Noches ardientes tú el único Rey de mis sueños Noches de esferas girando y en los vientos tibias espigas Áureo pincel recórreme presuroso los lienzos Aliento caliente trágate abismos, bosques y hondonadas.
Rama de amor encendida penetra la tierra sedienta Vientos dulces y salados dibuja en mí paisajes de grandes batallas. Flores del cerezo presuroso consume entre los labios. Copas de plata y almíbar derramándose dentro de tu boca.
Vientos envuelvan, acaricien ,desgarren Posesión absoluta, salvaje, delirios punzando febriles Laten abrazos en cada contorsión de los cuerpos Solo la muerte podría interrumpir, tan aguerrida batalla.
Giran enloquecidas las esferas de fuego dentro del vientre Agitación en la espalda, ojos desorbitados, crujir de huesos Grito desesperado, oscuridades que nunca te dirán ¡Basta! Tentáculos que se alargan, bocas y lenguas se desangran.
Mundo de opuestos, se fusionan todas sus extensiones Tejado de láminas de oro absorbiendo gotas de deseos Huracanes y polvo de estrellas es amor nuestro rojo lecho cuando el deseo y la pasión alcanzan nuestras terrazas azules.
FANNY JEM WONG LIMA PERÚ 06.11.05 (Jemwong)
TU JUSTO DERECHO
Enséñame amor a descubrir el sueño dorado en el atardecer encendido de tu tierno regazo en tus sentidos, en tu respiración ¡Gózame! Que necesito ser el centro de tu ardiente morada.
Enséñame como las palabras viajan entre la niebla, que el amor es más fuerte que la rosa eterna, que no tiene horas, ni medidas, y descansa donde reposa la senda escondida, del árbol que nos espera en su dulce abrazo.
Ser fuego, ser sol, ser luna, el universo todo... Llama iridiscente que cobije el mundo Ayúdame, calienta estas heladas manos y hazme arder entre metáforas.
Descubre en el verso, labios de cereza... La deliciosa y sabrosa fruta que madura en ti Siente el aroma a piel de loto, ebria, desnuda que silente se desliza, erizándose ansiosa.
Que en tus sueños se revelen rojos los secretos, en el vaivén azul , nubes de alcoba ¡Ven! La atmósfera esta cálida, rica y yo ansiosa por tus besos licenciosos.
Miradas cruzadas, alba perdida. ¡Cógeme! En este inmortal amarse sin retorno Incinérate en la hoguera de tu blanca página triste Llévale a lo más hondo este secreto ¡Quémale!
Vuela halcón, cúbreme vaporoso, llévame al nido Flaméame, solo tuyo es el firmamento Que ninguna de tus manos se detenga ¡Acaríciame! Aletea en mi vientre mi ave, mi dueño, mi eterno. Volemos, donde el cielo se hace verso, y besos llueven sobre la piel mojada.
Mi mente hoy surca aires extraños cual orgasmos Otra vez, no te detengas, indaga, explora Tómame la delantera es tu justo derecho Hoy seré diosa blanca, seré niña, seré madre... Todo lo que quieras seré... tuya solo tuya... Una hija de Eros, de Dionisio, luz y penumbra.
Fanny Jem Wong 09.01.06 LIMA -PERÚ
"Bajo la piel de una nutria se cobijaron todos los sueños" JEM (Jemwong)
Desnudo, ansioso, hoy te aguarda el piano, un cajón antiguo de cedro oscuro y raso blanco cárcava seria, robusta, altiva y arrogante. Pégale sobre sus infaustas teclas dolientes ponle encima tus rojas manos, recórrelo todo.
II
Que brote de él su creadora alma prisionera. Tócalo con tu amor ágilmente, con firmeza repica las vibraciones de su celeste arpa. Lentamente en el vaivén de sus blancas olas siente el escalofrió de mi alma agónica en ti.
III
Acarícialo despacio y sin temores, ábrelo que él resuma hoy nuestra trágica historia. En el concierto de las teclas que lloran complacidas al sentir tus tibias falanges. Y te embriaguen con todos los sonidos de sus cuerdas y de sus tímidos martillos.
IV
Entre piezas negras y blancas, recibirás en regalo, una comparsa de tristes llantos. Hoy viste el mejor de tus trajes negros en medio del viejo salón de paños dorados.
V
Allí te espera amado, impaciente el teclado por el resto de su vida para ti inmolado. A pesar de que las horas negras lo visiten en el umbral del sueño del tiempo infinito.
VI
Cuando el blanco polvo de los años se acueste en la tétrica playa de la ingratitud y el olvido. Toca amor sobre él ácidas y tristes melodías una tras otra sin aplazamiento extírpaselas, saca del corazón las alicaídas notas sangrientas al compás de estremecedores besos nocturnos.
VII
Que la canción melancólica aleje de ti la risa y retumben millones de tristezas adoloridas. El glorioso concierto de la muerte llene el salón de las estrellas cautivas y las hadas muertas.
VIII
Que los faunos bailen desnudos y descalzos sobre su fastuosa y sacrílega cola antigua. Desclava toda su calida madera, hiérrelo vibradle furioso hasta el último acorde gris.
IX
Pasea tus manos en la luz y en la penumbra con pasión filarmónica de excitación y goce. Desentierra los milenarios acordes de la cueva del precioso teclado cadencioso omnipotente.
X
Haz que su alma se pronuncie con lisuras dentro de la oscura caja musical de la muerte. Mostrándole todos los sufrimientos y quejidos de la vida que llevan los dolores y las congojas.
XI
Se alcen sus notas por la circunferencia finita y se quiebren los cristales de toda ventana. Las brujas huyan al final de las horas sombrías y que la noche llore torrentes de horrenda sangre
XII
El magistral piano negro va derramando su alma en cada nota que al salir se cristaliza en llama. Entre las viejas partituras de grandiosas obras se refinan y aminoran los conciertos de tristezas de un contenido que él condenado piano solloza
XIII
Tierna serenata de un ataúd que implora y llora al sentir tus manos sobre su triste teclado. Una voz se asfixia dentro de negra caja sonora y el aire entero se llena de notas de oro y plata.
XIV
Sinfonía de inmensa tristeza que entre sollozos te dice: sufro dolor de oscuridad y de muerte. callado, inerte, sombrío mi paso al helado paso al infierno que se debate entre el amor y olvido.
XV.
Toca la tumba, mi sagrado aposento negro ¡Amado! que desde todos los tiempos ansío que mi cuerpo ennegrecido por los deseos sea por tus dedos surcado y profanado.
JEM WONG 11.02.2005
En
asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor
no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es
como no haber amado nunca.
Existe el amor compartido en la propia ilusión. Nadie alcanza el alma del niño, del leal amigo todos los dioses: cuidan su juguete preferido con obsesión de tiranos que enjaulan y raptan, al amor que envilece la condición del amante quién entiende el alma y es el abrigo del bebé.
Desean los reyes se les ame, con el amor libre apoyando la triste condición del tirano invisible Que enjaula, tortura, somete y entristece a las núbiles princesas callándole el privilegio de versar de muñecas, de fantasear y ser ellas las que regalen sonrisas en las horas inciertas.
Gritan cantando en la Roma de las Siete Colinas Allí Mesalina flamante lucía sus cinco abrigos con Claudio, alegre testigo en el Vicus coronado. Mesalina comía y bebía con sus cinco ahijados mientras iban y venían los feos Patricios cornados Ella se lavaba la boca de la lejía del útil amado.
Seguía en un carro al vencedor; los demás al oro del ornamento, revestidos con la roja pretexta. Ella, montaba a caballo con traje de dos palmas, la Patricia abastecía el incendio de toda ínsula, sin poder contenerse en las Noches De Los Fuegos, abrumaba a los ahijados con húmedas caricias.
Parada en un curul ,alcanzaba los muros romanos mientras que por Roma a otros dos ella acariciaba Los reemplazos; aprestos y enhiestos aguardaban en la roja sensualidad del palacio; sus manos se iban excitando y entraban en el lindero de ellos hasta lo más hondo, sus delicadas manos les araba Haciendo vibrar sus cimientos y las bases erguidas
En el cielo los labios de Roma entera de sed ardían enloquecida la bella Patricia bebía a todos hasta dejar mustios los pozos secos danzando incansable sus manos cambian de camino y ella sonríe sola. Al mirarlos la tierra vibra desesperada ¡Reclama! Estar sedienta y se echa sobre un altar de rosas
Jóvenes cuerpos se alborotan tocando su mano Le recorren recreando todas las formar de amar La van libando una y cinco lenguas, no hablan Solo dibujan sobre la piel sus ropas de las cien figuras. Ella fantasea, gime, araña pide más... todo siente. Revisa que las colmenas sean colmadas de miel
Es dulce y amado el tibio licor que le inunda la piel. Danzan los ahijados cual abejas libadoras, rotan, se arropan, todos comen de los panales del César. Ella esta sedienta desea una copa, beber elixires de embrujos, reclamándoles: Tomarlos uno a uno o todos a la vez. - Total , estoy de fiesta pónganme al revés, tomen con fuerza, cójanlo todo, sírvanse, nada dejen hasta quedarse vacíos y embriagados
-Total, Claudio por ahora solo se conforma con ver. -Fuera ahijados: Venid a mi Petina, traigan también a la ardiente Paulina quiero danzar con vosotras -Hoy tengo hambre, luz y ganas de reír esta noche -Prepárenme para Claudio dejémoslo se atragante y termine de comer sus setas y beba de este vino.
Espantaré sus desconfianzas recorran cada lugar aunque muchos lo hayan hecho antes, ¡Embárrense! Coman los manjares y pieles de bestias hambrientas al derecho, al revés hasta que la luna se nos ponga muy alta y refleje todas mis ansias de fiera mujer, De placer ábranme completa que Claudio se incite.
Que el César ingrese en el Capitolio, que esta noche será un esclavo a mis pies; total yo al él lo tomo desde la pared alta del edificio hasta las plantas, Sacrificándolo a los dioses en asamblea silenciosa jugando a los juegos que nadie ha visto, ni hecho aunque todos lo sepan Mesalina era solo su mujer.
Y el coliseo lo sabía... y aplaudían todos de pie.
TUS MANOS.- Cuando tus manos salen, amor, hacia las mías, ¿Qué me traen volando?… por qué se detuvieron, en mi boca de pronto, por qué las reconozco.
Los años de mi vida, yo caminé buscándote, cruzé los arrecifes. Subí las escaleras, me llevaron los trenes, las aguas me trajeron. En la piel de las uvas me pareció tocarte.
La madera de pronto me trajo tu contacto, la almendra me anunciaba tu suavidad secreta, hasta que se cerraron tus manos en mi pecho, y allí como dos alas su viaje terminaron.
Y cuando tu pusiste tus manos en mi cuerpo, reconocí esa greda y ese color de trigo, como si entonces antes las hubiera tocado, y hubieran recorrido mi frente y mi cintura.
Reconocí esas manos, reconocí esas alas de paloma dorada. Su suavidad venía volando sobre el tiempo, sobre el mar, sobre humo, y en la piel de las uvas, me pareció tocarte.
Cristalinos asoman los primeros rayos curiosos El gorgojeo llena los salones con sus voces. Altas, estiradas las aves echaban atrás el alba y las nubes vestidas de gala tallaban el seno.
Soñaba el hombre azul, surcándome impaciente Llorando de amor encarcelado en mi plumaje Un coloso ladrón de sueños que gime, implora, En la mágica y húmeda prisión del pájaro rosa.
Las cometas de fuego corren con sus estelas, sus ojos con rabo iluminándome desmoronados colonizando cumbres, nubes temblorosas encendiéndoles los picos, copulándolos ambos.
Cazador nutrido, hiéreme con tu fusil de oro Desgárrame el plumaje, rómpeme las garras. Haz en mí tu mejor batalla, dispara en la cueva ¡Ven! Apaga la hoguera con lengua extraña.
Acierta el tiro golpea la retaguardia ¡Apúntame! Sé despiadado ¡Trágame! Méteme en tu bolsa. Que tu fuego hipnotice los muslos en batalla y ondee el monte la bandera de vil alacrán.
Dichoso contémplame, soy ave soberana, altiva, desafiante, no te temo…. Respiro, tomo fuerzas ¡Mira… sonrió! ¿Crees haberme atinado cazador? ¡Ja!... Ven amor te reto, calcúlame los flancos.
Altanera, herida espero en campo abierto Inquieta, te muestro todo sin escudo, ni casco Vuela, atácame por la cola, debajo de la piel el vientre blanco y los melocotones azucarados.
Clava las pupilas y el fusil dónde quieras ¡Apunta! ¡Ven! ¡Vamos!….Empecemos la batalla.
Cristalinos asoman los primeros rayos curiosos El gorgojeo llena los salones con sus voces. Altas, estiradas las aves echaban atrás el alba y las nubes vestidas de gala tallaban el seno.
Soñaba el hombre azul, surcándome impaciente Llorando de amor encarcelado en mi plumaje Un coloso ladrón de sueños que gime, implora, En la mágica y húmeda prisión del pájaro rosa.
Las cometas de fuego corren con sus estelas, sus ojos con rabo iluminándome desmoronados colonizando cumbres, nubes temblorosas encendiéndoles los picos, copulándolos ambos.
Cazador nutrido, hiéreme con tu fusil de oro Desgárrame el plumaje, rómpeme las garras. Haz en mí tu mejor batalla, dispara en la cueva ¡Ven! Apaga la hoguera con lengua extraña.
Acierta el tiro golpea la retaguardia ¡Apúntame! Sé despiadado ¡Trágame! Méteme en tu bolsa. Que tu fuego hipnotice los muslos en batalla y ondee el monte la bandera de vil alacrán.
Dichoso contémplame, soy ave soberana, altiva, desafiante, no te temo…. Respiro, tomo fuerzas ¡Mira… sonrió! ¿Crees haberme atinado cazador? ¡Ja!... Ven amor te reto, calcúlame los flancos.
Altanera, herida espero en campo abierto Inquieta, te muestro todo sin escudo, ni casco Vuela, atácame por la cola, debajo de la piel el vientre blanco y los melocotones azucarados.
Clava las pupilas y el fusil dónde quieras ¡Apunta! ¡Ven! ¡Vamos!….Empecemos la batalla.
Permíteme amor cerrar las
puertas con cerraduras de oro Sellarlas todas y encender las
lámparas Quede esta noche la casa iluminada mientras me despojo de
todas las ropas
Observa en mí, vida mía las cinco señales El
rostro enrojecido, las orejas calientes, la nariz sudorosa, los
pezones erguidos, la voz dulce, lujuriosa e intensa, las
cuevas rojas manantiales ardientes y los pies del loto levantados
hacia los cielos
Ven aquí amor gentil, iniciaremos la cópula
festiva Enciende con la punta de tu jade toda la lujuria de la
piel a propósito en la profundidad de los valles penetra hasta
lo más profundo desborda los canales
Cerraré los ojos y
asomará la lengua inquieta para que mientras me mires avances y
retrocedas Elévame amor al éxtasis insaciable de esta agonía en
donde el tiempo nunca venza el esplendoroso sable.
La bola
roja late bañada en mieles y el gran colmillo mojado de aceite
de castaños. De derecha a izquierda despacio , de prisa, en
libre danza del sexo y de placer inmenso.
Que el tiempo
longevo no desgaste al enorme árbol, ni erosione las bases erguidas
del templo Ven amor, comienza de nuevo marca el paso que
los hierros nunca se quiebren en el acto.
Ajetreas trueno Divino estremeciendo oídos con el sordo rumor que quiebra los sentidos en cascadas de carcajadas que circunda mi palacio cual eco místico despertando tempestades.
Ruge el torrente penetrando en la ensenada como el trino del gorrión llamando a su amada como el rumor del viento atravesando el follaje en surco profundo que lo enciende y seduce.
Príncipe de las palabras que suave convencen con la majestuosidad de los discursos certeros reconoce que bajo tu capa de cantos divinos se enaltece el clarín de bronce y de cristal.
Tú, verbo divino que me envuelves y embrujas Tú, poema que adorna de ópalos y rubíes Tú, trueno contenido que exhala vapor en mi espalda Tú, no enmudezcas amor resuena en tu casa.
Cae la noche, palpitan los cascos el
corcel del Rey camina oblicuo, con la espada alta de los
sueños guardada en el cinto del tiempo.
Amado , cabalga de
prisa, me caigo, alucino tu ojo enorme azulado y se alumbra el
cielo, casi muero.
Los prados se agitan furiosos, Mecen
las olas los mares el cielo oscurece. En tu infierno incandescente
amor, se desbastan los jardines, el viento destroza cristales y
se desnudan bestias. Me apresuran sacudida por el látigo y
tus manos.
Destroza muros, abre paredes, explótalas vampiro
loco, lame sangre que la flecha negra anuncie la llegada
colosal mientras la loba aúlla en la colina.
Ven a
mirómpeme las lunas Mi Rey en esta espesura esgrime el sable. Entre
laberintos y escaleras descubre el umbral desnudo, Mis vellos
sobre el círculo del rito Consúmeme la primavera, con lágrimas de
mis senos
Fúndete en arroyos de sangre con los cantos cerrados
de amor, hiere mis venas. Corta las alas del corazón con
frases apócrifas ¡Conjúrame! Martiriza esta flor que enrojece y
absorbe la linfa del pozo en que te escondes.
Gime sobre la
piedra de los escalofríos, que nuestras carnes se quemen en la
pira. Con la mirada lasciva de tus bajos instintos ora el rezo
de San Cipriano.
Cicatrices profundas, arden las grietas. Lame
desesperado todas las cuevas pequeñas, grandes, medianas,
todas. Que los oídos no queden inmunes, Híncalos con el rumor de
tus dientes, ¡Sáciame! El incisivo ¡Clavádmelo! en el
vientre.
Que la rosa pula garras sobre la piedra, siembra
la piel que se agita, cíñete entero en esta eternidad de sangre sigue
el rictus incisivo, y humilde ¡Ríndete! Lamiendo brasas