerlas, pero me parece que no deben salirse de lo que es el plato tradicional: un olluquito con charqui toda la vida ha sido un olluquito con charqui. Si no te gusta el charqui, le pones carnes. Lo puedes adornar con un pedacito de camote, por ejemplo. Lo que hay que hacer es ir puliendo nuestros platos, que como son criollos se ha acostumbrado a servir en porciones muy gruesas. Hay que ser más fieles a la receta real.
Entrar a El Rincón que No Conoces, su restaurante en Lince, es como entrar al comedor de una casa, se siente mucha calidez. Exacto, y eso es lo que siempre les digo a las personas. Yo les agradezco a todos los que vienen aquí a almorzar porque lo mío no es más que comida casera. Lo que pasa es que le pongo el toque preciso al aderezo de lo que voy a cocinar; esa creo que es la pequeña contribución que hay. El comino lo uso completamente medido. La gente me dice: "Cuando como aquí no me caen mal los frejoles".
¿Cree que de aquí a 10 o 15 años todavía van a existir locales como este en Lima? ¿Que se podría hacer para que no se pierdan? Creo que será difícil. Para que sigan existiendo tiene que haber una persona que esté siempre detrás, alguien que siga la tradición. Por ejemplo, mi hija va a estar siempre acá, siguiendo lo mío. En las escuelas se debe tener una mejor base en los platos tradicionales antes de la fusión; todo debe de empezar por ahí. Eso va a ser duro, muy difícil. En Mistura salió premiada una sopa teóloga, una receta que mi mamá hacía, pero yo nunca me puse a su lado para ver cómo se preparaba y ahora no la recuerdo bien. Hay platos que se están perdiendo, a eso quiero llegar.
*¿Cuál es su plato favorito, Teresa?* A mí me encanta el frejol con seco de cabrito.
¿Le gusta alguno de fusión? Claro, y siempre les digo que está muy bueno. Pero la verdad es que yo me quedo con lo mío.
Facundo Cabral, de 74 años, ha sido vilmente asesinado en
Guatemala hoy 9 de Julio de 2011 aproximadamente a las 6 am Hora local.
Facundo Cabral murió baleado por desconocidos cuando se
dirigía al aeropuerto local la Aurora después de una gira de conciertos.
También fue herido su representante.
Biografía:
Cantante, compositor, escritor y dibujante argentino, cuyas
presentaciones son noches de poesía y filosofía revestidas de música,
anécdotas e historias. El padre abandonó a la familia cuando Facundo
Cabral era muy pequeño, quedando su madre a cargo de él y sus dos
hermanos. La infancia de Facundo Cabral transcurrió con muchas
carencias. Fue encerrado en un reformatorio, de donde escapó al poco
tiempo. En 1959 ya tocaba la guitarra y cantaba folklore. Tiempo
después, Facundo Cabral viaja de Tierra del Fuego a Mar del Plata, una
localidad de Buenos Aires, empleándose en un hotel. El encargado del
lugar le ofrece cantar, llamándose primero “El indio Gasparino” y más
adelante usando su nombre verdadero. En 1970 se conoce la canción “No
Soy De Aquí, Ni Soy De Allá”, que le da fama mundial a Facundo Cabral.
Su vida toma un rumbo espiritual, transformándose en un cantante de
protesta y realizando, a través de sus canciones, críticas sociales.
Durante la última Dictadura Argentina (1976-1983), debió exiliarse en
México, donde sigue trabajando incansablemente. En 1984 regresa a la
República Argentina, habiendo recorrido muchos países donde llevó su
arte y pensamiento. Desde ese momento, se asocia a Facundo Cabral con la
lucha por la libertad, la justicia social y el amor. En reconocimiento a
su constante llamado a la paz y al amor, la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) lo
declaró “Mensajero Mundial de la Paz” (1996). En un confuso episodio,
Facundo Cabral es asesinado en la Ciudad de Guatemala, camino al
Aeropuerto Internacional La Aurora para tomar un avión que lo llevaría a
Nicaragua.
Distraído de la vida que te puebla, distraído de la vida que
te rodea delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que
cayó tu hermano, que sufre por un ser humano, cuando en el mundo hay
5,600 millones. Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien,
decidiendo a cada instante lo que quiero hacer y gracias a la soledad me
conozco…… algo fundamental para vivir.
No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque
tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y
Rubinstein interpretaba como nadie a Chopin a los 90, sólo por citar dos
casos conocidos.
No estás deprimido, estás distraído. Por eso crees que
perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste
ni un solo pelo de tu cabeza, por lo tanto no puedes ser dueño de nada.
Además, la vida no te quita cosas: te libera de cosas… te aliviana para
que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la
tumba es una escuela; por eso, lo que llamas problemas, son lecciones.
No perdiste a nadie: el que murió, simplemente se nos adelantó, porque
para allá vamos todos. Además, lo mejor de él, el amor, sigue en tu
corazón.
Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Miguel
Ángel, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre, que
creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos
distrae con demasiadas cosas y nos aleja, porque nos hace desconfiados.
Haz sólo lo que amas y serás feliz. El que hace lo que ama,
está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar,
porque lo que debe ser será y llegará naturalmente. No hagas nada por
obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y
en esa plenitud todo es posible y sin esfuerzo, porque te mueve la
fuerza natural de la vida, la que me levantó cuando se cayó el avión con
mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me
diagnosticaban 3 ó 4 meses de vida. Luna_1
Dios te puso un ser humano a cargo y eres tú mismo. A ti
debes hacerte libre y feliz. Después podrás compartir la vida verdadera
con los demás. Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que
esa criatura que estás viendo es obra de Dios y decide ahora mismo ser
feliz, porque la felicidad es una adquisición. Además, la felicidad no
es un derecho, sino un deber; porque si no eres feliz, estás amargando a
todo el barrio.
Un solo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir,
mandó matar a seis millones de hermanos judíos. Hay tantas cosas para
gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto que sufrir es una
pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores
de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los
tacos mexicanos, el Pisco peruano, los mares y los ríos, el fútbol de
los brasileños, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el
Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman, la
música de Mahler, Mozart, Chopin, Beethoven; las pinturas de Caravaggio,
Rembrandt, Velázquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.
Y si tienes cáncer o SIDA, pueden pasar dos cosas y las dos
son buenas: si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto (tengo
hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo
dudas)…y si le ganas, serás más humilde, más agradecido… por lo tanto,
fácilmente feliz, libre del tremendo peso de la culpa, la
responsabilidad y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante
profundamente, como debe ser.
No estás deprimido, estás desocupado. Ayuda al niño que te
necesita, ese niño será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos y los
jóvenes: te ayudarán cuando lo seas. Además, el servicio es una
felicidad segura, como gozar a la naturaleza y cuidarla para el que
vendrá. Da sin medida y te darán sin medida. Ama hasta convertirte en lo
amado; más aún, hasta convertirte en el mismísimo Amor.
Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas. El
bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace
más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay
millones de caricias que alimentan a la vida. Vale la pena, ¿verdad?.
Si Dios tuviera un refrigerador, tendría tu foto pegada en él.
Si El tuviera una cartera, tu foto estaría dentro de ella.
El te manda flores cada primavera.
El te manda un amanecer cada mañana.
Cada vez que tú quieres hablar, El te escucha.
El puede vivir en cualquier parte del universo, pero El escogió Tu corazón.
Enfréntalo, amigo -El está loco por ti!.
Dios no te prometió días sin dolor, risa sin tristeza, sol
sin lluvia, pero El si prometió fuerzas para cada día, consuelo para las
lágrimas, y luz para el camino.
“Cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y un razones por las cuales sonreír”.
ZXXXX
Cuando un amigo se va Queda un espacio vació Que no lo puede llenar La llegada de otro amigo Cuando un amigo se va Queda un tizón encendido Que no se puede apagar Ni con las aguas de un rió Cuando un amigo se va Una estrella se a perdido La que ilumina el lugar Donde hay un niño dormido Cuando un amigo se va Se detienen los caminos Y se empieza a revelar El duende manso del vino Cuando un amigo se va Galopando su destino Empieza el alma a vibrar Por que se llena de frió Cuando un amigo se va Queda un terreno baldío Que quiere el tiempo llenar Con las piedras del astillo Cuando un amigo se va Se queda un árbol caído Que ya no vuelve a brotar Por que el viento a vencido Cuando un amigo se va Queda un espacio vació Que no lo puede llenar La llegada de otro amigo
Cuando un pueblo trabaja dios lo respeta. Pero cuando un pueblo canta, dios lo ama.
Nacemos para vivir, por eso el capital más importante que
tenemos es el tiempo, es tan corto nuestro paso por este planeta que es
una pésima idea no gozar cada paso y cada instante, con el favor de una
mente que no tiene limites y un corazón que puede amar mucho más de lo
que suponemos.
Ama hasta convertirte en lo amado, es más, hasta convertirte en el amor.
De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede
empezar de nuevo; ahora mismo le puedes decir basta a los hábitos que te
destruyen, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los
noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir
tu vida por el camino perdido.
Ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo.
Vive de instante en instante, porque eso es la vida.
No te sientas aparte y olvidado, todos somos la sal de la tierra.
En la tranquilidad hay salud, como plenitud, dentro de uno.
Perdónate, acéptate, reconócete y ámate. Recuerda que tienes que vivir
contigo mismo por la eternidad.
Borra el pasado para no repetirlo, para no tratarte como te
trataron ellos; pero no los culpes, porque nadie puede enseñar lo que no
sabe, perdónalos y te liberarás de esas cadenas.
Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá, entonces serás siempre nuevo.
Tienes el poder para ser libre en este mismo momento, el
poder está siempre en el presente porque toda la vida está en cada
instante
¡Pero no digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente
no tiene sentido del humor, lo tomará en serio, y te lo recordará cadavez que lo intentes!
Recuerdo al apache que me dijo al norte de Chihuahua: El
Cielo se lleva el agua de los ríos y de los arroyos, pero después llora
por haberle quitado algo tan esencial a los hijos de su hija, la Tierra,
y ese llanto es la lluvia, llanto tan generoso que preña a la tierra,
entonces vuelven a surgir plantas y flores, y los animales sobreviven
porque pueden volver a beber. Después el Cielo vuelve a distraerse con
Dios, que lo excita tanto que le aumenta la sed, entonces vuelve a secar
ríos y arroyos, cuento que parece que se repetirá por la Eternidad, ese
invisible mar por donde navega el misterioso Tiempo.
Recuerdo al Ganges, que nace de Shiva, el que pone en
movimiento al Universo cuando baila, el dios de muchas cabezas porque
alberga todos los pensamientos, y todos se hacen uno para que el
espíritu lo acalle fácil y rápidamente. Recuerdo a Jesús caminando sobre
un mar de leche hacia una isla cubierta de miel, donde de un caracol
salía el brazo donde se apoyaba la mariposa que sigue volando en mi
memoria, la mariposa de vidrio que cortaba al muro de hierro.
No puedo recordarla entera porque la memoria,
inevitablemente, selecciona (es el más antiguo de los antólogos), por
eso solo recuerdo su mejor perfil, sus mejores ideas y sus mejores días,
cuando adoraba al árbol como organizador de la Naturaleza, el
responsable del equilibrio entre las presiones de las alturas y las
gravitaciones de las profundidades, el árbol que tiene los dones de la
longevidad y el silencio, el árbol que fue la primera y será la última
manera de la arquitectura, el árbol de la estabilidad que soñamos en la
madurez.
La recuerdo abierta a todo gracias a la generosa curiosidad
que nos enriquece para enriquecer, viendo las cosas antes porque era la
única que podía pasar del otro lado del horizonte, la recuerdo conmovida
en los amaneceres de los pobres, tan diferentes a los amaneceres de los
ricos, que casi nunca se dan cuenta que tienen al amor en casa, que
suelen estar muy ocupados como para ver el sol, el bosque o el mar. La
recuerdo empolvada como una geisha en la mecedora de mimbre, envuelta
por el más liviano hilo blanco, jugando con el collar de cuatro vueltas
mientras caía el sol a un costado de Puerto Príncipe, la recuerdo reina
de la belleza entre los negros que la abanicaban con plumas de avestruz,
la recuerdo china, es decir perfeccionando constantemente a su único
poema, la recuerdo sentada a los pies de Rubinstein, al que le gustaba
beber champagne después de Chopin y contar cuentos polacos, la recuerdo
gritando en el balcón parisino: ¡ Está nevando sobre el arte!
Recuerdo a la mujer que Poe enterró en la pared y al león que
salía del refrigerador cada vez que María Callas le abría la puerta, y
salía para matarla, para que ella siguiera ensayando la resurrección.
Recuerdo a la estrella fugaz que, en realidad, fue ese desconocido que
alguna vez me dijo que era mi padre (mi madre decía que yo esperé que mi
padre se fuera para nacer porque no quería compartirla con nadie, pero
pronto me cansé de esa historia, que no era la mía, y me fui a vivir
solo, o dicho de otra manera, de una manera más amable: Una tarde, todos
los niños del pueblo volvieron a sus casas menos yo, que al seguir
siempre derecho, di la vuelta al mundo, es decir volví a casa).
Recuerdo el dramático estilo literario de las esculturas de
Donatello: la María Magdalena hambrienta hasta los huesos, el Bautista
con todo el desierto y la gran noticia a cuestas. Recuerdo la brillante
violencia de Donatello, que estalló en el siglo quince entre
Michelàngelo y los Medicci, entre Leonardo y Ghiberti, que me anticipó
las puertas del Paraíso, que me devolvió al Cristo que había perdido
entre las almas perdidas del Purgatorio, que me rodeó, en los años
setenta del siglo veinte, de niños, caballos y ángeles en la Florencia
donde floreció lo que sembré en Buenos Aires, que se está diluyendo en
su propia sombra.
Recuerdo las luminosas oscuridades de Donatello, que regresan
a mí en las deliciosas canciones de Richard Strauss, que me hace
pensar, a través de Jessye Norman, como Emerson, que de entre los
hombres saldrá el hombre porque en cada hombre duerme el héroe que
reverenció Carlyle.
Me contó Rafael Alberti que Picasso le contó que Braque
pintaba en el piso que estaba arriba del estudio de Duffy, que hizo
mucho dinero diseñando para telas finas, creando estampas para vestidos
con los que los ricos envolverían a las mujeres más sofisticadas de
Paris, días en que la pintura estaba tan cerca de la poesía que Duffy
ilustraba los libros de Apolinaire, el Duffy que fue desde las tardes
del hipódromo a las madrugadas del jazz, que se valió hasta de los
caracteres chinos para llegar a la belleza, que nunca le fue esquiva, el
Duffy que viendo correr por un pasillo blanco a una niña vestida de
rojo se dio cuenta que el color va más rápido que la forma, que los dos
son independientes, que tienen vida propia, por eso liberó al color de
los límites de sus dibujos, es decir de la forma, por eso sus obras son
tan veloces, tan graciosamente livianas, tan encantadoras como Ninoska,
que leía maravillosas historias en las maravillosas estampas de las
maravillosas batas de su maravillosa abuela, que me prodigó sus
cortesías en el Paris de la France, que me enseñó a detenerme donde
valía la pena, detenerme para crecer, por ejemplo frente a cualquier
tela de Duffy, tan enamorado de la Cotè d’ Azur donde comencé a
sospechar mi antigua aristocracia, a presentir que siempre hay más, y en
ese más está el arte, donde comprobé que Van Gogh primero incendiaba al
trigal, y después pintaba el incendio, el arte donde aprendí que cuando
uno parpadea el ala aprovecha para llevarse a la paloma que solo se
detenía mucho tiempo en el balcón de Picasso, y esto para que la pintara
una y diez y treinta veces.
Para Duffy posó la misma mujer que eligieron Matisse y
Bonnard, el Duffy que, sin ser zurdo, pintaba con la mano izquierda, y
esto para no tener absoluto gobierno, para que la obra, ante todo, lo
sorprendiera a él, y en esa sencillez comenzaba, como en Mozart, su
trabajo, el Duffy al que solo la artritis pudo detener un poco, y esto
para evitarle a la muerte el trabajo de cazarlo.
Recuerdo al conmovedor Schumann haciendo sonar mis más
refinadas cuerdas, a Chopin meciéndome como Bach hubiera mecido a Jesús
si hubiera aparecido antes, y a Beethoven, que me puso de pie tantas
veces. Recuerdo a Ben Zander excitando al coro de tal manera que nadie
dudaba que le estaba susurrando con los brazos que volaban: Canten como
si fuera la última vez porque la última alegría es lo que van a recordar
de ustedes los que los continuarán.
Ben Zander invitaba a dialogar musicalmente a la violinista
con el violonchelista, ponía a la pianista en brazos del flautista y a
la orquesta en brazos del público, es decir nos subía a todos a la cima
de la montaña para que viéramos a la tierra prometida.
Recuerdo a Mozart, que fácilmente halaga a mi oído y enciende
a mi pecho, que fácilmente mete a mis brazos y a mis piernas en la
danza, que fácilmente logra que su don sea mi gracia, por eso fácilmente
aparecen las flores en mis ramas, el Mozart tan divertido como pícaro,
por eso causó tanto gozo como desgracias. Era el mismísimo triunfo de la
vida porque hasta para sus enemigos murió como un dios, lo que era
previsible porque en su música se siente el orden divino, el orden que
soñó Goethe, el grandioso orden que transformó en belleza a su hambre y a
su enfermedad, lo que explica el misterio de su arte, perfecta armonía
de un universo de sonidos, cálido mármol blanco en la noche más negra y
fría.
Recuerdo a Debussy, al que le gustaba más la música que el
piano, el francés al que adoptó una viuda rusa con once hijos,
inteligente, talentosa y pianista, que lo llevó por toda Europa, el
Debussy que después escapó de la fama porque le quitaba libertad, y sin
ella es imposible vivir, el Debussy al que no dejaban dormir los
fantasmas de Wagner, el Debussy que se asoció a Baudelaire en busca de
otra cosa, el Debussy envuelto por Monet y por Cèzanne, que le
confirmaron que la fuga y el contrapunto no son inevitables, entonces
estalló su fauno en plena siesta y apareció el cuarteto de cuerdas
provocado por la música de Java, que lo instaló definitivamente en el
impresionismo, el Debussy tan pobre como extravagante, lo que atrajo a
Emma, que dejó a un banquero para seguirlo y para que naciera Susù, que
tenía catorce años cuando Debussy murió para que solo nueve personas
fueran al funeral del maestro que no soportó los bombardeos sobre el
Paris de la abuela de Ninoska, por eso terminóarrinconado en el sótano de su casa, triste pero seguro de que todo lo bello llega a ser clásico.
Desde un punto muy lejano Se ve tu figura vestida de blanco Iluminada sobre una mecedora de playa, café Te ves, y no hay tiempo ni fecha Solo es un día entre los días perdidos Yo que lo estoy viendo, de eso diría Tanto, tanto tiempo que a tu lado yo pase Montón de historias que en una vida forme Tantos sentimientos que en mi mente almacene Y luego un dia ver, con mis gafas el ayer Donde corrías en la arena persiguiéndome Con la piel tan firme y los sueños por hacer Y entre tardes azules y melancolía, cumpliéndose Donde he puesto tu último beso? No lo sé.
MI PRIMER DESIERTO
He vuelto a mi primer desierto, a la Patagonia que me llena
del vacío esencial, donde hace muchos años me despertaron las aguas del
deshielo que bajaban de la cordillera de los Andes que tanto trajiné de
punta a punta y de canción en canción. Lenta y silenciosamente el
desierto se va convirtiendo en montañas, cada vez más importantes hasta
ser coronadas por la nieve, y de pronto, bellísima frente al lago Nahuel
Huapi, aparece Bariloche, maravillosa manera de empezar un nuevo día,
paisaje que me recuerda los desayunos con Krishnamurti frente al lago
Lausanne, en la Suiza donde Borges se auto-enseñó alemán para leer a
Spinoza.
Dibujo de Cristina Gálvez que ilustra las palabras de Cabral.
Este libro es una caja llena de herramientas para vivir, para
armar nuevos juegos, para mejorar o ajustar los viejos. Crear, siempre
crear porque en el matiz, en la variedad, está la continuidad de la
fiesta, en el cambio constante está la vida, en la multidireccionaldad
está la riqueza, por ejemplo cuando me cansé de mi pueblo me subí al
tren que me llevó a los barcos y a los aviones que me llevaron al mundo,
es decir a los ríos rápidos y a las tumultuosas ciudades, a los mares
rojos y azules y negros, a todas las maneras de la música, a Delacroix, a
Turner, a Klee, a las piedras de Henry Moore y a los alambres de
Giacometti, lo que quiere decir que desde que subí al tren todo se
agigantó, desde los matices a la soledad, que no me abandonó jamás, a la
que aprendí a amar porque siempre conté con ella, y porque por ella me
conozco.
En estos papeles registro cada momento y cada paso, por eso
leerlos es caminar conmigo por el mundo que camino, el del lado de
afuera y el del lado de adentro.
Solo se puede sobrevivir comulgando con el presente, sin las
cadenas del pasado ni la ansiedad que provoca la idea del futuro. El
presente, el momento, el instante, es una constante reencarnación, un
estar despierto para no perdernos las revelaciones, que suceden en
cualquier momento.
Los misterios me rodean, y esto es excitante, pero también
amo a la razón, aunque solo me explique lo artificial, la razón que
fácilmente puede ser mi verdugo, la razón que ha cegado a los
occidentales. De todas maneras, en todas partes encuentro las huellas de
las infinitas manos de Dios, entonces solo me queda gozar su obra y
cantar su gloria, y retrato lo que puedo, rápidamente porque los cambios
de la Naturaleza son constantes, por eso cada instante es un resumen de
la totalidad.
No hay moral sino morales porque no hay un grupo sino muchos,
pero detrás de todas ellas, o el promedio de todas, es solo una, por
eso, cuando estamos solos, fuera de la secta o el grupo, todos sabemos
qué es lo que está mal y qué es lo que está bien, y esa moral universal
se hace oír en la conciencia de cada uno, y ese es el dato de que todos
pertenecemos a una sola Humanidad, por eso las divisiones son ilusiones
suicidas y homicidas, prejuicios muy peligrosos para todos, hasta San
Agustín llegó a decir que las virtudes de los paganos son vicios
magníficos.
Solo desde el uno mismo se puede reconocer al uno mismo que
hay en cada individuo, lo que es imposible desde una etnia, desde una
secta, desde la religión o la política, solo desde el uno mismo podemos
comenzar a hablar de lo que tenemos en común y no de lo que hemos hecho
hasta ahora, y que nos ha costado, y nos cuesta tanto.
La diversidad es lo que nos enriquece, entonces debemos
buscar la armonía de desiguales, no la igualdad que, además de ser una
ilusión, empobrece y masifica. Solo el que ha llegado a su punto central
puede llegar al punto central de todos, lo que quiere decir que solo
puede haber una comunicación profunda de individuo a individuo.
28 días, una ilusión Todos amigos, de profesión Sin espacio en la intimidad Y sin ganas de nominar
Sólo hay un baño, que compartir 11 gallinas, que consentir Muchos retos que superar Sin aumento de exclusividad
Esto es Big Brother VIP! Brother VIP, Brother VIP, Brother VIP, Brother VIP, Brother VIP, Brother VIP…
Sin maquillaje, ni personajes Sin un libreto, y sin apuntador Sin tener que ser buenos ni malos Simplemente vivir como hermanos
Así es nuestra esencia Sin mucha ciencia Nos queremos sólo divertir Aunque el rating haya que subir
Esto es Big Brother VIP! Brother VIP, Brother VIP, Brother VIP, Brother VIP, Brother VIP, Brother VIP…
Sin tener que ser buenos ni malos Simplemente vivir como hermanos
Así es nuestra esencia Sin mucha ciencia Nos queremos sólo divertir Aunque el rating haya que subir
Esto es Big Brother VIP! Brother VIP, Brother VIP, Brother VIP…
Ven, ven, toma, la vida es una broma El tiempo no perdona digo punto y coma (coma) Coma toma bebe, se hace lo que quiere Quien quiere caminar ah? Quien quiere nadar ah? Quien quiere bronceada ah? Puedes escuchar el mínimo secreto Y me ves, me ves, me controlas en la oscuridad
El diablo es un señor almidonando, que nunca olvida el saco y el sombrero Que vive en una casa con placares para esconder el miedo y lo ajeno
El diablo es tan correcto como el hambre, perfecto y ordenado como el fraude A veces tiene panza y si no tiene, es calvo como todos sus placeres.
El diablo tiene cola mas la esconde en grueso portafolio color negro, Donde lleva también los documentos que lo autorizan a matar al pueblo.
El diablo pone el alma en las tribunas, y escucha los discursos de los muertos Se arrastra con orgullo por la historia y se acuesta con pobrísimos recuerdos
El diablo se levanta muy temprano, cansado del confort que lo encadena Y corre por las calles presuroso de compartir su astillo y su pena.
Lo he visto muchas veces como ustedes en el espejo y el bolsillo de cualquiera, En el seguro q asegura todo, menos la paz, la luz, la primavera.
Lo he visto caminar al lado mío y medir la moral y las polleras Decidir el tamaño de la dicha, la justicia, el honor y las ideas
Lo he visto muchas veces pero ahora, mi alegría habla claro de su ausencia Talvez sus propias manos lo mataron al escuchar por fin a su conciencia.
Talvez sus propias manos lo mataron al escuchar por fin a su conciencia.
yo no se quien va mas lejos la montaña o el cangrejo pobrecito mi patron piensa que el pobre soy yo Quien sabe si el apollarse es mejor que deslisarse pobresito mi patron piensa que el pobre soy yo Mas que el oro es la pobresa lo mas caro en la existencia pobrecito mi patron piensa que el pobre soy yo Solamente lo barato se compra con el dinero pobrecito mi patron piensa que el pobre soy yo Que me inporta ganar dies si se contar hasta seis pobresito mi patron piensa que el pobre soy yo
Recitado Ella tiene la costumbre hermosa de las ventanas hacernos el buen regalo de anunciarnos las mañanas ella tiene la costumbre de fundarnos la esperanza con su amororsa manera de acomodarnos la almohada ella nos dice,te quiero,con la camisa planchada es tan cierto lo que tiene que para siempre alcanza nuestra casa siempre estuvo donde quiera que ella estaba por eso este donde este hoy siempre me siento en casa Ella tiene la costumbre de andar descalza por casa y de traer para el mate,los bizcochitos con grasa ella tiene la costumbre de no preguntarme nada por que le basta y le sobra que al final regrese a casa que al final regrese a casa,que al final regrese a casa Ella tiene la costumbre de saber lo que me pasa y de curarmelo todo,inclusive la nostalgia ella puede ser el mundo,la patria,Dios o mi casa y hasta puede ser mi madre por que se le da la gana por que se le da la gana,por que se le da la gana
Señora de juan fernandez haga el favor de no tratarme asi No crea que por el pelo soy un sujeto de muy mal vivir No crea que todos los hombres deben de vestirse como su marido Los tiempos han cambiado mucho y ya nadie conforma ni a los hombres finos Señora de juan fernandez preguntele a su marido El sabe que soy decente roba conmigo Y aparte de eso somos vecinos Lalara lara lara lara……
Señora de juan fernandez yo se que el pueblo no me mira bien Por culpa de pequeñeces que cometi durante la niñez Ya no le pego a mi abuelita ni con la escopeta no le tiro a nadie He abandonado el contrabando y ahora me comporto con mucho donaire Señora de juan fernandez no me corte la llamada Quiero avisarle que su hija juana se fue conmigo esta mañana Y dentro de una o dos semanas nuestra familia sera aumentada Lalara lara lara…….
Señora de juan fernandez si encuentra algun trabajo bueno Despues de la luna de miel nos casaremos Ya ve señora tiene su yerno Lalara lara lara……
Este es un nuevo dia Para empezar de nuevo Para buscar al angel Que aparece en los suenos Para cantar para reir Para volver a ser feliz (Bis) En este nuevo dia Yo dejare el espejo Y tratare de ser Por fin un hombre bueno De cara al sol caminare Y con la luna volare (Bis)
Caracol milenario que camina los sueños color de otras esferas que enamora el silencio esencia de los mares que crece la montaña el pan de los pastores la luz de la cigarra. La más hermosa brisa por la que vuelve el viento la eternidad grandiosa que vive en un momento la pasión más divina que libera el Quijote la razón del invierno que seduce al coyote. Si yo pudiera ser, solo por una vez lo que tu crees que soy, lo que tu crees que soy. Paloma de Picasso y vino de Machado espejo de Walt Withman y balcón de Gustavo clavel de Federico su luna y su campana la noche de aquel día que estalló en su ventana. El sol maravilloso que incendia las arenas la misteriosa muerte, la manzana primera el estallido eterno de la eterna vida la libertad infinita y la pequeña herida. Si yo pudiera ser…
Mil caminos mil rutas llevamos Historias proezas mi mano agitando en el Sol o en la lluvia
Siempre listos marcha la patrulla Soy un lider real paciente y conciente Mi obra se extiende por los continentes Ser fiel, ser leal, servir y ayudar
Coro Arriba arriba mi tropa marcha pa’ arriba Arriba arriba mi tropa marcha pa’ arriba Arriba arriba mi tropa marcha pa’ arriba Solidario humanitario soy scout venezolano
La flor de liz que adorna mi pecho Es un simbolo claro de mucho respeto Powell abrio un camino directo A la vida la union la hermandad y al amor Soy un guia de paz y solidaridad Todo el mundo conoce cual es mi verdad Una noche en el monte, en el rio o el mar La naturaleza es mi casa real.
Coro Arriba arriba mi tropa marcha pa’ arriba Arriba arriba mi tropa marcha pa’ arriba Arriba arriba mi tropa marcha pa’ arriba Solidario humanitario soy scout venezolano.
TRES HEMBRAS QUE AMO
La filosofía, la Historia y la literatura son tres hembras
que amo y que me enriquecen día a día, que me acercan al hombre que debo
ser, por eso en estos papeles están mis huellas, y desandándolas puedo
llegar a los primeros fervores y a los primeros días, ver a la saludable
luz de la distancia en qué andaba, cómo fui encontrando la dirección
que hoy llevo, quiénes tuvieron que ver con mi crecimiento, y de lejos
son más divertidos los amores difíciles y el hambre, estación por la que
siempre volvemos a pasar, y de lejos los cuervos son más grandes y los
veranos más largos, a la distancia calientan más los hogares y la
abuelas son más sabias.
Mis papeles son el mapa de todo lo que caminé y la biblioteca
de proyectos que no sé por qué abandoné o concreté, como la búsqueda de
una nueva literatura que provocara una nueva sociedad.
Revisando mis papeles compruebo que el retrato del mundo que
soñé hacer terminó siendo un bosquejo de autorretrato, lo que no es
poco.
Cada tanto vuelvo a gozar los 27.798 versos de los 24 Cantos
del primer poema de la Humanidad, tan ingeniosos como épicos, nacidos en
los años en que la inmigración de las tribus dóricas forzaron a la
próspera cultura micénica a conformarse con un modo de vida más
sencillo, tanto que los llamaron los siglos oscuros, provocados por los
aqueos que conquistaron a Troya, heroica y mítica historia que cantó
Homero, el que para Platón educó a Grecia porque sin él no hubiera
habido ni literatura ni filosofía, Homero, el luminoso ciego por el que
tenemos un sistema mitológico de excitantes profundidades espirituales y
psicológicas, la base de nuestra lógica que, poéticamente, nos lleva a
la ética, al antiguo orden establecido por Zeus, el padre de los dioses y
de los hombres, que llevamos en nosotros a todos los fenómenos de la
Naturaleza, a los que Homero, con mitos y símbolos, agrega una nueva
perspectiva al descubrir nuevos pensamientos en nosotros, Homero, el que
veía lo que venía sin dejar de vivir al presente, su presente
mitológico, es decir enriquecido por lo mejor del pasado, el ciego
vidente que siempre me lleva 3.200 años atrás, a los días en que un
pueblo arcaico conquistó una ciudad, necesitado de un paso libre a
través de los Dardanelos. Esa es la Odisea que me sigue contando Homero,
la odisea que todo hombre realiza en busca de su identidad, de sus
metas filosóficas, de su patria espiritual, la patria que para Ulises
era el mundo de las ideas de Platón, y Troya el mundo manifestado en el
que los hombres se encontraban ligados a las posibilidades limitadas de
la percepción física.
Los griegos fueron a Troya a rescatar a Helena, la mujer más
bella del mundo, pero en el despertar del pensamiento griego, belleza
física también significaba belleza espiritual porque los griegos no
separaban lo bello de lo bueno, por eso adoraban a la belleza más que
cualquier otro pueblo, por eso Helena era el ideal mayor de la cultura
griega, un símbolo de la búsqueda del ánima, la parte femenina del alma
humana que nos queda por descubrir, por eso Helena, como Penélope,
representa las luchas no realizadas en el alma del héroe, los campos que
tiene que encontrar para lograr la perfección espiritual, porque solo
así podrá volver a su casa, un retorno al paraíso, la realización de lo
que ya existe en el hombre, volver a ser lo que uno fue en el principio,
es decir el verdadero, por eso Ulises no deja de pensar en la necesidad
de volver a la patria (pensando en ello, Platón creó la noción del
recuerdo del mundo de las ideas).
En el sur de Tracia, los griegos se hicieron de un gran
botín, por eso Ulises quiso partir enseguida, pero sus hombres se
demoraron con el vino, permitiendo a sus enemigos recuperarse de la
derrota, lo que le ocasionó muchas bajas a los griegos, a los que lo
efímero les hizo olvidar la meta superior, y este descuido es el símbolo
de las emociones bajas, de los deseos que vencen a la voluntad del
hombre, tonterías que pueden ser fatales.
El hombre suele olvidar sus metas superiores por satisfacer
deseos groseros, artificiales, momentáneos (en Platón, los cuerpos son
las sombras de las ideas, y en el budismo, la identificación con lo
pasajero es la causa de todos los sufrimientos).
A Ulises le costó tanto llevar a sus hombres, que se
demoraban en cualquier placer, como a Moisés el pueblo hebreo, y también
tuvo que luchar contra la hostilidad de Poseidón, el dios del mar, que
era un símbolo del subconsciente, por eso Ulises lo cruzó como un
viajero que buscaba su ser verdadero, sabía que en algún lugar de ese
mar encontraría su patria, y lo sabía porque estaba en medio del camino,
porque ya estaba en marcha.
Siempre vamos a casa, decía Novalis, lo que significa que el
hombre es un ser espiritual según su verdadera naturaleza interior, y
que su identidad está ligada a su relación con el mundo material, y
recordar esta naturaleza original y buscarla es el sentido de la vida.
Muchas veces, cuando me preguntan mi nombre, estoy tentado a
responder como Ulises: Nadie, tal vez porque se tiene poder sobre las
cosas de las que se conoce el nombre, y yo soy muy independiente.
En general, asusta lo que no podemos denominar, no nos
preocupa tanto lo que tiene nombre, pero lo desconocido siempre se nos
hace peligroso, es más fácil luchar contra un enemigo conocido, por eso
siento que estoy a salvo cuando no revelo mi identidad (¿Usted es
Borges?, le preguntó alguien en la calle. A veces, le dijo el maestro).
El retorno está previsto desde la partida, pero nadie lo
tiene seguro, ni siquiera Ulises, al que Eolo, rey de los vientos, se
los dio todos en una bolsa, el Ulises que fue reduciendo su tripulación
para purificar la travesía, para cuidar la salud del barco, Ulises, el
capitán y el símbolo del verdadero yo interior, que tenía que quedar
como único sobreviviente, y todos los demás, pequeños yoes que eran
solamente aspectos de la personalidad, tenían que morir. Todas las
máscaras que habían aceptado les impidieron ser auténticos (por mucho
que se enamoraran de ellas), por eso todos pudieron ser transformados en
cerdos cuando la maga Circe los hechizó, la maga Circe que representaba
un aspecto de Artemisa, diosa de la Naturaleza, y la guerra de Circe
contra Ulises fue para defender lo matriarcal de lo patriarcal, pero
después de un año, Ulises se liberó de la hechicera y bajó al Hades, más
allá de las columnas de Herakles (hoy Gibraltar) para buscar consejo en
Tiresías, el sabio vidente, primer descenso a los infiernos que sucede
en el Canto ll.
Después, antes de llegar a Ítaca, Ulises vuelve a bajar a los
infiernos, como el sol que desaparece bajo la tierra cada atardecer
para iniciar su viaje nocturno, pero vuelve a emerger para que el viaje
se aclare cerca de las islas de Galli, al norte del estrecho de Messina,
pero las sirenas le entorpecen el retorno a casa, lo seducen con sus
cantos para volver a bajarlo al reino de los muertos, a las sombras que
lo distraen de las metas superiores donde los hombres alcanzan su
verdadera estatura, donde se hacen uno con los dioses (los deseos son
las peores cadenas de los hombres)
Perdoname señor pero a veces me canso a veces me canso de ser un ciudadano
me cansa la ciudad,las oficinas me cansa la familia y la economia
La familia,mi señor,ese via crucis de parientes esa miseria en cooperativa madre hay una sola,señor y justo vino a tocarme a mi
Perdoname señor,estoy harto de este infierno este mercado mediocre donde todos tienen precio perdoname señor,pero yo me ire contigo por tus montañas,tus mareas y tus rios
Perdoname señor,pero a veces pienso que tienes para mi algo mejor que esto perdoname señor,no quiero ser un ciudadano yo quiero ser un hombre como me has creado perdoname señor
Wislawa
Szymborska Entrevista a una Premio Nobel
Por Félix Romeo
Wislawa
Szymborska (Kornik, 1923) vive en un departamento en Cracovia y trabaja
todos los días en sus poemas. Se le concedió el Premio Nobel, al que
entre risas llama "la catástrofe", en 1996.
En España se acaba de distribuir una antología muy amplia
de sus poemas, Poesía no completa (FCE), en traducción de Abel
A. Murcia Soriano y Gerardo Beltrán, quienes también volcaron al
castellano esta conversación.
—¿Tiene
alguna fórmula mágica para escribir?
—Sé
lo que quiero escribir, pero no siempre me sale. Trabajo
constantemente en los poemas. Hay algunos poemas que surgen de forma
espontánea... (Es mi secreto: no voy a decir nunca cuáles salen con
facilidad y cuáles salen con esfuerzo.) Pero no siempre salen de forma
espontánea.
—¿Y cómo es la
Szymborska que narra sus poemas?
—Creo
que cada poema lo escriben dos personas. Hay una persona que es la
que siente las cosas, la que las experimenta, la que piensa. Y otra
persona, que está detrás de mí y dice: "¿No estarás exagerando?, ¿qué
va a entender el lector de lo que estás escribiendo? y, además, ¿para
qué le sirve?" Ese yo irónico está siempre, pero si desaparece
escribiré muy malos poemas... ¡Y si desaparezco yo, también serán
malos! (Risas)
—Utiliza un lenguaje
muy especial.
—Mi lengua es una
lengua viva. Utilizo frases hechas, lengua coloquial, juegos de
palabras, que no necesariamente funcionan en otras lenguas... La
suerte de los poetas en el exterior depende de los traductores.
—¿Hablamos de los temas de su poesía?
—Todos mis poemas nacen del amor. Diría
incluso que todos los poemas nacen del amor; incluso aquéllos que
transmiten el mal tienen en el fondo una forma de amor hacia el mundo.
Estoy totalmente convencida... Y si no es así, lo siento por esos
poetas.
—¿Y el odio?
—Tengo un poema sobre el odio, que es
verdaderamente un sentimiento del siglo XX, el más fuerte, el que
encuentra más seguidores. Y eso es algo horrible. Quizá en algún
momento fue necesario pero ahora el odio es un sentimiento horrible.
Aunque parece más fácil que un loco propague sus ideas con los nuevos
medios. Antes, alguien llegaba y se subía a un cajón en una plaza y se
ponía a hablar con un megáfono... Todo era más pequeño.
—En sus poemas aparecen muchos animales.
—No imagino la poesía sin los seres que nos
acompañan en la vida: los animales, las plantas... e incluso las
piedras. Mi animal preferido es el mono. Me encantó un libro de Jane
Goodall, A través de la ventana: treinta años estudiando
a los chimpancés, en el que cuenta su investigación en Tanzania con
los primates y con los chimpancés. No los estudió como un grupo, sino
como individuos. Estuvo años siguiéndolos de uno en uno, investigando
cada animal en concreto y descubrió que uno era individualista, otra
era una mala madre, otra era muy cariñosa, otro era muy travieso... Se
trataba de una forma de estudiar a los animales desde una perspectiva
totalmente diferente. No me imagino otro enfoque distinto al del
análisis individual. Todos somos un poco diferentes. El hombre se
somete a diversas ideas de grupo y no siempre es bueno.
—También aparecen muchos sueños en sus poemas.
—Escribo de la realidad y los sueños
son una parte de la realidad.
—Además de escribir poemas, está haciendo collages.
—Son un juego. Hoy veo muy clara la diferencia entre la
forma de hacer literatura y la forma de hacer arte. La escritura
requiere soledad, aislamiento, trabajo y cansancio. He visto pintores
trabajando mientras hablaban, riéndose, rodeados de gente, y eso es
imposible para un escritor. Necesito tiempo y que nadie me moleste. Mis
collages son un juego, para que la gente los disfrute. Son mi forma
de descansar. Me canso mucho escribiendo.
—Pero sigue escribiendo sin parar.
—Aún estoy viva, para extrañeza de algunos y también para la
mía. Y soy escéptica ante la poesía, incluso ante la mía.
—Por eso utiliza tanto el humor.
—Mi poesía, como la vida, es una moneda: tiene una parte
trágica y una parte cómica.
—Y
una parte cósmica.
—Recuerdo una
anécdota de Filipovich, un fabuloso escritor que supera la prueba del
tiempo: cuando el hombre llegó a la Luna, mucha gente en Cracovia
estaba asombrada. Filipovich estaba pescando y trataba de ver el
acontecimiento con prismáticos. (Risas). Una vez, caminando por los
alrededores de Cracovia con Filipovich, nos paramos a identificar
estrellas, y cuando nos dimos vuelta, había un enorme grupo de gente a
nuestro alrededor; tanta, que al día siguiente la prensa publicó que
se había producido el avistamiento de un ovni. Una información que
nunca fue desmentida. Espero que eso hiciera feliz a alguien. Escribí
un poema en el que decía que no hay que mandar bromistas al Cosmos.
—Le fascina el espacio, pero realmente se
ha movido muy poco.
—No sé si es
por mi signo zodiacal —cáncer—, pero no me gusta viajar. Nací un día
después (y muchos años después) que Proust, que escribió doscientas
páginas para decir cómo se preparaba para ir a la playa. No me gusta
viajar, pero me gusta volver.
—¿Es
cierto que estudió español?
—Hace
mucho tiempo iba a unas clases de español. No me acuerdo de nada, pero
la estructura de la lengua todavía la controlo. Leíamos fragmentos de
El Quijote. Nos daba clase un profesor que no sé si se
esmeraba mucho, porque se preparaba la clase el día anterior, pero
tenía unos discos maravillosos con música española: canciones
populares estupendas. Soy admiradora del Goya luminoso, el de los
retratos, el de los tapices, el de las escenas costumbristas y el de
las majas. Y he corregido a Velázquez en uno de mis collages: he
sacado a una de las meninas al aire libre.
—Hablaba antes del amor. ¿Le puedo preguntar algo de los suyos?
—Le contaré algunas historias de mi
infancia. A los doce años me enamoré perdidamente del novio de mi
hermana, que no me hacía ningún caso. Un día me vendé la cabeza y él
dijo: "¿Qué le ha pasado a eso?" Años más tarde lo volví a ver y me
pregunté cómo podía haberme enamorado. No era nada interesante.
También había otro chico. Me seguía. Era tan tímido que no me dirigía
la palabra. Me escribía cartas. En una de ellas, donde me arreglaba
toda la vida —"por ti surcaré los mares, subiré a la cumbre más
alta..."—, decía al final: "Estaré mañana bajo tu ventana si no
llueve". (Risas)
—Leer también es
una forma de acabar con las formas puras.
—Leo todo el tiempo. Muchos libros de divulgación científica y
de antropología, de zoología. Leo a Brodsky, con el que tenía mucha
afinidad. Pero como no quiero olvidarme de nadie sólo voy a decir que
leo a Rilke. Con él comenzó mi fascinación por la poesía.
Nació en
Kornik, Polonia, el 2 de julio de 1923. Desde 1931 se radicó en
Cracovia y, de 1945 a 1948, estudió literatura polaca y sociología en
la universidad Jagielloniana. Es egresada en Letras, no ejerció
actividad académica pero sí trabajó durante décadas en revistas
literarias, sobre todo dando a conocer a poetas jóvenes.
Publica poesía desde los ‘50. Su poesía es
aparentemente sencilla, con una mirada filosófica profunda, que suele
incluir un humor algo irónico. No pontifica ni advierte, simplemente
mira y ve, y su mirada individual se hace universal.
A partir de 1953 y hasta 1981 trabajó como editora de
poesía y columnista en un semanario de Cracovia, al tiempo que
publicaba ensayos y artículos, y traducía poemas franceses al polaco.
Ha publicado 16 colecciones de poesía, y su obra ha sido traducida a
varios idiomas. Entre los reconocimientos que ha merecido se cuentan el
premio Goethe (1991), el premio Herder (1995). Recibió el Premio
Nobel de Literatura en 1996.
Libros publicados
Porque
vivimos, 1952
Llamado al Yeti,
1957
Sal, 1962
Cien alegrías,
1967
Por si acaso,
1972
Gran número,
1976
Hombres sobre el
puente, 1986
Fin y principio,
1993)
Poemas
1957-1993
Premios y
distinciones
Premio de la ciudad
de Cracovia, 1954
Premio del Ministro
del Arte y Cultura, 1963;
Premio de Zygmunt
Kaladach, Presidente de la Fundación de Suiza de Koscielski, 1990
Premio “Goethe”, en
Frankfurt, 1991
Premio Johannes
Herder de la Universidad de Viena, 1995
Premio anual del
Pen Club en Polonia
Premio Nobel de
Literatura, 1996
POEMAS
DE UNA EXPEDICIÓN
NO REALIZADA A LOS HIMALAYAS
Estos son los Himalayas Montañas de un correr hacia la luna momento del arranque eternizado Sobre el cielo abierto la llanura de las nubes rota, de un golpe a la nada. El eco: un sordomudo blanco el silencio. Yeti, abajo hay un miércoles, un abecedario, un pan y dos más dos son cuatro y se derrite la nieve Hay una manzana roja partida en cuatro. No sólo crímenes podría haber entre nosotros, Yeti, no todas las palabras condenan a la muerte Heredamos la esperanza y el perdón Mira cómo damos a luz niños entre las ruinas. Yeti, tenemos a Shakespeare Yeti, tocamos el violín Yeti, cuando anochece encendemos la luz. Aquí ni la tierra, ni la luna y las lágrimas se congelan o Yeti, puede ser el conejo de la luna “Señor de la Luna” piénsalo y regresa. Entre las cuatro paredes de avalanchas Estoy llamando al Yeti, Zapateando para calentarme sobre la nieve eterna.
ALEGRÍA DE
ESCRIBIR
¿A dónde va la corza escrita por el bosque escrito? ¿A tomar agua escrita que refleje su hocico puntualmente? ¿Por qué alza la cabeza? ;escucha algo? Se apoya en cuatro patas que la verdad le presta. Mueve bajo mis dedos una oreja. Silencio, esa palabra, susurra en el papel como las otras y remueve ramas por las palabras del bosque cansadas. En la hoja blanca de papel acechan letras que pueden componerse mal, frases que pueden ser un cerco y no habrá salvación. En la gota de tinta un regimiento de cazadores enfocan la mira listos para correr pluma empinada abajo, cercar la corza y preparar el tiro. Olvidan que esto no existe Otras leyes gobiernan el blanco sobre negro parpadeará el ojo el tiempo que yo quiera y podré dividirlo en pequeñas eternidades llenas de balas quietas en el aire. Por siempre, si lo ordeno; nada pasará aquí. Ni una hoja caerá si no lo quiero ni las pezuñas hollarán la hierba ¿Existe pues un mundo sobre el cual soy un destino independiente? ¿Ese tiempo al que une la cadena de signos, existe bajo mis órdenes constantes? La alegría de escribir. La posibilidad de eternizar. La venganza de una mano mortal.
Ese instante que no se olvida Tan vacío devuelto por las sombras Tan vacío rechazado por los relojes Ese pobre instante adoptado por mi ternura Desnudo desnudo de sangre de alas Sin ojos para recordar angustias de antaño Sin labios para recoger el zumo de las violencias perdidas en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo niña ciega de alma Ponle tus cabellos escarchados por el fuego Abrázalo pequeña estatua de terror. Señálale el mundo convulsionado a tus pies A tus pies donde mueren las golondrinas Tiritantes de pavor frente al futuro Dile que los suspiros del mar Humedecen las únicas palabras Por las que vale vivir.
Pero ese instante sudoroso de nada Acurrucado en la cueva del destino Sin manos para decir nunca Sin manos para regalar mariposas A los niños muertos
Esta lúgubre manía de vivir esta recóndita humorada de vivir te arrastra Alejandra no lo niegues.
Hoy te miraste en el espejo y te fue triste estabas sola la luz rugía el aire cantaba pero tu amado no volvió
Enviarás mensajes sonreirás tremolarás tus manos así volverá tu amado tan amado
Oyes la demente sirena que lo robó el barco con barbas de espuma donde murieron las risas recuerdas el último abrazo Oh nada de angustias ríe en el pañuelo llora a carcajadas pero cierra las puertas de tu rostro para que no digan luego que aquella mujer enamorada fuiste tú
TE remuerden los días te culpan las noches te duele la vida tanto tanto desesperada ¿adónde vas? Desesperada ¡nada más! (Alejandra Pizarnik, de La última inocencia, 1956)
Se fuga la isla Y la muchacha vuelve a escalar el viento y a descubrir la muerte del pájaro profeta Ahora es el fuego sometido Ahora es la carne la hoja la piedra perdidos en la fuente del tormento como el navegante en el horror de la civilación que purifica la caída de la noche Ahora la muchacha halla la máscara del infinito y rompe el muro de la poesía.
Afuera hay sol. No es más que un sol pero los hombres lo miran y después cantan.
Yo no sé del sol. Yo sé la melodía del ángel y el sermón caliente del último viento. Sé gritar hasta el alba cuando la muerte se posa desnuda en mi sombra.
Yo lloro debajo de mi nombre. Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad bailan conmigo. Yo oculto clavos para escarnecer a mis sueños enfermos.
Mi ser henchido de barcos blancos. Mi ser reventando sentires. Toda yo bajo las reminiscencias de tus ojos. Quiero destruir la picazón de tus pestañas. Quiero rehuir la inquietud de tus labios. Porqué tu visión fantasmagórica redondea los cálices de estas horas?
correr no sé donde aquí o allá singulares recodos desnudos basta correr! trenzas sujetan mi anochecer de caspa y agua colonia rosa quemada fósforo de cera creación sincera en surco capilar la noche desanuda su bagaje de blancos y negros tirar detener su devenir
SALVACIÓN
Se fuga la isla. Y la muchacha vuelve a escalar el viento y a descubrir la muerte del pájaro profeta. Ahora es la carne la hoja la piedra perdidas en la fuente del tormento como el navegante en el horror de la civilización que purifica la caída de la noche. Ahora la muchacha halla la máscara del infinito y rompe el muro de la poesía.
Señor La jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado y mi corazón está loco porque aúlla a la muerte y sonríe detrás del viento a mis delirios
Qué haré con el miedo Qué haré con el miedo
Ya no baila la luz en mi sonrisa ni las estaciones queman palomas en mis ideas Mis manos se han desnudado y se han ido donde la muerte enseña a vivir a los muertos
Señor El aire me castiga el ser Detrás del aire hay mounstros que beben de mi sangre
Es el desastre Es la hora del vacío no vacío Es el instante de poner cerrojo a los labios oír a los condenados gritar contemplar a cada uno de mis nombres ahorcados en la nada.
Señor Tengo veinte años También mis ojos tienen veinte años y sin embargo no dicen nada
Señor He consumado mi vida en un instante La última inocencia estalló Ahora es nunca o jamás o simplemente fue
¿Còmo no me suicido frente a un espejo y desaparezco para reaparecer en el mar donde un gran barco me esperaría con las luces encendidas?
¿Cómo no me extraigo las venas y hago con ellas una escala para huir al otro lado de la noche?
El principio ha dado a luz el final Todo continuará igual Las sonrisas gastadas El interés interesado Las preguntas de piedra en piedra Las gesticulaciones que remedan amor Todo continuará igual
Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde
Señor Arroja los féretros de mi sangre
Recuerdo mi niñez cuando yo era una anciana Las flores morían en mis manos porque la danza salvaje de la alegría les destruía el corazón
Recuerdo las negras mañanas de sol cuando era niña es decir ayer es decir hace siglos
Señor La jaula se ha vuelto pájaro y ha devorado mis esperanzas
Señor La jaula se ha vuelto pájaro Qué haré con el miedo
Esta manía de saberme ángel, sin edad, sin muerte en qué vivirme, sin piedad por mi nombre ni por mis huesos que lloran vagando.
¿Y quién no tiene un amor? ¿Y quién no goza entre amapolas? ¿Y quién no posee un fuego, una muerte, un miedo, algo horrible, aunque fuere con plumas aunque fuere con sonrisas?
Siniestro delirio amar una sombra. La sombra no muere. Y mi amor sólo abraza a lo que fluye como lava del infierno: una logia callada, fantasmas en dulce erección, sacerdotes de espuma, y sobre todo ángeles, ámgeles bellos como cuchillos que se elevan en la noche y devastan la esperanza.
Llamé, llamé como la náufraga dichosa a las olas verdugas que conocen el verdadero nombre de la muerte.
He llamado al viento, le confié mi ser.
Pero un pájaro muerto vuela hacia la desesperanza en medio de la música cuando brujas y flores cortan la mano de la bruma. Un pájaro muerto llamado azul.
No es la soledad con alas, es el silencio de la prisionera, es la mudez de pájaros y viento, es el mundo enojado con mi risa o los guardianes del infierno rompiendo mis cartas.
a Cristina Campo Son mis voces cantando para que no canten ellos, los amordazados grismente en el alba, los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.
Hay, en la espera, un rumor a lila rompiéndose. Y hay, cuando viene el día, una partición de sol en pequeños soles negros. Y cuando es de noche, siempre, una tribu de palabras mutiladas busca asilo en mi garganta para que no canten ellos, los funestos, los dueños del silencio.
Si te atreves a sorprender la verdad de esta vieja pared; y sus fisuras, desgarraduras, formando rostros, esfinges, manos, clepsidras, seguramente vendrá una presencia para tu sed, probablemente partirá esta ausencia que te bebe.
no sé si pájaro o jaula mano asesina o joven muerta jadeando en la gran garganta oscura o silenciosa pero tal vez oral como una fuente tal vez juglar o princesa en la torre más alta.
Mañana me vestirán con cenizas al alba, me llenarán la boca de flores, Aprenderé a dormir en la memoria de un muro, en la respiració de un animal que sueña.
Amantes
Una Flor No Lejos De La Noche Mi Cuerpo Mudo Se Abre A La Delicada Urgencia Del Rocío
ANILLOS DE CENIZA
A Cristina Campo
Son mis voces cantando para que no canten ellos, los amordazados grismente en el alba, los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.
Hay, en la espera, un rumor a lila rompiéndose. Y hay, cuando viene el día, una partición de sol en pequeños soles negros. Y cuando es de noche, siempre, una tribu de palabras mutiladas busca asilo en mi garganta para que no canten ellos, los funestos, los dueños del silencio.
CAMINOS DEL ESPEJO
I Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.
II Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.
III Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.
IV Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.
V Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.
VI Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.
VII La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.
VIII Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.
IX Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.
X Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.
XI Al negro sol del silencio las palabras se doraban.
XII Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.
XIII Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo? Deseaba un silencio perfecto. Por eso hablo.
XIV La noche tiene la forma de un grito de lobo.
XV Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.
XVI Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.
XVII Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.
XVIII Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.
XIX Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.
CANTORA NOCTURNA
Joe, macht die Musik von damals nacht...
La que murió de su vestido azul está cantando. Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad.
Adentro de su canción hay un vestido azul, hay un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado con los ecos de los latidos de su corazón muerto.
Expuesta a todas las perdiciones, ella canta junto a una niña extraviada que es ella: su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la niebla verde en los labios y del frío gris en los ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre la sed y la mano que busca el vaso.
Ella canta.
CENIZAS
La noche se astilló de estrellas mirándome alucinada el aire arroja odio embellecido su rostro con música.
Pronto nos iremos
Arcano sueño antepasado de mi sonrisa el mundo está demacrado y hay candado pero no llaves y hay pavor pero no lágrimas.
¿Qué haré conmigo?
Porque a Ti te debo lo que soy
Pero no tengo mañana
Porque a Ti te...
La noche sufre.
COLD IN HAND BLUES
y qué es lo que vas a decir voy a decir solamente algo y qué es lo que vas a hacer voy a ocultarme en el lenguaje y por qué tengo miedo
ÁRBOL DE DIANA
1 He dado el salto de mí al alba. He dejado mi cuerpo junto a la luz y he cantado la tristeza de lo que nace.
2 Estas son las versiones que nos propone: un agujero, una pared que tiembla...
3 sólo la sed el silencio ningún encuentro cuídate de mí amor mío cuídate de la silenciosa en el desierto de la viajera con el vaso vacío y de la sombra de su sombra
4 Ahora bien: Quién dejará de hundir su mano en busca del tributo para la pequeña olvidada. El frío pagará. Pagará el viento. La lluvia pagará. Pagará el trueno.
5 por un minuto de vida breve única de ojos abiertos por un minuto de ver en el cerebro flores pequeñas danzando como palabras en la boca de un mudo
6 ella se desnuda en el paraíso de su memoria ella desconoce el feroz destino de sus visiones ella tiene miedo de no saber nombrar lo que no existe
7 Salta con la camisa en llamas de estrella a estrella, de sombra en sombra. Muere de muerte lejana la que ama al viento.
8 Memoria iluminada, galería donde vaga la sombra de lo que espero. No es verdad que vendrá. No es verdad que no vendrá.
9 A Aurora y Julio Cortázar
Estos huesos brillando en la noche, estas palabras como piedras preciosas en la garganta viva de un pájaro petrificado, este verde muy amado, este lila caliente, este corazón sólo misterioso.
10 un viento débil lleno de rostros doblados que recorto en forma de objetos que amar
11 ahora en esta hora inocente yo y la que fui nos sentamos en el umbral de mi mirada
12 no más las dulces metamorfosis de una niñ3; de seda sonámbula ahora en la cornisa de niebla
su despertar de mano respirando de flor que se abre al viento
13 explicar con palabras de este mundo que partió de mí un barco llevándome
14 El poema que no digo, el que no merezco. Miedo de ser dos camino del espejo: alguien en mí dormido me come y me bebe.
15 Extraño desacostumbrarme de la hora en que nací. Extraño no ejercer más oficio de recién llegada.
16 has construido tu casa has emplumado tus pájaros has golpeado al viento con tus propios huesos has terminado sola lo que nadie comenzó
17 Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta, se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nom- bres creciendo solos en la noche pálida.)
20 a Laure Bataillon
dice que no sabe del miedo de la muerte del amor dice que tiene miedo de la muerte del amor dice que el amor es muerte es miedo dice que la muerte es miedo es amor dice que no sabe
21 he nacido tanto y doblemente sufrido en la memoria de aquí y de allá
22 en la noche un espejo para la pequeña muerta un espejo de cenizas
23 una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos
32 Zona de plagas donde la dormida come lentamente su corazón de medianoche.
33 alguna vez alguna vez tal vez me iré sin quedarme me iré como quien se va
34 la pequeña viajera moría explicando su muerte
sabios animales nostálgicos visitaban su cuerpo caliente
35 a Ester Singer
Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fue- go, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler, mi vida.
37 más allá de cualquier zona prohibida hay un espejo para nuestra triste transparencia
38 Este canto arrepentido, vigía detrás de mis poemas' este canto me desmiente, me amordaza.
en nastalgique je vagabandais par l'infini. C. de G.
a Enrique Molina
La mano de la enamorada del viento acaricia la cara del ausente. La alucinada con su «maleta de piel de pájaro» huye de sí misma con un cuchillo en la memoria. La que fue devorada por el espejo entra en un cofre de cenizas y apacigua a las bestias del olvido.
CUARTO SOLO
Si te atreves a sorprender la verdad de esta vieja pared; y sus fisuras, desgarraduras, formando rostros, esfinges, manos, clepsidras, seguramente vendrá una presencia para tu sed, probablemente partirá esta ausencia que te bebe.
EL DESPERTAR
A León Ostrov
Señor La jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado y mi corazón está loco porque aúlla a la muerte y sonríe detrás del viento a mis delirios
Qué haré con el miedo Qué haré con el miedo
Ya no baila la luz en mi sonrisa ni las estaciones queman palomas en mis ideas Mis manos se han desnudado y se han ido donde la muerte enseña a vivir a los muertos
Señor El aire me castiga el ser Detrás del aire hay monstruos que beben de mi sangre
Es el desastre Es la hora del vacío no vacío Es el instante de poner cerrojo a los labios oír a los condenados gritar contemplar a cada uno de mis nombres ahorcados en la nada.
Señor Tengo veinte años También mis ojos tienen veinte años y sin embargo no dicen nada
Señor He consumado mi vida en un instante La última inocencia estalló Ahora es nunca o jamás o simplemente fue
¿Cómo no me suicido frente a un espejo y desaparezco para reaparecer en el mar donde un gran barco me esperaría con las luces encendidas?
¿Cómo no me extraigo las venas y hago con ellas una escala para huir al otro lado de la noche?
El principio ha dado a luz el final Todo continuará igual Las sonrisas gastadas El interés interesado Las preguntas de piedra en piedra Las gesticulaciones que remedan amor Todo continuará igual
Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde
Señor Arroja los féretros de mi sangre
Recuerdo mi niñez cuando yo era una anciana Las flores morían en mis manos porque la danza salvaje de la alegría les destruía el corazón
Recuerdo las negras mañanas de sol cuando era niña es decir ayer es decir hace siglos
Señor La jaula se ha vuelto pájaro y ha devorado mis esperanzas
Señor La jaula se ha vuelto pájaro Qué haré con el miedo
De "Las aventuras perdidas" 1958
EL SOL, EL POEMA
Barcos sobre el agua natal. Agua negra, animal de olvido. Agua lila, única vigilia. El misterio soleado de las voces en el parque. Oh tan antiguo.
EXILIO
A Raúl Gustavo Aguirre
Esta manía de saberme ángel, sin edad, sin muerte en qué vivirme, sin piedad por mi nombre ni por mis huesos que lloran vagando.
¿Y quién no tiene un amor? ¿Y quién no goza entre amapolas? ¿Y quién no posee un fuego, una muerte, un miedo, algo horrible, aunque fuere con plumas, aunque fuere con sonrisas?
Siniestro delirio amar a una sombra. La sombra no muere. Y mi amor sólo abraza a lo que fluye como lava del infierno: una logia callada, fantasmas en dulce erección, sacerdotes de espuma, y sobre todo ángeles, ángeles bellos como cuchillos que se elevan en la noche y devastan la esperanza.
FRONTERAS INÚTILES
un lugar no digo un espacio hablo de qué
hablo de lo que no es hablo de lo que conozco
no el tiempo sólo todos los instantes no el amor no sí no
un lugar de ausencia un hilo de miserable unión.
HIJA DEL VIENTO
Han venido. Invaden la sangre. Huelen a plumas, a carencias, a llanto. Pero tú alimentas al miedo y a la soledad como a dos animales pequeños perdidos en el desierto.
Han venido a incendiar la edad del sueño. Un adiós es tu vida. Pero tú te abrazas como la serpiente loca de movimiento que sólo se halla a sí misma porque no hay nadie.
Tú lloras debajo del llanto, tú abres el cofre de tus deseos y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad que las palabras se suicidan.
INVOCACIONES
Insiste en tu abrazo, redobla tu furia , crea un espacio de injurias entre yo y el espejo, crea un canto de leprosa entre yo y la que me creo.
LA ENAMORADA
ante la lúgubre manía de vivir esta recóndita humorada de vivir te arrastra Alejandra no lo niegues.
hoy te miraste en el espejo y te fuiste triste estabas sola y la luz rugía el aire cantaba pero tu amado no volvió
enviarás mensajes sonreirás tremolarás tus manos así volverá tu amado tan amado
oyes la demente sirena que lo robó el barco con barbas de espuma donde murieron las risas recuerdas el último abrazo oh nada de angustias ríe en el pañuelo llora a carcajadas pero cierra las puertas de tu rostro para que no digan luego que aquella mujer enamorada fuiste tú
te remuerden los días te culpan las noches te duele la vida tanto tanto desesperada ¿adónde vas? desesperada ¡nada más!
LA MESA VERDE
El sol como un gran animal demasiado amarillo. Es una suerte que nadie me ayude. Nada más peligroso, cuando se necesita ayuda, que recibir ayuda.
Pero a mi noche no la mata ningún sol.
¿Tendré tiempo para hacerme una máscara cuando emerja de la sombra?
Me pruebo en el lenguaje en que compruebo el peso de mis muertos.
El mar esconde sus muertos. Porque lo de abajo tiene que quedar abajo.
LA ÚLTIMA INOCENCIA
Partir en cuerpo y alma partir.
Partir deshacerse de las miradas piedras opresoras que duermen en la garganta.
He de partir no más inercia bajo el sol no más sangre anonadada no más fila para morir.
He de partir
Pero arremete ¡viajera!
LA ÚNICA HERIDA
¿Qué bestia caída de pasmo se arrastra por mi sangre y quiere salvarse?
He aquí lo difícil: caminar por las calles y señalar el cielo o la tierra.
L'OBSCURITÉ DES EAUX
Escucho resonar el agua que cae en mi sueño. Las palabras caen como el agua yo caigo. Dibujo en mis ojos la forma de mis ojos, nado en mis aguas, me digo mis silencios. Toda la noche espero que mi lenguaje logre configurarme. Y pienso en el viento que viene a mí, permanece en mí. Toda la noche he caminado bajo la lluvia desconocida. A mí me han dado un silencio pleno de formas y visiones (dices). Y corres desolada como el único pájaro en el viento.
LOS TRABAJOS Y LAS NOCHES
Para reconocer en la sed mi emblema para significar el único sueño para no sustentarme nunca de nuevo en el amor he sido toda ofrenda un puro errar de loba en el bosque en la noche de los cuerpos para decir la palabra inocente
MADRUGADA
Desnudo soñado una noche solar. He yacido días animales. El viento y la lluvia me borraron como a un fuego, como a un poema escrito en un muro.
MÁS ALLÁ DEL OLVIDO
alguna vez de un costado de la luna verás caer los besos que brillan en mí las sombras sonreirán altivas luciendo el secreto que gime vagando vendrán las hojas impávidas que algún día fueron lo que mis ojos vendrán las mustias fragancias que innatas descendieron del alado son vendrán las rojas alegrías que burbujean intensas en el sol que redondea las armonías equidistantes en el humo danzante de la pipa de mi amor
MENDIGA VOZ
Y aún me atrevo a amar el sonido de la luz en una hora muerta, el color del tiempo en un muro abandonado.
En mi mirada lo he perdido todo. Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.
MORADAS
A Théodore Fraenkel
En la mano crispada de un muerto, en la memoria de un loco, en la tristeza de un niño, en la mano que busca el vaso, en el vaso inalcanzable, en la sed de siempre.
MUCHO MÁS ALLÁ
¿ Y si nos vamos anticipando de sonrisa en sonrisa hasta la última esperanza?
¿Y qué? ¿Y qué me das a mí, a mí que he perdido mi nombre, el nombre que me era dulce sustancia en épocas remotas, cuando yo no era yo sino una niña engañada por su sangre?
¿A qué , a qué este deshacerme, este desangrarme, este desplumarme, este desequilibrarme si mi realidad retrocede como empujada por una ametralladora y de pronto se lanza a correr, aunque igual la alcanzan, hasta que cae a mis pies como un ave muerta? Quisiera hablar de la vida . Pues esto es la vida, este aullido, este clavarse las uñas en el pecho, este arrancarse la cabellera a puñados , este escupirse a los propios ojos, sólo por decir, sólo por ver si se puede decir: "¿es que yo soy? ¿ verdad que sí ? ¿no es verdad que yo existo y no soy la pesadilla de una bestia?".
Y con las manos embarradas golpeamos a las puertas del amor. Y con la conciencia cubierta de sucios y hermosos velos, pedimos por Dios. Y con las sienes restallantes de imbécil soberbia tomamos de la cintura a la vida y pateamos de soslayo a la muerte.
Pues esto es lo que hacemos. Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa hasta la última esperanza.
NAUFRAGIO INCONCLUSO
Este temporal a destiempo, estas rejas en las niñas de mis ojos, esta pequeña historia de amor que se cierra como un abanico que abierto mostraba a la bella alucinada: la más desnuda del bosque en el silencio musical de los abrazos.
PEREGRINAJE
A Elizabeth Azcona Cranwell
Llamé, llamé como la náufraga dichosa a las olas verdugas que conocen el verdadero nombre de la muerte.
He llamado al viento, le confié mi deseo de ser.
Pero un pájaro muerto vuela hacia la desesperanza en medio de la música cuando brujas y flores cortan la mano de la bruma. Un pájaro muerto llamado azul.
No es la soledad con alas, es el silencio de la prisionera, es la mudez de pájaros y viento, es el mundo enojado con mi risa o los guardianes del infierno rompiendo mis cartas.
He llamado, he llamado. He llamado hacia nunca.
PIDO EL SILENCIO
Canta, lastimada mía Cervantes
aunque es tarde, es noche, y tú no puedes.
Canta como si no pasara nada.
Nada pasa
POEMA 3
Sólo la sed el silencio ningún encuentro
cuídate de mí amor mío cuídate de la silenciosa en el desierto de la viajera con el vaso vacío y de la sombra de su sombra
POEMA 35
Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler, mi vida.
RECONOCIMIENTO
Tú haces el silencio de las lilas que aletean en mi tragedia del viento en el corazón. Tú hiciste de mi vida un cuento para niños en donde naufragios y muertes son pretextos de ceremonias adorables.
REVELACIONES
En la noche a tu lado las palabras son claves, son llaves. el deseo es rey.
Que tu cuerpo sea siempre un amado espacio de revelaciones.
SALVACIÓN
Se fuga la isla. Y la muchacha vuelve a escalar el viento y a descubrir la muerte del pájaro profeta. Ahora es el fuego sometido. Ahora es la carne ..la hoja ..la piedra perdidas en la fuente del tormento como el navegante en el horror de la civilización que purifica la caída de la noche. Ahora la muchacha halla la máscara del infinito y rompe el muro de la poesía.
SIGNOS
Todo hace el amor con el silencio. Me habían prometido un silencio como un fuego, una casa de silencio. De pronto el templo es un circo y la luz un tambor.
SOLAMENTE
ya comprendo la verdad
estalla en mis deseos
y mis desdichas en mis desencuentros en mis desequilibrios en mis delirios
ya comprendo la verdad
ahora a buscar la vida
SOLAMENTE EN LAS NOCHES
escribiendo he pedido, he perdido.
en esta noche en este mundo abrazada a vos, alegría del naufragio.
he querido sacrificar mis días y mis semanas en las ceremonias del poema.
he implorado tanto desde el fondo de los fondos de mi escritura.
Coger y morir no tienen adjetivos.
SOMBRAS DE LOS DÍAS A VENIR
a Ivonne A. Bordelois
Mañana me vestirán con cenizas al alba, me llenarán la boca de flores. Aprenderé a dormir en la memoria de un muro, en la respiración de un animal que sueña.
SUEÑO
Estallará la isla del recuerdo. La vida será sólo un acto de candor. Prisión para los días sin retorno. Mañana los monstruos del buque destruirán la playa sobre el viento del misterio. Mañana la carta desconocida encontrará las manos del alma.
TE HABLO
Estoy con pavura. hame sobrevenido lo que más temía. no estoy en dificultad: estoy en no poder más.
No abandoné el vacío y el desierto. vivo en peligro.
tu canto no me ayuda. cada vez más tenazas, más miedos, más sombras negras.
TIEMPO
A Olga Orozco
Yo no sé de la infancia más que un miedo luminoso y una mano que me arrastra a mi otra orilla.
Mi infancia y su perfume a pájaro acariciado.
EL MIEDO
En el eco de mis muertes aún hay miedo. ¿Sabes tu del miedo? Sé del miedo cuando digo mi nombre. Es el miedo, el miedo con sombrero negro escondiendo ratas en mi sangre, o el miedo con labios muertos bebiendo mis deseos. Sí. En el eco de mis muertes aún hay miedo.
HOJAS DE VIENTO
Han venido. Invaden la sangre. Huelen a plumas, a carencia, a llanto. Pero tú alimentas al miedo y a la soledad como a dos animales pequeños perdidos en el desierto.
Han venido a incendiar la edad del sueño. Un adiós es tu vida. Pero tú te abrazas como la serpiente loca de movimiento que sólo se halla a sí misma porque no hay nadie.
Tú lloras debajo de tu llanto, tú abres el cofre de tus deseos y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad que las palabras se suicidan.
LA CARENCIA
Yo no sé de pájaros, no conozco la historia del fuego. Pero creo que mi soledad debería tener alas.
LA DANZA INMÓVIL
Mensajeros en la noche anunciaron lo que no oímos. Se buscó debajo del aullido de la luz. Se quiso detener el avance de las manos enguantadas que estrangulaban a la inocencia.
Y si se escondieron en la casa de mi sangre, ¿cómo no me arrastro hasta el amado que muere detrás de mi ternura? ¿Por qué no huyo y me persigo con cuchillos y me deliro?
De muerte se ha tejido cada instante. Yo devoro la furia como un ángel idiota invadido de malezas que le impiden recordar el color del cielo.
Pero ellos y yo sabemos que el cielo tiene el color de la infancia muerta.
Ese instante que no se olvida Tan vacío devuelto por las sombras Tan vacío rechazado por los relojes Ese pobre instante adoptado por mi ternura Desnudo desnudo de sangre de alas Sin ojos para recordar angustias de antaño Sin labios para recoger el zumo de las violencias perdidas en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo niña ciega de alma Ponle tus cabellos escarchados por el fuego Abrázalo pequeña estatua de terror. Señálale el mundo convulsionado a tus pies A tus pies donde mueren las golondrinas Tiritantes de pavor frente al futuro Dile que los suspiros del mar Humedecen las únicas palabras Por las que vale vivir.
Pero ese instante sudoroso de nada Acurrucado en la cueva del destino Sin manos para decir nunca Sin manos para regalar mariposas A los niños muertos
Esta lúgubre manía de vivir esta recóndita humorada de vivir te arrastra Alejandra no lo niegues.
Hoy te miraste en el espejo y te fue triste estabas sola la luz rugía el aire cantaba pero tu amado no volvió
Enviarás mensajes sonreirás tremolarás tus manos así volverá tu amado tan amado
Oyes la demente sirena que lo robó el barco con barbas de espuma donde murieron las risas recuerdas el último abrazo Oh nada de angustias ríe en el pañuelo llora a carcajadas pero cierra las puertas de tu rostro para que no digan luego que aquella mujer enamorada fuiste tú
TE remuerden los días te culpan las noches te duele la vida tanto tanto desesperada ¿adónde vas? Desesperada ¡nada más! (Alejandra Pizarnik, de La última inocencia, 1956)
Se fuga la isla Y la muchacha vuelve a escalar el viento y a descubrir la muerte del pájaro profeta Ahora es el fuego sometido Ahora es la carne la hoja la piedra perdidos en la fuente del tormento como el navegante en el horror de la civilación que purifica la caída de la noche Ahora la muchacha halla la máscara del infinito y rompe el muro de la poesía.
Afuera hay sol. No es más que un sol pero los hombres lo miran y después cantan.
Yo no sé del sol. Yo sé la melodía del ángel y el sermón caliente del último viento. Sé gritar hasta el alba cuando la muerte se posa desnuda en mi sombra.
Yo lloro debajo de mi nombre. Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad bailan conmigo. Yo oculto clavos para escarnecer a mis sueños enfermos.
Mi ser henchido de barcos blancos. Mi ser reventando sentires. Toda yo bajo las reminiscencias de tus ojos. Quiero destruir la picazón de tus pestañas. Quiero rehuir la inquietud de tus labios. Porqué tu visión fantasmagórica redondea los cálices de estas horas?
correr no sé donde aquí o allá singulares recodos desnudos basta correr! trenzas sujetan mi anochecer de caspa y agua colonia rosa quemada fósforo de cera creación sincera en surco capilar la noche desanuda su bagaje de blancos y negros tirar detener su devenir
SALVACIÓN
Se fuga la isla. Y la muchacha vuelve a escalar el viento y a descubrir la muerte del pájaro profeta. Ahora es la carne la hoja la piedra perdidas en la fuente del tormento como el navegante en el horror de la civilización que purifica la caída de la noche. Ahora la muchacha halla la máscara del infinito y rompe el muro de la poesía.
Señor La jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado y mi corazón está loco porque aúlla a la muerte y sonríe detrás del viento a mis delirios
Qué haré con el miedo Qué haré con el miedo
Ya no baila la luz en mi sonrisa ni las estaciones queman palomas en mis ideas Mis manos se han desnudado y se han ido donde la muerte enseña a vivir a los muertos
Señor El aire me castiga el ser Detrás del aire hay mounstros que beben de mi sangre
Es el desastre Es la hora del vacío no vacío Es el instante de poner cerrojo a los labios oír a los condenados gritar contemplar a cada uno de mis nombres ahorcados en la nada.
Señor Tengo veinte años También mis ojos tienen veinte años y sin embargo no dicen nada
Señor He consumado mi vida en un instante La última inocencia estalló Ahora es nunca o jamás o simplemente fue
¿Còmo no me suicido frente a un espejo y desaparezco para reaparecer en el mar donde un gran barco me esperaría con las luces encendidas?
¿Cómo no me extraigo las venas y hago con ellas una escala para huir al otro lado de la noche?
El principio ha dado a luz el final Todo continuará igual Las sonrisas gastadas El interés interesado Las preguntas de piedra en piedra Las gesticulaciones que remedan amor Todo continuará igual
Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde
Señor Arroja los féretros de mi sangre
Recuerdo mi niñez cuando yo era una anciana Las flores morían en mis manos porque la danza salvaje de la alegría les destruía el corazón
Recuerdo las negras mañanas de sol cuando era niña es decir ayer es decir hace siglos
Señor La jaula se ha vuelto pájaro y ha devorado mis esperanzas
Señor La jaula se ha vuelto pájaro Qué haré con el miedo
Esta manía de saberme ángel, sin edad, sin muerte en qué vivirme, sin piedad por mi nombre ni por mis huesos que lloran vagando.
¿Y quién no tiene un amor? ¿Y quién no goza entre amapolas? ¿Y quién no posee un fuego, una muerte, un miedo, algo horrible, aunque fuere con plumas aunque fuere con sonrisas?
Siniestro delirio amar una sombra. La sombra no muere. Y mi amor sólo abraza a lo que fluye como lava del infierno: una logia callada, fantasmas en dulce erección, sacerdotes de espuma, y sobre todo ángeles, ámgeles bellos como cuchillos que se elevan en la noche y devastan la esperanza.
Llamé, llamé como la náufraga dichosa a las olas verdugas que conocen el verdadero nombre de la muerte.
He llamado al viento, le confié mi ser.
Pero un pájaro muerto vuela hacia la desesperanza en medio de la música cuando brujas y flores cortan la mano de la bruma. Un pájaro muerto llamado azul.
No es la soledad con alas, es el silencio de la prisionera, es la mudez de pájaros y viento, es el mundo enojado con mi risa o los guardianes del infierno rompiendo mis cartas.
a Cristina Campo Son mis voces cantando para que no canten ellos, los amordazados grismente en el alba, los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.
Hay, en la espera, un rumor a lila rompiéndose. Y hay, cuando viene el día, una partición de sol en pequeños soles negros. Y cuando es de noche, siempre, una tribu de palabras mutiladas busca asilo en mi garganta para que no canten ellos, los funestos, los dueños del silencio.
Si te atreves a sorprender la verdad de esta vieja pared; y sus fisuras, desgarraduras, formando rostros, esfinges, manos, clepsidras, seguramente vendrá una presencia para tu sed, probablemente partirá esta ausencia que te bebe.
no sé si pájaro o jaula mano asesina o joven muerta jadeando en la gran garganta oscura o silenciosa pero tal vez oral como una fuente tal vez juglar o princesa en la torre más alta.
Mañana me vestirán con cenizas al alba, me llenarán la boca de flores, Aprenderé a dormir en la memoria de un muro, en la respiració de un animal que sueña.
Amantes
Una Flor No Lejos De La Noche Mi Cuerpo Mudo Se Abre A La Delicada Urgencia Del Rocío
ANILLOS DE CENIZA
A Cristina Campo
Son mis voces cantando para que no canten ellos, los amordazados grismente en el alba, los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.
Hay, en la espera, un rumor a lila rompiéndose. Y hay, cuando viene el día, una partición de sol en pequeños soles negros. Y cuando es de noche, siempre, una tribu de palabras mutiladas busca asilo en mi garganta para que no canten ellos, los funestos, los dueños del silencio.
CAMINOS DEL ESPEJO
I Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.
II Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.
III Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.
IV Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.
V Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.
VI Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.
VII La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.
VIII Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.
IX Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.
X Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.
XI Al negro sol del silencio las palabras se doraban.
XII Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.
XIII Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo? Deseaba un silencio perfecto. Por eso hablo.
XIV La noche tiene la forma de un grito de lobo.
XV Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.
XVI Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.
XVII Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.
XVIII Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.
XIX Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.
CANTORA NOCTURNA
Joe, macht die Musik von damals nacht...
La que murió de su vestido azul está cantando. Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad.
Adentro de su canción hay un vestido azul, hay un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado con los ecos de los latidos de su corazón muerto.
Expuesta a todas las perdiciones, ella canta junto a una niña extraviada que es ella: su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la niebla verde en los labios y del frío gris en los ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre la sed y la mano que busca el vaso.
Ella canta.
CENIZAS
La noche se astilló de estrellas mirándome alucinada el aire arroja odio embellecido su rostro con música.
Pronto nos iremos
Arcano sueño antepasado de mi sonrisa el mundo está demacrado y hay candado pero no llaves y hay pavor pero no lágrimas.
¿Qué haré conmigo?
Porque a Ti te debo lo que soy
Pero no tengo mañana
Porque a Ti te...
La noche sufre.
COLD IN HAND BLUES
y qué es lo que vas a decir voy a decir solamente algo y qué es lo que vas a hacer voy a ocultarme en el lenguaje y por qué tengo miedo
ÁRBOL DE DIANA
1 He dado el salto de mí al alba. He dejado mi cuerpo junto a la luz y he cantado la tristeza de lo que nace.
2 Estas son las versiones que nos propone: un agujero, una pared que tiembla...
3 sólo la sed el silencio ningún encuentro cuídate de mí amor mío cuídate de la silenciosa en el desierto de la viajera con el vaso vacío y de la sombra de su sombra
4 Ahora bien: Quién dejará de hundir su mano en busca del tributo para la pequeña olvidada. El frío pagará. Pagará el viento. La lluvia pagará. Pagará el trueno.
5 por un minuto de vida breve única de ojos abiertos por un minuto de ver en el cerebro flores pequeñas danzando como palabras en la boca de un mudo
6 ella se desnuda en el paraíso de su memoria ella desconoce el feroz destino de sus visiones ella tiene miedo de no saber nombrar lo que no existe
7 Salta con la camisa en llamas de estrella a estrella, de sombra en sombra. Muere de muerte lejana la que ama al viento.
8 Memoria iluminada, galería donde vaga la sombra de lo que espero. No es verdad que vendrá. No es verdad que no vendrá.
9 A Aurora y Julio Cortázar
Estos huesos brillando en la noche, estas palabras como piedras preciosas en la garganta viva de un pájaro petrificado, este verde muy amado, este lila caliente, este corazón sólo misterioso.
10 un viento débil lleno de rostros doblados que recorto en forma de objetos que amar
11 ahora en esta hora inocente yo y la que fui nos sentamos en el umbral de mi mirada
12 no más las dulces metamorfosis de una niñ3; de seda sonámbula ahora en la cornisa de niebla
su despertar de mano respirando de flor que se abre al viento
13 explicar con palabras de este mundo que partió de mí un barco llevándome
14 El poema que no digo, el que no merezco. Miedo de ser dos camino del espejo: alguien en mí dormido me come y me bebe.
15 Extraño desacostumbrarme de la hora en que nací. Extraño no ejercer más oficio de recién llegada.
16 has construido tu casa has emplumado tus pájaros has golpeado al viento con tus propios huesos has terminado sola lo que nadie comenzó
17 Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta, se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nom- bres creciendo solos en la noche pálida.)
20 a Laure Bataillon
dice que no sabe del miedo de la muerte del amor dice que tiene miedo de la muerte del amor dice que el amor es muerte es miedo dice que la muerte es miedo es amor dice que no sabe
21 he nacido tanto y doblemente sufrido en la memoria de aquí y de allá
22 en la noche un espejo para la pequeña muerta un espejo de cenizas
23 una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos
32 Zona de plagas donde la dormida come lentamente su corazón de medianoche.
33 alguna vez alguna vez tal vez me iré sin quedarme me iré como quien se va
34 la pequeña viajera moría explicando su muerte
sabios animales nostálgicos visitaban su cuerpo caliente
35 a Ester Singer
Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fue- go, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler, mi vida.
37 más allá de cualquier zona prohibida hay un espejo para nuestra triste transparencia
38 Este canto arrepentido, vigía detrás de mis poemas' este canto me desmiente, me amordaza.
Tú duermes, ya lo sé. Te estoy velando. No importa que estés lejos, que no escuche tu cadencia en la sombra; no importa que no pueda pasar mi mano sobre tu cabeza, tus sienes y tus hombros.
Yo estoy velando, siempre. No importa que no pueda acurrucarme para que tú me envuelvas sin saberlo, para que tú me abraces sin sentirlo, para que me retengas mientras yo tiemblo y digo simplemente palabras que no escuchas. Yo puedo estar tan lejos pero sigo velando cuando duermes.
Los versos del Capitán [Poemas: Texto completo] Pablo Neruda
Explicación
Mucho
se discutió el anonimato de este libro. Lo que yo discutía en mi
interior mientras tanto, era si debía o no sacarlo de su origen íntimo:
revelar su progenitura era desnudar la intimidad de su nacimiento. Y no
me parecía que tal acción fuera leal a los arrebatos de amor y furia,
al clima desconsolado y ardiente del destierro que le dio nacimiento.
Por
otra parte pienso que todos los libros debieran ser anónimos. Pero
entre quitar a todos los míos mi nombre o entregarlo al más misterioso,
cedí, por fin, aunque sin muchas ganas.
¿Que por qué guardó su
misterio por tanto tiempo? Por nada y por todo, por lo de aquí y lo de
más allá, por alegrías impropias, por sufrimientos ajenos. Cuando Paolo
Ricci, compañero luminoso, lo imprimió por primera vez en Nápoles en
1952 pensamos que aquellos escasos ejemplares que él cuidó y preparó
con excelencia, desaparecerían sin dejar huellas en las arenas del sur.
No ha sido así. Y la vida que reclamó su estallido secreto hoy me lo impone como presencia del inconmovible amor.
Entrego,
pues, este libro sin explicarlo más, como si fuera mío y no lo fuera:
basta con que pudiera andar solo por el mundo y crecer por su cuenta.
Ahora que lo reconozco espero que su sangre furiosa me reconocerá
también.
Pablo Neruda Isla Negra, noviembre de 1963
Introducción
Habana, 3 de octubre de 1951
Estimado señor:
Me permito enviarle estos papeles que creo le interesarán y que no he podido dar a la publicidad hasta ahora.
Tengo
todos los originales de estos versos. Están escritos en los sitios más
diversos, como trenes, aviones, cafés y en pequeños papelitos extraños
en los que no hay casi correcciones.
En una de sus últimas cartas venía la “Carta en el camino”.
Muchos de estos papeles por arrugados y cortados son casi ilegibles, pero creo que he logrado descifrarlos.
Mi persona no tiene importancia, pero soy la protagonista de este libro y eso me hace estar orgullosa y satisfecha de mi vida.
Este
amor, este gran amor, nació un agosto de un año cualquiera, en mis
giras que hacía como artista, por los pueblos de la frontera franco
española.
Él venía de la guerra de España. No venía vencido. Era
del partido de Pasionaria, estaba lleno de ilusiones y de esperanzas
para su pequeño y lejano país, en Centro América. Siento no poder dar
su nombre. Nunca he sabido cuál era el verdadero, si Martínez, Ramírez
o Sánchez. Yo lo llamo simplemente mi Capitán y éste es el nombre que
quiero conservar en este libro.
Sus versos son como él mismo:
tiernos, amorosos, apasionados, y terribles en su cólera. Era fuerte y
su fuerza la sentían todos los que a él se acercaban. Era un hombre
privilegiado de los que nacen para grandes destinos. Yo sentía su
fuerza y mi placer más grande era sentirme pequeña a su lado.
Entró
a mi vida, como él lo dice en un verso, echando la puerta abajo. No
golpeó la puerta con timidez de enamorado. Desde el primer instante, él
se sintió dueño de mi cuerpo y de mi alma. Me hizo sentir que todo
cambiaba en mi vida, esa pequeña vida mía de artista, de comodidad, de
blandura, se transformó como todo lo que él tocaba.
No sabía de
sentimientos pequeños, ni tampoco los aceptaba. Me dio su amor, con
toda la pasión que él era capaz de sentir y yo lo amé como nunca me
creí capaz de amar. Todo se transformó en mi vida. Entré a un mundo que
antes nunca soñé que existía. Primero tuve miedo, hubo momentos de
duda, pero el amor no me dejó vacilar mucho tiempo.
Este amor me traía todo.
La
ternura dulce y sencilla cuando buscaba una flor, un juguete, una
piedra de río y me la entregaba con sus ojos húmedos de una ternura
infinita. Sus grandes manos eran, en este momento, de una blandura
dulce y en sus ojos se asomaba entonces un alma de niño.
Pero
había en mí un pasado que él no conocía y había celos y furias
incontenibles. Éstas eran como tempestades furiosas que azotaban su
alma y la mía, pero nunca tuvieron fuerza para destrozar la cadena que
nos unía, que era nuestro amor, y de cada tempestad salíamos más
unidos, más fuertes, más seguros de nosotros mismos.
En todos
estos momentos, él escribía estos versos, que me hacían subir al cielo
o bajar al mismo infierno, con la crudeza de sus palabras que me
quemaban como brasas.
Él no podía amar de otra manera.
Estos
versos son la historia de nuestro amor, grande en todas sus
manifestaciones. Tenía la misma pasión que él ponía en sus combates, en
sus luchas contra las injusticias. Le dolía el sufrimiento y la
miseria, no sólo de su pueblo, sino de todos los pueblos, todas las
luchas por combatirlas eran suyas y se entregaba entero, con toda su
pasión.
Yo soy muy poco literaria y no puedo hablar del valor de
estos versos, fuera del valor humano que indiscutiblemente tienen. Tal
vez el Capitán nunca pensó que estos versos se publicarían, pero ahora
creo que es mi deber darlos al mundo.
Saluda atentamente a usted. Rosario de la Cerda
Los versos del Capitán El amor
EN TI LA TIERRA
Pequeña rosa, rosa pequeña, a veces, diminuta y desnuda, parece que en una mano mía cabes, que así voy a cerrarte y llevarte a mi boca, pero de pronto mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido, suben tus hombros como dos colinas, tus pechos se pasean por mi pecho, mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada línea de luna nueva que tiene tu cintura: en el amor como agua de mar te has desatado: mido apenas los ojos más extensos del cielo y me inclino a tu boca para besar la tierra.
LA REINA
Yo te he nombrado reina. Hay más altas que tú, más altas. Hay más puras que tú, más puras. Hay más bellas que tú, hay más bellas. Pero tú eres la reina. Cuando vas por las calles nadie te reconoce. Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira la alfombra de oro rojo que pisas donde pasas, la alfombra que no existe. Y cuando asomas suenan todos los ríos en mi cuerpo, sacuden el cielo las campanas, y un himno llena el mundo. Sólo tú y Yo, sólo tú y yo, amor mío, lo escuchamos.
EL ALFARERO
Todo tu cuerpo tiene copa o dulzura destinada a mí. Cuando subo la mano encuentro en cada sitio una paloma que me buscaba, como si te hubieran, amor, hecho de arcilla para mis propias manos de alfarero. Tus rodillas, tus senos, tu cintura faltan en mí como en el hueco de una tierra sedienta de la que desprendieron una forma, y juntos somos completos como un solo río, como una sola arena.
8 DE SEPTIEMBRE
Hoy, este día fue una copa plena, hoy, este día fue la inmensa ola, hoy, fue toda la tierra. Hoy el mar tempestuoso nos levantó en un beso tan alto que temblamos a la luz de un relámpago y, atados, descendimos a sumergirnos sin desenlazarnos. Hoy nuestros cuerpos se hicieron extensos, crecieron hasta el límite del mundo y rodaron fundiéndose en una sola gota de cera o meteoro. Entre tú y yo se abrió una nueva puerta y alguien, sin rostro aún, allí nos esperaba.
TUS PIES
Cuando no puedo mirar tu cara miro tus pies. Tus pies de hueso arqueado, tus pequeños pies duros. Yo sé que te sostienen, y que tu dulce peso sobre ellos se levanta. Tu cintura y tus pechos, la duplicada púrpura de tus pezones, la caja de tus ojos que recién han volado, tu ancha boca de fruta, tu cabellera roja, pequeña torre mía. Pero no amo tus pies sino porque anduvieron sobre la tierra y sobre el viento y sobre el agua, hasta que me encontraron.
TUS MANOS Cuando tus manos salen, y amor, hacia las mías, qué me traen volando? Por qué se detuvieron en mi boca, de pronto, por qué las reconozco como si entonces antes, las hubiera tocado, como si antes de ser hubieran recorrido mi frente, mi cintura? Su suavidad venía volando sobre el tiempo, sobre el mar, sobre el humo, sobre la primavera, y cuando tú pusiste tus manos en mi pecho, reconocí esas alas de paloma dorada, reconocí esa greda y ese color de trigo. Los años de mi vida yo caminé buscándolas. Subí las escaleras, crucé los arrecifes, me llevaron los trenes, las aguas me trajeron, y en la piel de las uvas me pareció tocarte. La madera de pronto me trajo tu contacto, la almendra me anunciaba tu suavidad secreta, hasta que se cerraron tus manos en mi pecho y allí como dos alas terminaron su viaje.
TU RISA
Quítame el pan si quieres, quítame el aire, pero no me quites tu risa. No me quites la rosa, la lanza que desgranas, el agua que de pronto estalla en tu alegría, la repentina ola de planta que te nace. Mi lucha es dura y vuelvo con los ojos cansados a veces de haber visto la tierra que no cambia, pero al entrar tu risa sube al cielo buscándome y abre para mí todas las puertas de la vida. Amor mío, en la hora más oscura desgrana tu risa, y si de pronto ves que mi sangre mancha las piedras de la calle, ríe, porque tu risa será para mis manos como una espada fresca. Junto al mar en otoño, tu risa debe alzar su cascada de espuma, y en primavera, amor, quiero tu risa como la flor que yo esperaba, la flor azul, la rosa de mi patria sonora. Ríete de la noche, del día, de la luna, ríete de las calles torcidas de la isla, ríete de este torpe muchacho que te quiere, pero cuando yo abro los ojos y los cierro, cuando mis pasos van, cuando vuelven mis pasos, niégame el pan, el aire, la luz, la primavera, pero tu risa nunca porque me moriría.
EL INCONSTANTE
Los ojos se me fueron detrás de una morena que pasó. Era de nácar negro, era de uvas moradas, y me azotó la sangre con su cola de fuego. Detrás de todas me voy. Pasó una clara rubia como una planta de oro balanceando sus dones. Y mi boca se fue como una ola descargando en su pecho relámpagos de sangre. Detrás de todas me voy. Pero a ti, sin moverme, sin verte, tú distante, van mi sangre y mis besos, morena y clara mía, alta y pequeña mía, ancha y delgada mía, mi fea, mi hermosura, hecha de todo el oro y de toda la plata, hecha de todo el trigo y de toda la tierra, hecha de toda el agua de las olas marinas, hecha para mis brazos, hecha para mis besos, hecha para mi alma.
LA NOCHE EN LA ISLA
Toda la noche he dormido contigo junto al mar, en la isla. Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño, entre el fuego y el agua. Tal vez muy tarde nuestros sueños se unieron en lo alto o en el fondo, arriba como ramas que un mismo viento mueve, abajo como rojas raíces que se tocan. Tal vez tu sueño se separó del mío y por el mar oscuro me buscaba como antes, cuando aún no existías, cuando sin divisarse navegué por tu lado, y tus ojos buscaban lo que ahora -pan, vino, amor y cólera- te doy a manos llenas porque tú eres la copa que esperaba los dones de mi vida. He dormido contigo toda la noche mientras la oscura tierra gira con vivos y con muertos, y al despertar de pronto en medio de la sombra mi brazo rodeaba tu cintura. Ni la noche, ni el sueño pudieron separarnos. He dormido contigo y al despertar tu boca salida de tu sueño me dio el sabor de tierra, de agua marina, de algas, del fondo de tu vida, y recibí tu beso mojado por la aurora como si me llegara del mar que nos rodea.
EL VIENTO EN LA ISLA
El viento es un caballo: óyelo cómo corre por el mar, por el cielo. Quiere llevarme: escucha cómo recorre el mundo para llevarme lejos. Escóndeme en tus brazos por esta noche sola, mientras la lluvia rompe contra el mar y la tierra su boca innumerable. Escucha cómo el viento me llama galopando para llevarme lejos. Con tu frente en mi frente, con tu boca en mi boca, atados nuestros cuerpos al amor que nos quema, deja que el viento pase sin que pueda llevarme. Deja que el viento corra coronado de espuma, que me llame y me busque galopando en la sombra, mientras yo, sumergido bajo tus grandes ojos, por esta noche sola descansaré, amormío.
LA INFINITA
Ves estas manos? Han medido la tierra, han separado los minerales y los cereales, han hecho la paz y la guerra, han derribado las distancias de todos los mares y ríos, y sin embargo cuando te recorren a ti, pequeña, grano de trigo, alondra, no alcanzan a abarcarle, se cansan alcanzando las palomas gemelas que reposan o vuelan en tu pecho, recorren las distancias de tus piernas, se enrollan en la luz de tu cintura. Para mí eres tesoro más cargado de inmensidad que el mar y sus racimos y eres blanca y azul y extensa como la tierra en la vendimia. En ese territorio, de tus pies a tu frente, andando, andando, andando, me pasaré la vida.
BELLA
Bella, como en la piedra fresca del manantial, el agua abre un ancho relámpago de espuma, así es la sonrisa en tu rostro, bella. Bella, de finas manos y delgados pies como un caballito de plata, andando, flor del mundo, así te veo, bella. Bella, con un nido de cobre enmarañado en tu cabeza, un nido color de miel sombría donde mi corazón arde y reposa, bella. Bella, no te caben los ojos en la cara, no te caben los ojos en la tierra. Hay países, hay ríos, en tus ojos, mi patria está en tus ojos, yo camino por ellos, ellos dan luz al mundo por donde yo camino, bella. Bella, tus senos son como dos panes hechos de tierra cereal y luna de oro, bella. Bella, tu cintura la hizo mi brazo como un río cuando pasó mil años por tu dulce cuerpo, bella. Bella, no hay nada como tus caderas, tal vez la tierra tiene en algún sitio oculto la curva y el aroma de tu cuerpo, tal vez en algún sitio, bella. Bella, mi bella, tu voz, tu piel, tus uñas, bella, mi bella, tu ser, tu luz, tu sombra, bella, todo eso es mío, bella, todo eso es mío, mía, cuando andas o reposas, cuando cantas o duermes, cuando sufres o sueñas, siempre, cuando estás cerca o lejos, siempre, eres mía, mi bella, siempre.
LA RAMA ROBADA
En la noche entraremos a robar una rama florida. Pasaremos el muro, en las tinieblas del jardín ajeno, dos sombras en la sombra. Aún no se fue el invierno, y el manzano aparece convertido de pronto en cascada de estrellas olorosas. En la noche entraremos hasta su tembloroso firmamento, y tus pequeñas manos y las mías robarán las estrellas. Y sigilosamente, a nuestra casa, en la noche y en la sombra, entrará con tus pasos el silencioso paso del perfume y con pies estrellados el cuerpo claro de la primavera.
EL HIJO
Ay hijo, sabes, sabes de dónde vienes? De un lago con gaviotas blancas y hambrientas. Junto al agua de invierno ella y yo levantamos una fogata roja gastándonos los labios de besarnos el alma, echando al fuego todo, quemándonos la vida. Así llegaste al mundo. Pero ella para verme y para verte un día atravesó los mares y yo para abrazar su pequeña cintura toda la tierra anduve, con guerras y montañas, con arenas y espinas. Así llegaste al mundo. De tantos sitios vienes, del agua y de la tierra, del fuego y de la nieve, de tan lejos caminas hacia nosotros dos, desde el amor terrible que nos ha encadenado, que queremos saber cómo eres, qué nos dices, porque tú sabes más del mundo que te dimos. Como una gran tormenta sacudimos nosotros el árbol de la vida hasta las más ocultas fibras de las raíces y apareces ahora cantando en el follaje, en la más alta rama que contigo alcanzamos.
LA TIERRA
La tierra verde se ha entregado a todo lo amarillo, oro, cosechas, terrones, hojas, grano, pero cuando el otoño se levanta con su estandarte extenso eres tú la que veo, es para mí tu cabellera la que reparte las espigas. Veo los monumentos de antigua piedra rota, pero si toco la cicatriz de piedra tu cuerpo me responde, mis dedos reconocen de pronto, estremecidos, tu caliente dulzura. Entre los héroes paso recién condecorados por la tierra y la pólvora y detrás de ellos, muda, con tus pequeños pasos, eres o no eres? Ayer cuando sacaron de raíz, para verlo, el viejo árbol enano te vi salir mirándome desde las torturadas y sedientas raíces. Y cuando viene el sueño a extenderme y llevarme a mi propio silencio hay un gran viento blanco que derriba mi sueño y caen de él las hojas, caen como cuchillos sobre mí desangrándome. Y cada herida tiene la forma de tu boca.
AUSENCIA
Apenas te he dejado, vas en mí, cristalina o temblorosa, o inquieta, herida por mí mismo o colmada de amor, como cuando tus ojos se cierran sobre el don de la vida que sin cesar te entrego. Amor mío, nos hemos encontrado sedientos y nos hemos bebido toda el agua y la sangre, nos encontramos con hambre y nos mordimos como el fuego muerde, dejándonos heridas. Pero espérame, guárdame tu dulzura. Yo te daré también una rosa. El deseo
EL TIGRE
Soy el tigre. Te acecho entre las hojas anchas como lingotes de mineral mojado. El río blanco crece bajo la niebla. Llegas. Desnuda te sumerges. Espero. Entonces en un salto de fuego, sangre, dientes, de un zarpazo derribo tu pecho, tus caderas. Bebo tu sangre, rompo tus miembros uno a uno. Y me quedo velando por años en la selva tus huesos, tu ceniza, inmóvil, lejos del odio y de la cólera, desarmado en tu muerte, cruzado por las lianas, inmóvil en la lluvia, centinela implacable de mi amor asesino.
EL CÓNDOR
Yo soy el cóndor, vuelo sobre ti que caminas y de pronto en un ruedo de viento, pluma, garras, te asalto y te levanto en un ciclón silbante de huracanado frío. Y a mi torre de nieve, a mi guarida negra te llevo y sola vives, y te llenas de plumas y vuelas sobre el mundo, inmóvil, en la altura. Hembra cóndor, saltemos sobre esta presa roja, desgarremos la vida que pasa palpitando y levantemos juntos nuestro vuelo salvaje.
EL INSECTO
De tus caderas a tus pies quiero hacer un largo viaje. Soy más pequeño que un insecto. Voy por estas colinas, son de color de avena, tienen delgadas huellas que sólo yo conozco, centímetros quemados, pálidas perspectivas. Aquí hay una montaña. No saldré nunca de ella. Oh qué musgo gigante! Y un cráter, una rosa de fuego humedecido! Por tus piernas desciendo hilando una espiral o durmiendo en el viaje y llego a tus rodillas de redonda dureza como a las cimas duras de un claro continente. Hacia tus pies resbalo, a las ocho aberturas, de tus dedos agudos, lentos, peninsulares, y de ellos al vacío de la sábana blanca caigo, buscando ciego y hambriento tu contorno de vasija quemante!
Las furias
EL AMOR
Qué tienes, qué tenemos, qué nos pasa? Ay nuestro amor es una cuerda dura que nos amarra hiriéndonos y si queremos salir de nuestra herida, separarnos, nos hace un nuevo nudo y nos condena a desangrarnos y quemarnos juntos. Qué tienes? Yo te miro y no hallo nada en ti sino dos ojos como todos los ojos, una boca perdida entre mil bocas que besé, más hermosas, un cuerpo igual a los que resbalaron bajo mi cuerpo sin dejar memoria. Y qué vacía por el mundo ibas como una jarra de color de trigo sin aire, sin sonido, sin substancia! Yo busqué en vano en ti profundidad para mis brazos que excavan, sin cesar, bajo la tierra: bajo tu piel, bajo tus ojos nada, bajo tu doble pecho levantado apenas una corriente de orden cristalino que no sabe por qué corre cantando. Por qué, por qué, por qué, amor mío, por qué?
SIEMPRE
Antes de mí no tengo celos. Ven con un hombre a la espalda, ven con cien hombres en tu cabellera, ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies, ven como un río lleno de ahogados que encuentra el mar furioso, la espuma eterna, el tiempo! Tráelos todos adonde yo te espero: siempre estaremos solos, siempre estaremos tú y yo solos sobre la tierra para comenzar la vida!
EL DESVÍO
Si tu pie se desvía de nuevo, será cortado. Si tu mano te lleva a otro camino se caerá podrida. Si me apartas tu vida morirás aunque vivas. Seguirás muerta o sombra, andando sin mí por la tierra.
LA PREGUNTA
Amor, una pregunta te ha destrozado. Yo he regresado a ti desde la incertidumbre con espinas. Te quiero recta como la espada o el camino. Pero te empeñas en guardar un recodo de sombra que no quiero. Amor mío, compréndeme, te quiero toda, de ojos a pies, a uñas, por dentro, toda la claridad, la que guardabas. Soy yo, amor mío, quien golpea tu puerta. No es el es el fantasma, no es el que antes se detuvo en tu ventana. yo echo la puerta abajo: Yo entro en toda tu vida: vengo a vivir en tu alma: tú no puedes conmigo. Tienes que abrir puerta a puerta, tienes que obedecerme, tienes que abrir los ojos para que busque en ellos, tienes que ver cómo ando con pasos pesados por todos los caminos que, ciegos, me esperaban. No me temas, soy tuyo, pero no soy el pasajero ni el mendigo, soy tu dueño, el que tú esperabas, y ahora entro en tu vida, para no salir más, amor, amor, amor, para quedarme.
LA PRÓDIGA
Yo te escogí entre todas las mujeres para que repitieras sobre la tierra mi corazón que baila con espigas o lucha sin cuartel cuando hace falta. Yo te pregunto, dónde está mi hijo? No me esperaba en ti, reconociéndome, Y diciéndome: “Llámame para salir sobre la tierra Y continuar tus luchas y tus cantos?” Devuélveme a mi hijo! Lo has olvidado en las puertas del placer, oh pródiga enemiga, has olvidado que viniste a esta cita, la más profunda, aquella en que los dos, unidos, seguiremos hablando por su boca, amor mío, ay, todo aquello que no alcanzamos a decirnos? Cuando yo te levanto en una ola de fuego y sangre, y se duplica la vida entre nosotros, acuérdate, que alguien nos llama como nadie jamás nos ha llamado y que no respondemos y nos quedamos solos y cobardes ante la vida que negamos. Pródiga, abre las puertas, y que en tu corazón el nudo ciego se desenlace y vuele con tu sangre y la mía por el mundo!
EL DAÑO
Te he hecho daño, alma mía, he desgarrado tu alma. Entiéndeme. Todos saben quién soy, pero ese Soy es además un hombre para ti. En ti vacilo, caigo y me levanto ardiendo. Tú entre todos los seres tienes derecho a verme débil. Y tu pequeña mano de pan y de guitarra debe tocar mi pecho cuando sale al combate. Por eso busco en ti la firme piedra. Ásperas manos en tu sangre clavo buscando tu firmeza y la profundidad que necesito, y si no encuentro sino tu risa de metal, si no hallo nada en qué sostener mis duros pasos, adorada, recibe mi tristeza y mi cólera, mis manos enemigas destruyéndote un poco para que te levantes de la arcilla, hecha de nuevo para mis combates.
EL POZO
A veces te hundes, caes en tu agujero de silencio, en tu abismo de cólera orgullosa, y apenas puedes volver, aún con jirones de lo que hallaste en la profundidad de tu existencia. Amor mío, qué encuentras en tu pozo cerrado? Algas, ciénagas, rocas? Qué ves con ojos ciegos, rencorosa y herida? Mi vida, no hallarás en el pozo en que caes lo que yo guardo para ti en la altura: un ramo de jazmines con rocío un beso más profundo que tu abismo. No me temas, no caigas en tu rencor de nuevo. Sacude la palabra mía que vino a herirte y déjala que vuele por la ventana abierta. Ella volverá a herirme sin que tú la dirijas puesto que fue cargada con un instante duro y ese instante será desarmado en mi pecho. Sonríeme radiosa si mi boca te hiere. No soy un pastor dulce como en los cuentos de hadas, sino un buen leñador que comparte contigo tierra, viento y espinas de los montes. Ámame, tú, sonríeme, ayúdame a ser bueno. No te hieras en mí, que será inútil, no me hieras a mí porque te hieres.
EL SUEÑO
Andando en las arenas yo decidí dejarte. Pisaba un barro oscuro que temblaba, y hundiéndome y saliendo decidí que salieras de mí, que me pesabas como piedra cortante, y elaboré tu pérdida paso a paso: cortarte las raíces, soltarte sola al viento. Ay, en ese minuto, corazón mío, un sueño con sus alas terribles te cubría. Te sentías tragada por el barro, y me llamabas y yo no acudía, te ibas, inmóvil, sin defenderte hasta ahogarte en la boca de arena. Después mi decisión se encontró con tu sueño, y desde la ruptura que nos quebraba el alma, surgimos limpios otra vez, desnudos, amándonos sin sueño, sin arena, completos y radiantes, sellados por el fuego.
SI TÚ ME OLVIDAS
Quiero que sepas una cosa. Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan. Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme dejaré de quererte poco a poco. Si de pronto me olvidas no me busques que ya te habré olvidado. Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra. Pero si cada día, cada hora sientes que a mí estás destinada con dulzura implacable. Si cada día sube una flor a tus labios a buscarme, ay amor mío, ay mía, en mí todo ese fuego se repite, en mí nada se apaga ni se olvida, mi amor se nutre de tu amor, amada, y mientras vivas estará en tus brazos sin salir de los míos.
EL OLVIDO
Todo el amor en una copa ancha como la tierra, todo el amor con estrellas y espinas te di, pero anduviste con pies pequeños, con tacones sucios sobre el fuego, apagándolo. Ay gran amor, pequeña amada! No me detuve en la lucha. No dejé de marchar hacia la vida, hacia la paz, hacia el pan para todos, pero te alcé en mis brazos y te clavé a mis besos y te miré como jamás volverán a mirarte ojos humanos. Ay gran amor, pequeña amada! Entonces no mediste mi estatura, y al hombre que para ti apartó la sangre, el trigo, el agua confundiste con el pequeño insecto que te cayó en la falda. Ay gran amor, pequeña amada! No esperes que te mire en la distancia hacia atrás, permanece con lo que te dejé, pasea con mi fotografía traicionada, yo seguiré marchando, abriendo anchos caminos contra la sombra, haciendo suave la tierra, repartiendo la estrella para los que vienen. Quédate en el camino. Ha llegado la noche para ti. Tal vez de madrugada nos veremos de nuevo. Ay gran amor, pequeña amada!
LAS MUCHACHAS
Muchachas que buscabais el gran amor, el gran amor terrible, qué ha pasado, muchachas? Tal vez el tiempo, el tiempo! Porque ahora, aquí está, ved cómo pasa arrastrando las piedras celestes, destrozando las flores y las hojas, con un ruido de espumas azotadas contra todas las piedras de tu mundo, con un olor de esperma y de jazmines, junto a la luna sangrienta! Y ahora tocas el agua con tus pies pequeños, con tu pequeño corazón y no sabes qué hacer! Son mejores ciertos viajes nocturnos, ciertos departamentos, ciertos divertidísimos paseos, ciertos bailes sin mayor consecuencia que continuar el viaje! Muérete de miedo o de frío, o de duda, que yo con mis grandes pasos la encontraré, dentro de ti o lejos de ti, y ella me encontrará, la que no temblará frente al amor, la que estará fundida conmigo en la vida o la muerte!
TÚ VENÍAS
No me has hecho sufrir sino esperar. Aquellas horas enmarañadas, llenas de serpientes, cuando se me caía el alma y me ahogaba, tú venías andando, tú venías desnuda y arañada, tú llegabas sangrienta hasta mi lecho, novia mía, y entonces toda la noche caminamos durmiendo y cuando despertamos eras intacta y nueva, como si el grave viento de los sueños de nuevo hubiera dado fuego a tu cabellera y en trigo y plata hubiera sumergido tu cuerpo hasta dejarlo deslumbrante. Yo no sufrí amor mío, yo sólo te esperaba. Tenías que cambiar de corazón y de mirada después de haber tocado la profunda zona de mar que te entregó mi pecho. Tenías que salir del agua pura como una gota levantada por una ola nocturna. Novia mía, tuviste que morir y nacer, yo te esperaba Yo no sufrí buscándote, sabía que vendrías, una nueva mujer con lo que adoro de la que no adoraba, con tus ojos, tus manos y tu boca pero con otro corazón que amaneció a mi lado como si siempre hubiera estado allí para seguir conmigo para siempre.
Las vidas
EL MONTE Y EL RÍO
En mi patria hay un monte. En mi patria hay un río. Ven conmigo. La noche al monte sube. El hambre baja al río. Ven conmigo. Quiénes son los que sufren? No sé, pero son míos. Ven conmigo. No sé, pero me llaman y me dicen: “Sufrimos”. Ven conmigo. Y me dicen: “Tu pueblo, tu pueblo desdichado, entre el monte y el río, con hambre y con dolores, no quiere luchar solo, te está esperando, amigo”. Oh tú, la que yo amo, pequeña, grano rojo de trigo, será dura la lucha, la vida será dura, pero vendrás conmigo.
LA POBREZA Ay no quieres, te asusta la pobreza, no quieres ir con zapatos rotos al mercado y volver con el viejo vestido. Amor, no amamos, como quieren los ricos, la miseria. Nosotros la extirparemos como diente maligno que hasta ahora ha mordido el corazón del hombre. Pero no quiero que la temas. Si llega por mi culpa a tu morada, si la pobreza expulsa tus zapatos dorados, que no expulse tu risa que es el pan de mi vida. Si no puedes pagar el alquiler sal al trabajo con paso orgulloso, y piensa, amor, que yo te estoy mirando y somos juntos la mayor riqueza que jamás se reunió sobre la tierra.
LAS VIDAS
Ay qué incómoda a veces te siento conmigo, vencedor entre los hombres! Porque no sabes que conmigo vencieron miles de rostros que no puedes ver, miles de pies y pechos que marcharon conmigo, que no soy, que no existo, ¿ue sólo soy la frente de los que van conmigo, que soy más fuerte porque llevo en mí no mí pequeña vida sino todas las vidas, y ando seguro hacia adelante porque tengo mil ojos, golpeo con peso de piedra porque tengo mil manos y mi voz se oye en las orillas de todas las tierras porque es la voz de todos los que no hablaron, de los que no cantaron y cantan hoy con esta boca que a ti te besa.
LA BANDERA
Levántate conmigo. Nadie quisiera como yo quedarse sobre la almohada en que tus párpados quieren cerrar el mundo para mí. Allí también quisiera dejar dormir mi sangre rodeando tu dulzura. Pero levántate, tú, levántate, pero conmigo levántate y salgamos reunidos a luchar cuerpo a cuerpo contra las telarañas del malvado, contra el sistema que reparte el hambre, contra la organización de la miseria. Vamos, y tú, mi estrella, junto a mí, recién nacida de mi propia arcilla, ya habrás hallado el manantial que ocultas y en medio del fuego estarás junto a mí, con tus ojos bravíos, alzando mi bandera.
El Amor del Soldado En plena guerra te llevó la vida a ser el amor del soldado. Con tu pobre vestido de seda, tus uñas de piedra falsa te tocó caminar por el fuego. Ven acá, vagabunda, ven a beber sobre mi pecho rojo rocío. No querías saber dónde andabas, eras la compañera de baile, no tenías partido ni patria. Y ahora a mi lado caminando ves que conmigo va la vida y que detrás está la muerte. Ya no puedes volver a bailar con tu traje de seda en la sala. Te vas a romper los zapatos, pero vas a crecer en la marcha. Tienes que andar sobre las espinas dejando gotitas de sangre. Bésame de nuevo, querida. Limpia ese fusil, camarada.
NO SÓLO EL FUEGO
Ay sí, recuerdo, ay tus ojos cerrados como llenos por dentro de luz negra, todo tu cuerpo como una mano abierta, como un racimo blanco de la luna, y el éxtasis, cuando nos mata un rayo, cuando un puñal nos hiere en las raíces y nos rompe una luz la cabellera, y cuando vamos de nuevo volviendo a la vida, como si del océano saliéramos, como si del naufragio volviéramos heridos entre las piedras y las algas rojas. Pero hay otros recuerdos, no sólo flores del incendio, sino pequeños brotes que aparecen de pronto cuando voy en los trenes o en las calles. Te veo lavando mis pañuelos, colgando en la ventana mis calcetines rotos, tu figura en que todo, todo el placer como una llamarada cayó sin destruirte, de nuevo, mujercita de cada día, de nuevo ser humano, humildemente humano, soberbiamente pobre, como tienes que ser para que seas no la rápida rosa que la ceniza del amor deshace, sino toda la vida, toda la vida con jabón y agujas, con el aroma que amo de la cocina que tal vez no tendremos y en que tu mano entre las papas fritas y tu boca cantando en invierno mientras llega el asado serían para mí la permanencia de la felicidad sobre la tierra. Ay vida mía, no sólo el fuego entre nosotros arde, si no toda la vida, la simple historia, el simple amor de una mujer y un hombre parecidos a todos.
LA MUERTA
Si de pronto no existes, si de pronto no vives, yo seguiré viviendo. No me atrevo, no me atrevo a escribirlo, si te mueres. Yo seguiré viviendo. Porque donde no tiene voz un hombre allí, mi voz. Donde los negros sean apaleados yo no puedo estar muerto. Cuando entren en la cárcel mis hermanos entraré yo con ellos. Cuando la victoria, no mi victoria, sino la gran victoria llegue aunque esté mudo debo hablar: yo la veré llegar aunque esté ciego. No, perdóname. Si tú no vives, si tú, querida, amor mío, si tú te has muerto, todas las hojas caerán en mi pecho, lloverá sobre mi alma noche y día, la nieve quemará mi corazón, andaré con frío y fuego y muerte y nieve, mis pies querrán marchar hacia donde tú duermes, pero seguiré vivo, porque tú me quisiste sobre todas las cosas indomable, y, amor, porque tú sabes que soy no sólo un hombre sino todos los hombres.
PEQUEÑA AMÉRICA
Cuando miro la forma de América en el mapa, amor, a ti te veo: las alturas del cobre en tu cabeza, tus pechos, trigo y nieve, tu cintura delgada, veloces ríos que palpitan, dulces colinas y praderas y en el frío del sur tus pies terminan su geografía de oro duplicado. Amor, cuando te toco no sólo han recorrido mis manos tu delicia, sino ramas y tierras, frutas y agua, la primavera que amo, la luna del desierto, el pecho de la paloma salvaje, la suavidad de las piedras gastadas por las aguas del mar o de los ríos y la espesura roja del matorral en donde la sed y el hambre acechan. Y así mi patria extensa me recibe, pequeña América, en tu cuerpo. Aún más, cuando te veo recostada veo en tu piel, en tu color de avena, la nacionalidad de mi cariño. Porque desde tus hombros el cortador de caña de Cuba abrasadora me mira, lleno de sudor oscuro, y desde tu garganta pescadores que tiemblan en las húmedas casas de la orilla me cantan su secreto. Y así a lo largo de tu cuerpo, pequeña América adorada las tierras y los pueblos interrumpen mis besos y tu belleza entonces no sólo enciende el fuego que arde sin consumirse entre nosotros, sino que con tu amor me está llamando y a través de tu vida me está dando la vida que me falta y al sabor de tu amor se agrega el barro, el beso de la tierra que me aguarda.
Oda y Germinaciones
I
El sabor de tu boca y el color de tu piel, piel, boca, fruta mía de estos días veloces, dímelo, fueron sin cesar a tu lado por años y por viajes y por lunas y soles y tierra y llanto y lluvia y alegría o sólo ahora, sólo salen de tus raíces como a la tierra seca el agua trae germinaciones que no conocía o a los labios del cántaro olvidado sube en el agua el gusto de la tierra? No sé, no me lo digas, no lo sabes. Nadie sabe estas cosas. Pero acercando todos mis sentidos a la luz de tu piel, desapareces, te fundes como el ácido aroma de una fruta y el calor de un camino, el olor del maíz que se desgrana, la madreselva de la tarde pura, los nombres de la tierra polvorienta, el perfume infinito de la patria: magnolia y matorral, sangre y harina, galope de caballos, la luna polvorienta de la aldea, el pan recién nacido: ay todo de tu piel vuelve a mi boca, vuelve a mi corazón, vuelve a mi cuerpo, y vuelvo a ser contigo la tierra que tú eres: eres en mí profunda primavera: vuelvo a saber en ti cómo germino.
II
Años tuyos que yo debí sentir crecer cerca de mí como racimos hasta que hubieras visto cómo el sol y la tierra, a mis manos de piedra te hubieran destinado hasta que uva con uva hubieras hecho cantar en mis venas el vino. El viento o el caballo desviándose pudieron hacer que yo pasara por tu infancia, el mismo cielo has visto cada día, el mismo barro del invierno oscuro, la enramada sin fin de los ciruelos y su dulzura de color morado. Sólo algunos kilómetros de noche, las distancias mojadas de la aurora campestre, un puñado de tierra nos separó, los muros transparentes que no cruzamos, para que la vida, después, pusiera todos los mares y la tierra entre nosotros, y nos acercáramos a pesar del espacio, paso a paso buscándonos, de un océano a otro, hasta que vi que el cielo se incendiaba y volaba en la luz tu cabellera y llegaste a mis besos con el fuego de un desencadenado meteoro y al fundirte en mi sangre, la dulzura del ciruelo salvaje de nuestra infancia recibí en mi boca, y te apreté a mi pecho como si la tierra y la vida recobrara.
III
Mi muchacha salvaje, hemos tenido que recobrar el tiempo y marchar hacia atrás, en la distancia de nuestras vidas, beso a beso, recogiendo de un sitio lo que dimos sin alegría, descubriendo en otro el camino secreto que iba acercando tus pies a los míos, y así bajo mi boca vuelves a ver la planta insatisfecha de tu vida alargando sus raíces hacia mi corazón que te esperaba. Y una a una las noches entre nuestras ciudades separadas se agregan a la noche que nos une. La luz de cada día su llama o su reposo nos entregan, sacándolos del tiempo, y así se desentierra en la sombra o la luz nuestro tesoro, y así besan la vida nuestros besos: todo el amor en nuestro amor se encierra: toda la sed termina en nuestro abrazo. Aquí estamos al fin frente a frente, nos hemos encontrado, no hemos perdido nada. Nos hemos recorrido labio a labio, hemos cambiado mil veces, entre nosotros la muerte y la vida, todo lo que traíamos como muertas medallas lo echamos al fondo del mar, todo lo que aprendimos no nos sirvió de nada: comenzamos de nuevo, terminamos de nuevo muerte y vida. Y aquí sobrevivimos, puros, con la pureza que nosotros creamos, más anchos que la tierra que no pudo extraviarnos, eternos como el fuego que arderá cuanto dure la vida.
IV
Cuando he llegado aquí se detiene mi mano. Alguien pregunta: Dime por qué, como las olas en una misma costa, tus palabras sin cesar van y vuelven a su cuerpo? Ella es sólo la forma que tú amas? Y respondo: mis manos no se sacian en ella, mis besos no descansan, por qué retiraría las palabras que repiten la huella de su contacto amado, que se cierran guardando inútilmente como en la red el agua, la superficie y la temperatura de la ola más pura de la vida? Y, amor, tu cuerpo no sólo es la rosa que en la sombra o la luna se levanta o sorprendo o persigo. No sólo es movimiento o quemadura, acto de sangre o pétalo del fuego, sino que para mí tú me has traído mi territorio, el barro de mi infancia, las olas de la avena, la piel redonda de la fruta oscura que arranqué de la selva, aroma de maderas y manzanas, color de agua escondida donde caen frutos secretos y profundas hojas. Oh amor tu cuerpo sube como una línea pura de vasija desde la tierra que me reconoce y cuando te encontraron mis sentidos tú palpitaste como si cayeran dentro de ti la lluvia y las semillas! Ay que me digan cómo pudiera yo abolirte y dejar que mis manos sin tu forma arrancaran el fuego a mis palabras! Suave mía, reposa tu cuerpo en estas líneas que te deben más de lo que me das en tu contacto, vive en estas palabras y repite en ellas la dulzura y el incendio, estremécete en medio de sus sílabas, duerme en mi nombre como te has dormido sobre mi corazón, y así mañana el hueco de tu forma guardarán mis palabras y el que las oiga un día recibirá una ráfaga de trigo y amapolas: estará todavía respirando el cuerpo del amor sobre la tierra!
V
Hilo de trigo y agua de cristal o de fuego, la palabra y la noche, el trabajo y la ira, la sombra y la ternura todo lo has ido poco a poco cosiendo a mis bolsillos rotos y no sólo en la zona trepidante en que amor y martirio son gemelos como dos campanas de incendio, me esperaste, amor mío, sino en las más pequeñas obligaciones dulces. El aceite dorado de Italia hizo tu nimbo, santa de la cocina y la costura, y tu coquetería pequeñuela, que tanto se tardaba en el espejo, con tus manos que tienen pétalos que el jazmín envidiaría lavó los utensilios y mi ropa, desinfectó las llagas. Amor mío, a mi vida llegaste preparada como amapola y como guerrillera: de seda el esplendor que yo recorro con el hambre y la sed que sólo para ti traje a este mundo, y detrás de la seda la muchacha de hierro que luchará a mi lado. Amor, amor, aquí nos encontramos. Seda y metal, acércate a mi boca.
VI
Y porque Amor combate no sólo en su quemante agricultura, sino en la boca de hombres y mujeres, terminaré saliéndoles al camino a los que entre mi pecho y tu fragancia quieran interponer su planta oscura. De mí nada más malo te dirán, amor mío de lo que yo te dije. Yo viví en las praderas antes de conocerte y no esperé el amor sino que estuve acechando y salté sobre la rosa. Qué más pueden decirte? No soy bueno ni malo sino un hombre, y agregarán entonces el peligro de mi vida, que conoces y que con tu pasión has compartido. Y bien, este peligro es peligro de amor, de amor completo hacia toda la vida, hacia todas las vidas, y si este amor nos trae la muerte o las prisiones, yo estoy seguro que tus grandes ojos, como cuando los beso se cerrarán entonces con orgullo, con doble orgullo, amor, con tu orgullo y el mío. Pero hacia mis orejas vendrán antes a socavar la torre del amor dulce y duro que nos liga, y me dirán: “Aquella que tú amas, no es mujer para ti, por qué la quieres? Creo que podrías hallar una más bella, más seria, más profunda, más otra, tú me entiendes, mírala qué ligera, y qué cabeza tiene, y mírala cómo se viste y etcétera y etcétera”. Y yo en estas líneas digo: así te quiero, amor, amor, así te amo, así como te vistes y como se levanta tu cabellera y como tu boca se sonríe, ligera como el agua del manantial sobre las piedras puras, así te quiero amada. Al pan yo no le pido que me enseñe sino que no me falte durante cada día de la vida. Yo no sé nada de la luz, de dónde viene ni dónde va, yo sólo quiero que la luz alumbre, yo no pido a la noche explicaciones, yo la espero y me envuelve, y así tú, pan y luz y sombra eres. Has venido a mi vida con lo que tú traías, hecha de luz y pan y sombra te esperaba, y así te necesito, así te amo, y a cuantos quieran escuchar mañana lo que no les diré, que aquí lo lean, y retrocedan hoy porque es temprano para estos argumentos. Mañana sólo les daremos una hoja del árbol de nuestro amor, una hoja que caerá sobre la tierra como si la hubieran hecho nuestros labios, como un beso que cae desde nuestras alturas invencibles para mostrar el fuego y la ternura de un amor verdadero.
EPITALAMIO
Recuerdas cuando en invierno llegamos a la isla? El mar hacia nosotros levantaba una copa de frío. En las paredes las enredaderas susurraban dejando caer hojas oscuras a nuestro paso. Tú eras también una pequeña hoja que temblaba en mi pecho. El viento de la vida allí te puso. En un principio no te vi: no supe que ibas andando conmigo, hasta que tus raíces horadaron mi pecho, se unieron a los hilos de mi sangre, hablaron por mi boca, florecieron conmigo. Así fue tu presencia inadvertida, hoja o rama invisible y se pobló de pronto mi corazón de frutos y sonidos. Habitaste la casa que te esperaba oscura y encendiste las lámparas entonces. Recuerdas, amor mío, nuestros primeros pasos en la isla? Las piedras grises nos reconocieron, las rachas de la lluvia, los gritos del viento en la sombra. Pero fue el fuego nuestro único amigo, junto a él apretamos el dulce amor de invierno a cuatro brazos. El fuego vio crecer nuestro beso desnudo hasta tocar estrellas escondidas, y vio nacer y morir el dolor como una espada rota contra el amor invencible. Recuerdas, oh dormida en mi sombra, cómo de ti crecía el sueño, de tu pecho desnudo abierto con sus cúpulas gemelas hacia el mar, hacia el viento de la isla y cómo yo en tu sueño navegaba libre, en el mar y en el viento atado y sumergido sin embargo al volumen azul de tu dulzura? Oh dulce, dulce mía, cambió la primavera los muros de la isla. Apareció una flor como una gota de sangre anaranjada, y luego descargaron los colores todo su peso puro. El mar reconquistó su transparencia, la noche en el cielo destacó sus racimos y ya todas las cosas susurraron nuestro nombre de amor, piedra por piedra dijeron nuestro nombre y nuestro beso. La isla de piedra y musgo resonó en el secreto de sus grutas como en tu boca el canto, y la flor que nacía entre los intersticios de la piedra con su secreta sílaba dijo al pasar tu nombre de planta abrasadora, y la escarpada roca levantada como el muro del mundo reconoció mi canto, bienamada, y todas las cosas dijeron tu amor, mi amor, amada, porque la tierra, el tiempo, el mar, la isla, la vida la marea, el germen que entreabre sus labios en la tierra, la flor devoradora, el movimiento de la primavera, todo nos reconoce. Nuestro amor ha nacido fuera de las paredes, en el viento, en la noche, en la tierra, y por eso la arcilla y la corola, el barro y las raíces saben cómo te llamas, y saben que mi boca se juntó con la tuya porque en la tierra nos sembraron juntos sin que sólo nosotros lo supiéramos y que crecemos juntos y florecemos juntos y por eso cuando pasamos, tu nombre está en los pétalos de la rosa que crece en la piedra, mi nombre está en las grutas. Ellos todo lo saben, no tenemos secretos, hemos crecido juntos pero no lo sabíamos. El mar conoce nuestro amor, las piedras de la altura rocosa saben que nuestros besos florecieron con pureza infinita, cómo en sus intersticios una boca escarlata amanece: así conocen nuestro amor y el beso que reúne tu boca y la mía en una flor eterna. Amor mía, la primavera dulce, flor y mar, nos rodean. No la cambiamos por nuestro invierno, cuando el viento comenzó a descifrar tu nombre que hoy en todas las horas repite, cuando las hojas no sabían que tú eras una hoja, cuando las raíces no sabían que tú me buscabas en mi pecho. Amor, amor, la primavera nos ofrece el cielo, pero la tierra oscura es nuestro nombre, nuestro amor pertenece a todo el tiempo y la tierra. Amándonos, mi brazo bajo tu cuello de arena esperaremos cómo cambia la tierra y el tiempo en la isla, cómo caen las hojas de las enredaderas taciturnas, cómo se va el otoño por la ventana rota. Pero nosotros vamos a esperar a nuestro amigo, a nuestro amigo de ojos rojos, el fuego, cuando de nuevo el viento sacuda las fronteras de la isla y desconozca el nombre de todos, el invierno nos buscará, amor mío, siempre, nos buscará, porque lo conocemos, porque no lo tememos, porque tenemos con nosotros el fuego para siempre. Tenemos la tierra con nosotros para siempre, la primavera con nosotros para siempre, y cuando se desprenda de las enredaderas una hoja tú sabes amor mío, qué nombre viene escrito en esa hoja, un nombre que es el tuyo y es el mío, nuestro nombre de amor, un solo ser, la flecha que atravesó el invierno, el amor invencible, el fuego de los días, una hoja que me cayó en el pecho, yo una hoja del árbol de la vida que hizo nido y cantó que echó raíces, que dio flores y frutos. Y así ves, amor mío cómo marcho por la isla, por el mundo, seguro en medio de la primavera, loco de luz en el frío, andando tranquilo en el fuego, levantando tu peso de pétalo en mis brazos como si nunca hubiese caminado sino contigo alma mía, como si no supiera caminar sino contigo, corno si no supiera cantar sino cuando tú cantas.
La Carta en el Camino
Adiós, pero conmigo serás, irás adentro de una gota de sangre que circule en mis venas o fuera, beso que me abrasa el rostro o cinturón de fuego en mi cintura. Dulce mía, recibe el gran amor que salió de mi vida y que en ti no encontraba territorio como el explorador perdido en las islas del pan y de la miel. Yo te encontré después de la tormenta, la lluvia lavó el aire y en el agua tus dulces pies brillaron como peces. Adorada, me voy a mis combates. Arañaré la tierra para hacerte una cueva y allí tu Capitán te esperará con flores en el lecho. No pienses más, mi dulce, en el tormento que pasó entre nosotros como un rayo de fósforo dejándonos tal vez su quemadura. La paz llegó también porque regreso a luchar a mi tierra, y como tengo el corazón completo con la parte de sangre que me diste para siempre, y como llevo las manos llenas de tu ser desnudo, mírame, mírame, mírame por el mar, que voy radiante, mírame por la noche que navego, y mar y noche son los ojos tuyos. No he salido de ti cuando me alejo. Ahora voy a contarte: mi tierra será tuya, yo voy a conquistarla, no sólo para dártela, sino que para todos, para todo mi pueblo. Saldrá el ladrón de su torre algún día. Y el invasor será expulsado. Todos los frutos de la vida crecerán en mis manos acostumbrados antes a la pólvora. Y sabré acariciar las nuevas flores porque tú me enseñaste la ternura. Dulce mía, adorada, vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo porque en mi corazón viven tus besos como banderas rojas, y si caigo, no sólo me cubrirá la tierra sino este gran amor que me trajiste y que vivió circulando en mi sangre. Vendrás conmigo, en esa hora te espero, en esa hora y en todas las horas, en todas las horas te espero. Y cuando venga la tristeza que odio a golpear a tu puerta, dile que yo te espero y cuando la soledad quiera que cambies la sortija en que está mi nombre escrito, dile a la soledad que hable conmigo, que yo debí marcharme porque soy un soldado, y que allí donde estoy, bajo la lluvia o bajo el fuego, amor mío, te espero. Te espero en el desierto más duro Y junto al limonero florecido, en todas las partes donde esté la vida, donde la primavera está naciendo, amor mío, te espero. Cuando te digan: ‘Ese hombre no te quiere”, recuerda que mis pies están solos en esa noche, y buscan los dulce pequeños pies que adoro. Amor, cuando te digan que te olvidé, y aun cuando sea yo quien lo dice, cuando yo te lo diga, no me creas, quién y cómo podrían cortarte de mi pecho y quién recibiría mi sangre cuando hacia ti me fuera desangrando? Pero tampoco puedo olvidar a mi pueblo. Voy a luchar en cada calle, detrás de cada piedra. Tu amor también me ayuda: es una flor cerrada que cada vez me llena con su aroma y que se abre de pronto dentro de mí como una gran estrella. Amor mío, es de noche. El agua negra, el mundo dormido, me rodean. Vendrá luego la aurora, y yo mientras tanto te escribo para decirte: “Te amo’. Para decirte “Te amo , cuida, limpia, levanta, defiende nuestro amor, alma mía. Yo te lo dejo como si dejara Un puñado de tierra con semillas. De nuestro amor nacerán vidas. En nuestro amor beberán agua. Tal vez llegará un día en que un hombre y una mujer, iguales a nosotros, tocarán este amor y aún tendrá fuerza para quemar las manos que lo toquen. Quiénes fuimos? Qué importa? Tocarán este fuego y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre y el mío, el nombre que tú sola supiste porque tú sola sobre la tierra sabes quién soy, y porque nadie me conoció como una, como una sola de tus manos, porque nadie supo cómo, ni cuándo mi corazón estuvo ardiendo: tan sólo tus grandes ojos pardos lo supieron, tu ancha boca, tu piel, tus pechos, tu vientre, tus entrañas y el alma tuya que yo desperté para que se quedara cantando hasta el fin de la vida. Amor, te espero. Adiós, amor, te espero. Amor, amor, te espero. Y así esta carta se termina sin ninguna tristeza: están firmes mis pies sobre la tierra, mi mano escribe esta carta en el camino, y en medio de la vida estaré siempre junto al amigo, frente al enemigo, con tu nombre en la boca y un beso que jamás se apartó de la tuya.
Pablo Neruda y Matilde Urrutia en Atlántida. Una historia de amor clandestino
En
Uruguay existe un museo en la casa que Pablo Neruda solía pasar sus
vacaciones junto a Matilde Urrutia cuando aún no estaban casados. Una
colección de fotos y varios objetos personales recuerdan el paso del
gran poeta chileno por las costas del Río de la Plata.
Por Gustavo Laborde, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Montevideo, Uruguay.
Atlántida,
un pequeño balneario del Río de la Plata, situado a 40 kilómetros de
Montevideo, fue el refugio de una clandestina historia de amor. Con el
apacible mar como testigo y los silenciosos bosques de pinos como
cómplices, el poeta Pablo Neruda y su entonces amante y posterior
esposa Matilde Urrutia vivieron allí un pasión tan secreta como
intensa. La casa que albergó a los amantes fue convertida en un museo
llamado Paseo Neruda, en homenaje al gran poeta chileno.
Se
trata de una hermosa mansión de tres pisos, estilo Liberty, situada
sobre la orilla del mar -desde donde se pueden ver espectaculares
puestas de sol- y adornada con varios objetos que fueron propiedad del
poeta, así como otros que lo recuerdan. El público que lo visita puede
recorrer las salas superiores, recreadas tal como estaban cuando las
habitaban Pablo Neruda y Matilde Urrutia. Una hermosa chalina,
tenedores de hueso, muebles, un extenso epistolario, objetos varios y
hasta un tierno herbario que la pareja fue haciendo poco a poco con la
flora del lugar. Todos estos elementos dan cuenta de que Neruda no sólo
escribía poesía, sino que vivía poéticamente. Además de sus
pertenencias, Paseo Neruda exhibe una formidable colección de retratos
que la fotógrafa argentina Sara Facio le tomó al chileno. El museo
también alberga, en las habitaciones de planta inferior, una cafetería
y restaurante para que los que hasta allí lleguen puedan regalarse
algún placer al paladar, algo de lo que Neruda no se privaba en
absoluto.
Neruda
mantuvo una relación muy estrecha con Uruguay. En su juventud
experimentó gran interés y declarada influencia por el poeta uruguayo
Carlos Sabat Ercasty. Pero su relación con este país fue, sobre todo,
de índole afectiva. Uno de sus mejores amigos uruguayos fue el
arquitecto y cineasta Alberto Mántaras. Esa amistad nació en 1952
durante la travesía en un barco que zarpó del puerto francés de Cannes
y que tenía por destino a Montevideo y luego Buenos Aires. Neruda
viajaba junto a Matilde Urrutia con la intención de pasar una temporada
junto a ella en Atlántida, pero el encuentro se vio aplazado. Al llegar
a Montevideo, el poeta se encontró con que una delegación llegada desde
Chile lo estaba esperando en el puerto para saludarlo. Como hasta ese
entonces su relación con Matilde Urrutia era clandestina (Neruda
todavía estaba casado con Delia del Carril) ella, para disolver
cualquier sospecha, debió seguir viaje hasta Buenos Aires. Su amigo
Alberto Mántaras y su esposa Olga dieron amparo a esa relación. Cuando
finalmente el poeta se separó de Delia del Carril para casarse con
Matilde, el matrimonio uruguayo recibió una carta invitándolos a la
boda en Isla Negra: “Los esperamos a ustedes como testigos, hermanos y
cómplices”, les escribió.
Atlántida
se incorporó al universo poético de Neruda bajo la forma de un
anagrama. En sus versos nombra al lugar de sus pasiones como Datitla.
Una vez Neruda viajó desde Finlandia y la Unión Soviética hasta este
pequeño balneario de la costa uruguaya para encontrarse con Matilde.
Estos versos fueron escritos en aquella oportunidad.
“Y
cuando/ de regreso/ brilló tu boca bajo los pinares/ de Datitla y
arriba/ silbaron, crepitaron/ y cantaron/ extravagantes/ pájaros/ bajo
la luna de Montevideo, entonces/ a tu amor he regresado/ a la alegría
de tus anchos ojos;/ bajé, toqué la tierra/ amándote y amando/ mi viaje
venturoso”
Pero
estos no son los únicos versos que Neruda le dedicó a parajes
uruguayos; en su poesía también se mencionan el balneario Punta del
Este, Montevideo y hasta el característico puente ondulante de la Barra
de Maldonado (”entre agua y aire brilla el puente curvo/ entre verde y
azul las curvaturas).
En el Museo Paseo Neruda también se conservan tres cortometrajes
inéditos en los que participa Pablo Neruda como actor, que fueron
dirigidos por su amigo uruguayo, Alberto Mántaras. Y hablando de
películas, hay una anécdota que involucra a ambos amigos y que parece
salida de una novela. Neruda, cuyo afecto a la buena comida y la buena
bebida ha sido siempre resaltado, había introducido en Montevideo un
cóctel de su invención, llamado Nikolasa, al que le atribuía
propiedades vigorizantes. El trago no es muy difícil de preparar. Se
necesita un buen cognac, gajos no muy gruesos de limón y un recipiente
con azúcar. Neruda recomendaba que se exprimiese el gajo de limón, se
lo frotara en el azúcar, se lo llevara a la boca y allí se lo triturara
para recién después darle un abundante sorbo al cognac. El particular
tónico fue probado por el narrador uruguayo y amigo de Neruda, Alfredo
Gravina, durante una reunión. Los invitados no olvidaron la escena.
Luego de tragar el brebaje se vio al hombre gritar y saltar enfurecido,
correr en todas direcciones y hacer todo tipo de ademanes. Dicen que la
calma no le llegó ni siquiera cuando terminó de trepar un árbol que
había en las inmediaciones.OEI